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El proyecto en mención, supone una inversión inicial aproximada
de poco más de cincuenta millones de dólares, que pretende integrar según han
expresado fuentes oficiales del vecino país, al menos otro casino, centros
recreativos, hoteles, restaurantes y establecimientos comerciales de alto
nivel.
A diferencia de los que ya existen, en los nuevos negocios
de esta próxima etapa, se ofrecerán productos originales de marcas
internacionales lideres reconocidas, naturalmente bajo el amparo de un régimen
fiscal muy bondadoso.
Además de que esta inversión está encaminada a consolidar la
zona libre de Belice, como el más importante centro comercial y de
entretenimiento de la región fronteriza, hay que considerar el impacto turístico
trascendente adicional que persigue.
Sin embargo esto dada la coyuntura actual, va a ocasionar un
mayor detrimento de la economía del sur de Quintana Roo, primero porque las
diferencias de precios señaladas en el contraste fiscal, van a potenciar aun
más el atractivo de la zona libre.
Cada vez serán menos los beliceños que crucen la frontera
para realizar comprar y obtener servicios del lado mexicano y muchos los
quintanarroenses que vayan para allá.
Adicionalmente los visitantes de los otros estados de la
península y la región sur de México, que antes se hospedaban, utilizaban
servicios y comían en Chetumal mientras realizaban sus compras y asistían a los
casinos de la zona libre, seguramente ya no lo harán más.
Hay que recordar que una muy buena parte de la dinámica
económica de Chetumal se sostiene de la visita de nuestros vecinos
centroamericanos y de los nacionales en tránsito a la zona libre, que ahora
considerando que habrá una diferencia de cuatro por ciento en la tasa
impositiva, la balanza tendrá un fuerte desequilibrio.
A raíz de la homologación del Impuesto al valor agregado del
once al diez y seis por ciento en nuestro territorio, en términos de
competencia quedamos fuera del mercado, toda vez que en Belice el impuesto
similar es del doce por ciento.
Más aun si se toma en cuenta que los productos que se
ofrecen en la zona libre ingresan a ese país con aranceles muy bajos, lo cual
incluso los hace más baratos, sin omitir que de acuerdo a la expectativa del
proyecto anunciado, ahora serán de primera calidad.
Visto así, además del endurecimiento de la política fiscal
gubernamental, la competencia comercial implica un enorme riesgo de cierre de
negocios y pérdida de empleo en la capital del estado.
Pensando que la única alternativa de momento seria que
algunos empresarios chetumaleños, por supuesto solo unos cuantos, se inclinaran
por invertir en la zona libre, esto de ninguna manera supone una solución en el
contexto general.
Evidentemente con el paso del tiempo hacia el futuro, la
situación puede empeorar si partimos de la base, que el anuncio de esta
inversión puede significar que en la medida de su éxito, vengan más.
En teoría el desarrollo de la región vecina tendría que
traer aparejados beneficios para nosotros en Quintana Roo, al menos en el
escenario anterior no hay duda que así habría sido, sin embargo en función de
la diferencia en la nueva tasa impositiva el efecto se vuelve contrario.
No se puede asumir que esta millonaria inversión y todo lo
que implica, se haya producido precisamente a raíz del cambio hacendario en
México, pero tampoco se puede omitir que la coincidencia no es nada afortunada.
No se puede culpar al régimen federal por lo que hagan el
gobierno y los empresarios beliceños, en todo caso su responsabilidad en este
contexto recae en sus propias decisiones, en el impacto del efecto de las
mismas.
En todo caso si se entiende como una estrategia de negocios,
habría que reconocer que los beliceños están aprovechando hábilmente el cálculo
de una coyuntura que en este caso les favorece ampliamente.
Lamentablemente en estas circunstancias, no hay variables a
la mano para contrarrestar directamente los efectos anteriormente mencionados,
no se trata de buscar compensar con inversiones públicas de infraestructura por
necesarias que sean, mucho menos con programas asistencialistas, en el caso de
las primeras aun si estas están encaminadas a fomentar el desarrollo.
Es un asunto de simple y llana competencia, por lo que bajo
el aspecto impositivo vigente a partir de este año, las condiciones de esa
misma competencia son ampliamente desiguales.
Esto nos remite por descontado a un tema larga y ampliamente
discutido a través de los años, la reorientación de la vocación económica del
sur de la entidad.
Porque aun si hacemos a un lado las desventajas que se
producen con motivo de la implantación de la Reforma Hacendaria,
particularmente desafortunada con esta región, de todas formas la dinámica
económica de la misma ha estado materialmente estancada durante mucho tiempo.
De tal suerte que en estas condiciones por obligación es
necesario retomar ese planteamiento, reconocer las vocaciones y vertientes de
desarrollo existentes, básicamente en la explotación de los sectores turístico
y agropecuario como los principales, para orientar estratégicamente los
objetivos en función de sus posibilidades.
Estamos hablando de la necesidad prioritaria de la implantación
de una política de estado, para fomentar alternativas viables que permitan
apostar por esquemas de desarrollo, que mas allá del discurso se antojan
urgentes.
De otra forma ante el oscuro panorama económico que se
avecina para el sur de Quintana Roo, derivado de los antecedentes expuestos
anteriormente, si no se encaminan directrices para solventar el pronóstico,
este lamentablemente e irremediablemente será cada vez peor.
Evidentemente estamos ante un punto de inflexión que obliga
a una reconversión, es un asunto de viabilidad al corto plazo, que requiere la
transformación de un esquema que ya no da para más, como decíamos
independientemente de factores externos.
twitter@vazquezhandall