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Causas
profundas y olvidadas de la guerra civil. Examen de algunos momentos de
los dieciocho años de vida de un joven que se cuestiona la legitimidad
de las ideas por las que luchó. Pretende el autor poner luz moral a la
contienda y penetrar en el miedo que se vivió en ella.
Ya el libro I
da cuenta de la infancia de Gervasio, de sus diez primeros años. Un día
oye una música militar que marca su futuro y otro día recibe las ropas
de su tío Felipe. Desde su primera comunión ya percibió el
enfrentamiento entre su padre, Telmo García, un liberal, y la familia de
su madre, los Lastra, imbuidos en las ideas religiosas y políticas
conservadoras. Se gesta aquí y más adelante la <> que sugiere el título, aunque el final del apartado
coincide con el desvanecimiento del niño Gervasio ante los cristos
ensangrentados que expresan su dolor en las procesiones de Semana Santa.
El libro II se ambienta en la primavera de 1931. Gervasio va al
colegio para estudiar bachillerato y conocemos su vida de los diez a los
diecisiete años, a la vez que los cambios políticos que dan paso a la
República y a las elecciones previas a la guerra civil que pierde la
derecha. Aparece después el asesinato de Calvo Sotelo y el puntual del
18 de julio y sus movimientos de tropas desde Canarias y el norte de
África hacia la Península. Los conflictos sociales y políticos siguen la
historia familiar y son también modificaciones en la casa de los
Lastra: la señora Zoe es trasladada al asilo y la Amalia es despedida.
Crucita se había casado en 1934 y separado después cuando descubre que
su marido es homosexual. Al principio de la guerra el padre es detenido,
y asesinados sus hermanos Adrián y Norberto. Gervasio decide enrolarse
en la armada como voluntario. El diario del tío Felipe Neri, diseminado
entre comillas en esa parte y la anterior, es un canto a los valores
castrenses y religiosos, así como los himnos militares. En el libro III, Gervasio es conducido hasta el buque escuela El Ferrol.
Apenas tiene dieciocho años. No le agrada la vida castrense, hacinada y
hostil, propensa a la humillación y vejaciones, y su desilusión aumenta
cuando llega al crucero Juan de Austria y conoce al cabo Pita,
que le hará comprender el error de sus valores. 377 A es el número que
se le asigna a Gervasio García Lastra como soldado. Surgen las dudas
sobre esa seguridad en la exaltación ideológica patriótica. Acabará
reconciliado con papá Telmo, convencido de que su vocación militar ha
sido una farsa fomentada por su familia materna. Este tercer apartado
está jalonado de cartas que recibe e informan de la vida en la
retaguardia y otras que escribe y que reflejan sus cambios de
personalidad.Delibes arranca
secretos íntimos a sus personajes, que desde su vida privada exportan a
la vida nacional sus enfrentamientos en busca del conflicto nacional, y
pone de manifiesto las grandes dosis que aquél tuvo de fanatismo e
intolerancia, del odio que ya había nacido entre las propias familias y
que luego sale a la calle, y a las ciudades y a la nación donde se
extiende toda esa oleada destructiva. Ahí está la experiencia juvenil
del escritor, que hizo la guerra en el bando nacionalista porque así le
habían inculcado las ideas desde su nacimiento. Para los Lastra se trata
de una guerra santa, de una Cruzada. Por eso su participación es un
acto heroico y un excelente paso para recabar la admiración de los
demás, y amparado en esas ideas sueña con convertirse en un héroe. Los
personajes encarnan los símbolos y tendencias: el viejo carlismo lo
expresa papá León; la mujer tradicional española vive representada en
mamá Zita, y el hombre liberal y republicano es papá Telmo. Los cambios
en la manera de pensar están en estas páginas, y también las semanas
santas vallisoletanas y las tendencias falangistas de la ciudad. La
crítica ha elogiado la fidelidad de sus exposiciones y la
correspondencia entre la historia familiar y la nacional, y en la
tercera parte, la capacidad del autor para crear ese cuadro del
protagonista y sus amigos a bordo de un barco donde proliferan los
términos náuticos. Acerca de tal dominio del lenguaje del mar ha
señalado Alvar que, gracias a esa habilidad, Delibes <>. Ha sondeado el
autor multitud de ambientes y épocas en su extensa producción
novelística, pero había dejado un gran vacío en la década de los treinta
que corresponde a su juventud. Su silencio era sin duda debido a que
durante mucho tiempo no pudieron abrirse abiertamente aquellos asuntos.