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Entrevista al escritor Luis Leante


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07/02/2014


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Luis Leante está licenciado en Filología Clásica por la Universidad. Desde 1992 vive en Alicante, donde trabajó como profesor de secundaria hasta 2009.






Publicó su primera novela, Camino del jueves rojo, a los veinte años. Después, sus temas se van universalizando y los escenarios se diversifican: Paisaje con Río y Baracoa de Fondo se desarrolla en Cuba; El canto del zaigú está localizada en el pequeño pueblo leonés de Valderas;La Luna Roja, en Estambul, Múnich y Alicante. Dentro de la novela ha tratado diversos géneros, desde la novela negra hasta la novela histórica: El vuelo de las termitas y La Edad de Plata. En 2007 ganó el Premio Alfaguara por su novela Mira si yo te querré. Se ha vendido en más de cuarenta países. También ha hecho incursiones en la novela juvenil. A pesar de haber ganado medio centenar de premios de relato, sólo ha publicado dos libros de cuentos.





1. ¿Qué diferencia a los escritores frente a otros campos artísticos o humanistas?





Básicamente, la herramienta que utilizan. En general, la persona que trata de crear parte de una misma necesidad, la de sacar algo fuera y expresarlo. La decisión de hacerlo por medio de la pintura, del cine, de la literatura o de la escultura, por mencionar algunos campos artísticos, viene a veces condicionada por las aptitudes que uno tiene o que consigue desarrollar.





2. ¿Cuándo decidió decantarse por la escritura? ¿Quiénes han sido sus modelos o maestros?





Excepto la infancia, no recuerdo ninguna etapa de mi vida en la que no estuviera escribiendo. A los once años ya ensuciaba cuartillas a mano y a máquina con historias que necesitaba contar. No fue una decisión, sino algo natural que fue evolucionando sin que me diera cuenta. Y en cuanto a los maestros, me siento deudor de todos los autores que he leído, incluso de los malos. Con el tiempo uno se da cuenta de que se aprende de los malos escritores más que de los buenos. De estos últimos lo único que he conseguido es admirarlos y disfrutar con sus obras.





3. ¿Cuáles son los géneros literarios que desarrolla y en cuál de ellos trasmite mejor sus ideas? ¿Pertenece a una escuela, corriente o tendencia determinada?





Me he movido en casi todos los géneros: poesía, relato, teatro, artículos, reportajes, ensayo, novela. Pero de todos ellos me quedo con la novela, porque a fin de cuentas es un compendio de todos. En la novela cabe todo, incluso la propia novela. No tengo conciencia de pertenecer a ninguna escuela o tendencia, pero seguro que alguien con más conocimientos teóricos que yo sabría catalogarme.





4. ¿Para ser escritor hay que ser buen lector? Aconséjenos 3 libros imprescindibles.





Yo diría que no se puede ser escritor sin ser lector. Y cuanto mejor lector es uno, mejor escritor llegará a ser. No sé si son tres libros imprescindibles, pero para mí han sido tres libros muy importantes, seguramente porque los leí muy joven: Crónica de una muerte anunciada, La guerra del fin del mundo y Rayuela.





5. ¿Qué precisa para ponerse a escribir? ¿Cuáles son sus rituales, si tiene alguno? ¿Hay algún secreto que le convierte cada noche en escritor?





Sobre todo, tiempo. Me muevo en medio de rituales. Me gusta madrugar mucho, ver amanecer, tomar café en una taza concreta; tengo una para la mañana y otra para la noche. Echarle un vistazo a la prensa y a un par de blogs que sigo; escuchar una canción determinada (Aguas de marzo) y empezar cada día exactamente a la misma hora, como si fuera el horario de la oficina. Por lo demás, no hay más secretos.





6. ¿Cuál es su forma de trabajo: usa un mapa o brújula, improvisa o planifica? ¿Se deja llevar por las musas o camina totalmente a ciegas?





Me oriento mal con el mapa y la brújula, porque casi siempre llego al lugar equivocado. No improviso nada. Todo está tan perfectamente planificado, aunque cuando empiezo a escribir voy tirando tabiques porque la casa porque el plano, es decir la novela, se me queda pequeña. No confío en las musas, y sospecho que tampoco yo les caigo simpático.





7. ¿Cuáles son los hitos relevantes que destacaría en su aventura literaria?

Cada novela nueva es como si fuera la primera. Terminar un capítulo o incluso una página me resulta un pequeño milagro. Todas mis metas son muy pequeñas: conseguir unas líneas, un párrafo válido, hacer que un personaje sea verosímil. No me planteo grandes hitos, ni busco logros espectaculares. La suma de esas pequeñas victorias a veces parece algo inabarcable para mí si lo miro en su totalidad.





8. Las editoriales ¿son el campo de batalla del escritor? Los premios ¿son males necesarios en la carrera de un escritor?





Las editoriales no son más que el primer campo de batalla, pero no son el único. Publicar un libro no te garantiza nada si los lectores no te dan el visto bueno. Es una carrera de obstáculos en donde el editor no es el más insalvable. Pero uno debe escribir sin pensar en los obstáculos, porque vistos desde la distancia pueden ser como una losa que te cae encima y no te deja pensar. En cuanto a los premios, los considero una manera más de entrar en el mundo editorial. Y la verdad es que no hay muchas donde elegir.





9. Díganos brevemente… ¿qué intención le mueve al escribir: es un escritor con vocación de entretener, de divulgar, de formar?; ¿es un escritor de su tiempo o un escritor comprometido con su tiempo?





En mi caso surge más como una necesidad de ordenar las ideas. Uno empieza escribiendo para sí mismo y termina haciéndolo para los demás. Si no fuera así, no me molestaría en publicar. Luego, cuando el libro es una realidad, tratas de explicarte por qué lo has hecho, y nunca hay una misma respuesta. A mí me gusta hacer algo y luego preguntarme cómo y por qué lo he hecho. Si me lo preguntara antes, es posible que no lo hiciera.





10. ¿Qué le gustaría que olvidaran en el futuro de su actividad literaria? ¿Qué quedará de su obra para la posteridad a pesar suyo?





El olvido es el peor enemigo del escritor y de la literatura. Mejor que se recuerde todo, incluso lo malo. Yo no sé si quedará algo para la posteridad, pero no me preocupa nada esa etapa, porque no voy a ser testigo de ella. Prefiero pensar qué es lo que hay ahora. Cuando cierre los ojos para siempre espero no pensar en nada, y mucho menos en mi obra literaria.





Entrevista concedida a El Libro Durmiente



Etiquetas:   Entrevista   ·   Escritores   ·   Literatura
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