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La primera de ellas, la lentitud del arranque económico, una
contracción de la dinámica que obedece entre otros factores, a la incertidumbre
propiciada por las medidas que corresponden al nuevo marco legal.
Adicionalmente al desconocimiento y descontento generalizado
que implica el formato recién aprobado, en la práctica cotidiana los actuales
requisitos, suponen un catalogo de complicaciones que dificultan el cabal
cumplimiento de la norma.
Esto se ha impuesto como una causa, que ha contribuido a la
desaceleración de muchas actividades, lo que ya está generando efectos
negativos en los indicadores.
Pero sin lugar a dudas uno de los factores más importante del
impacto de su ejecución, es el miedo que genera en la gran mayoría de los
contribuyentes, la sensación de que desde el gobierno se despliega una política
fiscal persecutoria.
Como se ha visto, la autoridad fiscal ha estado publicando
en su página de internet, el nombre, denominación o razón social y el Registro
Federal de Contribuyentes, de quienes según esa misma autoridad, no cumplen con
sus obligaciones fiscales.
Sin embargo esas listas han tenido que ser depuradas
constantemente por no estar debidamente actualizadas y mucho peor aún, por
contener errores, lo que en consecuencia es causa de daño moral y mercantil
para esas personas y empresas.
En ello hay un mensaje doloso y amenazante implícito, que
recrudece el talante persecutorio del régimen en materia fiscal, aparte de que
con ello, se pretende establecer que es peligroso celebrar actos de comercio,
con las personas y empresas que aparecen en esas listas.
De cualquier forma, independientemente del endurecimiento de
la política fiscal, otrora llamado terrorismo, el sentido de la Reforma
Hacendaria es de origen contradictorio.
Porque pretende recaudar más recursos siguiendo una fórmula
que está comprobado que no es la correcta, aumentando el impuesto sobre la
renta y no sobre el consumo.
Además de que al que se presiona es al contribuyente cautivo
y no al informal, esa sobre carga y exigencia que ya está causando estragos, es
solo el antecedente de lo que será el paulatino cierre de negocios por
agotamiento.
Por definición el aumento de la carga fiscal, es correlativo
al incremento de la inflación, elevar impuestos a las empresas, finalmente
perjudica al consumidor que tiene que pagarlos.
Según los más recientes indicadores, la economía nacional
presenta su peor comportamiento para un inicio de año en décadas, a pesar de lo
que el gobierno prometió, el crecimiento en lo que va del mes, es menor al uno
punto ocho por cierto esperado.
Pero el dato más importante de acuerdo a esas cifras, es que
las actividades primarias, cayeron un tres punto ocho por ciento en enero, lo
que significa que los pronósticos oficiales no concuerdan con la realidad.
Porque una cosa es planear el ingreso por la vía tributaria
en un escenario, y otra muy diferente que este se sostenga con el cambio de las
condiciones, peor aun si este entorno impulsado por el régimen, es precisamente
el que atenta contra la misma
recaudación.
Hoy las empresas tienen que afrontar gastos adicionales en
su operación, hay que decirlo, cuando las condiciones no son precisamente las
más propicias para ello.
Por ejemplo, la obligatoriedad del uso de la factura fiscal
digital a través de internet, que también se considera en caso de la retención
de contribuciones, implica la necesidad de contar con tecnología y capacidad
administrativa, con la que la gran mayoría de los pequeños negocios no cuentan.
Tecnología que incluso al propio gobierno le ha costado un
enorme trabajo poner a funcionar, como prueba irrefutable de ello, están las
fallas en la página del SAT, para el registro de contribuyentes obligados y
envió de avisos.
Visto así, los costos de la aprobación y puesta marcha de la
Reforma Hacendaria, están resultando más costosos de lo que el régimen calculo
en su momento, eso sin contar los de tipo electoral, que dadas las
circunstancias se antojan serán también muy elevados en su oportunidad.
Porque es innegable que la economía está empeorando a causa
del sentido de la propia reforma, por tanto hoy la coyuntura ya no está en
aumentar los ingresos fiscales gubernamentales, sino en la corrección del
error.
twitter@vazquezhandall