. Una pareja que rondaría la cuarentena paseaba por los
pasillos del comercio mirando ropa. En un momento determinado, la mujer tomó
entre sus delicadas manos tres perchas con camisetas interiores, miró el
preció, las ojeó por un lado, luego por el otro e intentó colocarlas de nuevo
en el mismo lugar, fracasando en el intento. Las camisetas interiores y las
perchas cayeron al suelo. La mujer miró para las camisetas y -sin
descomponérsele la cara lo más mínimo- siguió caminado al lado de su pareja
para cometer quién sabe si otra fechoría. A menos que ambos tuviesen un lumbago
atroz o una fístula en el culo, bien podrían haber agachado el espinazo y
recoger lo que se les había caído. Pero no.
Cuando uno va a los centros comerciales
en España que están dirigidos especialmente a clientes extranjeros –ya no digo
cuando uno va a otros países de Europa--, se da cuenta inmediatamente de que estos
centros están infinitamente más limpios que los centros comerciales donde la
marabunta española es mayoritaria. Y eso es porque los españoles somos unos cochinotes,
unos amantes del fango, y no nos importa tirar colillas al suelo, ni dejar una
lata de cerveza encima de un banco, ni hacer pis en el portal del vecino. Sin
embargo, lo grave de este tipo de conductas no es solamente que refleje que los
españoles en general somos puercos hasta decir basta; lo importante es que
refleja que los ibéricos somos individualistas, clasistas, egoístas,
egocéntricos y, sobre todo, que nos la suda el resto de la sociedad. Por eso, no
nos importa que los vecinos no puedan dormir por culpa de la música que ponemos
a todo volumen, ni que el conserje del edificio tenga que recoger una compresa
que hemos tirado –verídico-, ni nos importa que un niño pueda cortarse con el
botellín de cerveza que hemos dejado en el banco de un parque, ni nos importa
que las calles de nuestra ciudad parezcan una pocilga, ni nos importa ocupar
dos plazas de aparcamiento y que otro conciudadano no pueda aparcar. Y, por eso
mismo, tampoco nos importa que otro trabajador –esos que defendemos con tanta
ligereza- tenga que recoger la ropa que hemos tirado. Y si somos así como
clientes, como empresarios somos igual, por eso no nos importa pagarles decentemente
a nuestros trabajadores, ni respetarlos, porque si son esclavos cuando paseamos
por una tienda, más aún si somos nosotros quienes les pagamos.
España, como sociedad que comparte,
defiende y transmite una cultura y unos valores, no existe. Es un problema que
arrastramos desde hace siglos. En realidad, somos una panda de individualistas que
compartimos la misma causa solo si es para beneficio propio, pero huimos como
ratas cuando el asunto beneficia solo a los demás. Por eso, resulta paradójico
que critiquemos tanto a nuestros políticos cuando no son más que el reflejo de
lo que somos. Hasta que no comencemos a tener una verdadera conciencia social,
a preocuparnos por respetar a los demás, a concienciarnos de que todo lo que
hagamos negativamente afecta a los otros y que eso debe importarnos, hasta entonces,
seguiremos siendo lo que somos; una sociedad inculta y mediocre.http://tonigarias.wix.com/tonihttps://twitter.com/tonigarias