Premios Goya o el arte del fusilamiento dialéctico

 

. Los  ‘titiriteros’ esperaban al ministro con el arcabuz cargado de insultos e improperios. Pensaban pasar toda la gala llamándole estúpido a la cara, como si fuera un simple estafermo al que había que aporrear.

Vaya por delante que ese acto anual de los Goya me parece una estupidez, no por el acto en sí, sino por lo que persigue contra la convivencia. ¡Lástima de ‘Gandula‘ para esta casta insensata y lenguaraz! Esta gente de la farándula se cree con derecho a fusilar dialécticamente a todo aquel que no piensa como ellos; eso, precisamente, tiene un nombre en mi vocabulario, y es el de ser dictadores, aunque lo sean de pacotilla.

Gran parte de la ‘farandulería‘ representa a esa izquierda radical que se cree dueña y señora de la educación, la cultura y el arte, cuando no son más que simples representantes de la ‘mamandurria‘ estatal. Es muy poco, y no muy bueno, lo que producen, pero… ¡cuánto gastan y exigen para nada!.

Antes de esputar hacia arriba, deberían poner los pies en el suelo y aprender, de una vez por todos, que la gala de los Goya es suya exclusivamente y a los demás nos importa un pepino y medio; el mismo pepino y medio que debe de importar al señor ministro de turno, excepto cuando es de la cosa.

Pretenden imitar el acto de las estatuillas americanas y no llegan ni a los talones de aquel acto. ¿Por qué? Pues mire usted: en el acto de los Oscar no se toca la política, ni por asomo. Aquí, los actores y actrices se creen el ombligo del mundo. Algunas actrices llegan aleccionadas para opinar sobre la ley del aborto, como si fueran mediadoras de algo y para alguien.

La verdad es que muchos tampoco comulgamos con la brutalidad del proyecto de ley que pretende Gallardón, pero no por eso nos marcamos una prédica diaria ante nuestro alumnado adulto, ni tenemos las cámaras de TV a nuestra disposición. Las actrices inducidas a ‘cantar‘ contra Gallardón, Wert, Rajoy y el Gobierno en general, hicieron gala de un “discurso largo y poco oportuno que se hace con cierto apasionamiento y vehemencia”, como define la segunda acepción del DRAE al vocablo prédica.

Es cierto que los insultos no van en el sueldo. Sin embargo sí va incluido “hacer todo lo posible para que mejore la calidad del cine, del teatro…” y de todas las artes, en palabras de Esperanza Aguirre. Los ‘titiriteros‘ han confundido el lugar, el acto y el disparo. Con razón decía ayer un ínclito amigo de éste que escribe que “si los mediocres volaran, no nos daría el sol”.

Con lo que más vergüenza sentí fue con las declaraciones de la actriz, Marian Álvarez, cuando dijo aquello de “tengo un Goya, pero no sé si mañana voy a poder pagar mi casa”. ¿Acaso pretende que la subvención estatal llegue hasta ahí?: con ese tipo de credo ‘sociata‘ y vulgar será difícil que superemos la crisis en la que aún estamos inmersos. ¿Esta mujer no ha oído hablar del autoempleo o también quiere que el Gobierno pague su casa? ¡Vaya cara más dura la de esta aprendiz de señora!

Decía Alphonse Karr que la talla de las estatuas disminuye alejándose de ellas: la de los hombres, aproximándose. Pero los irrespetuosos ‘titiriteros’ –que aprovecharon la ausencia del ministro Wert para hacer gala de su cobardía —  es evidente que aún no lo han entendido. Y posiblemente les cueste tiempo hacerlo. ¡Joder, qué tropa!

UNETE



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