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El Norte Minero que el centro ignora.


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13/01/2014


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Chañaral de las Ánimas es una pequeña ciudad puerto enclavada en medio del desierto en la Región de Atacama, y que fuera hasta 1880 el punto donde terminaba Chile, con una Aduana que ejercía soberanía hasta la caleta de Mejillones al sur del Río Loa, es decir heredando los límites del virreinato del Perú y la Capitanía General de Chile. 

El Despoblado de Atacama fue el gigantesco espacio por donde los pioneros de la minería, como Diego de Almeyda, Pedro León Gallo o Máximo Villaflor, buscaron las vetas y yacimientos que permitieron sustentar la economía chilena. En las expediciones que fueron realizando esos pioneros, fueron descubriendo el potencial minero de esos interminables territorios. Máximo Villaflor, que fuera Administrador de Aduana por 20 años,  propuso que Chile hiciera un plan de colonización de esos territorios, para asegurar soberanía y explotación de sus riquezas. Él soñaba con una minería industrializada, con fundiciones que convirtieran en siderurgia la roca mineral que allí existía. Pedro León Gallo quien en 1859 se enfrentó con las armas contra el centralismo terrateniente de la capital, dirigiendo una revolución independentista que reivindicaba la identidad minera del Norte de Chile y exigía que esa riqueza quedara en el norte y que no alimentara a la aristocracia y burocracia política central. Diego de Almeyda descubrió el mineral de cobre de Las Ánimas y realizó en 1924 la primera exportación de este promisorio mineral.

En ese siglo XIX, cuando se construía la República, Chile enfrentó dos guerras con Perú y Bolivia. A partir de 1830 la soberanía del Estado de Chile sobre el Despoblado de Atacama, se ejercía a través de la Aduana de Chañaral que fue autorizando y dando cobertura legal a los puertos de Taltal, Paposo y Pan de Azúcar, llegando en sus patrullajes hasta la caleta de Mejillones, apoyando las excursiones que realizaban los pioneros. Bolivia irrumpió en la zona en 1825 cuando a instancias de Simón Bolívar funda la caleta de Cobija entre las actuales Antofagasta y Tocopilla, la cual le sirvió a Bolivia de salida al mar que jamás antes había tenido y que Perú siempre le negara por el puerto de Arica. Cuando estalla la Guerra del Pacífico, Chile invade Antofagasta y expande su territorio hasta los límites actuales, quedando Chañaral en medio de un desierto como puerto de salida de las primeras exportaciones de hierro producidas en la fundición de Pan de Azúcar. El maremoto de 1922 destruye la caleta Pan de Azúcar, las instalaciones de la Aduana y la Fundición, quedando sólo vestigios y leyendas de ese tsunami de Coquimbo y Terremoto de Vallenar, que destruyeron el norte costero de Atacama.

Vivir en Chañaral por 7 años me permitió reconocer la historia heroica de los pioneros que hicieron Patria poniendo en valor la riqueza de la tierra. Con ellos vinieron las plantas desalinizadoras de agua, el ferrocarril. Aduana operaba con oficiales aduaneros que portaban carabinas y que cumplían funciones de Correos, recaudación de impuestos y vigilancia fronteriza. Lógicamente, la Aduana se repliega a sus actuales funciones a medida que llegan a esas zonas extremas el servicio de correos, impuestos internos y carabineros. Una historia rica, que no se pasa en los planes de estudios diseñados a nivel central, con lo que se omite el conocimiento de episodios valiosos de nuestra historia, como lo fuera la participación del norte, de la ciudad de Copiapó, en la gesta de la independencia de España en la reconquista y expedición libertadora que cruzó la cordillera.

Hablar de cordillera suena romántico, pero cuando uno recorre esos inhóspitos parajes, donde las temperaturas, los vientos, el calor y el frío, mantienen siempre condiciones extremas, que exigen temple y coraje a quienes se atreven a recorrerlos, se aprecia que esos viajes fueron titánicos y para nada románticos. Por eso, vale la pena recrear en muchas crónicas lo que significó conquistar el desierto, establecer enclaves para explotar los recursos, el hierro, el salitre, el cobre; donde obtener el agua era el gran desafío cotidiano, donde el minero se perdía en las montañas buscando las vetas, donde se generaron proyectos increíbles para instalar en la cordillera vías férreas, fundiciones, que deslumbran a la distancia por lo que significó mover esos complejos a lomo de mula, haciendo caminos en medio del desierto. El carácter del hombre del norte está marcado por las inclemencias que significó establecer esos proyectos y desarrollarlos.

 Y por eso, ese norte desconocido, con sus glaciares, sus salares y lagunas cordilleranas, con sus termas, con su cielo transparente, su riqueza en energías solar, eólica, mareo motriz y geotérmica, constituye un destino obligado para todos los chilenos y para quienes buscan oportunidades de trabajo o inversiones en nuestro país.



Periodismo Independiente, 13 de Enero de 2014               @hnarbona en Twitter



Etiquetas:   Ciudadanía   ·   Economía   ·   Minería   ·   Cultura   ·   Sociedad

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