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Hay dos factores esenciales, sin que el orden de estos
elementos implique mayor o menor jerarquía, que simultáneamente van a influir
poderosamente en el desarrollo de la dinámica estatal, el económico y el político,
el primero en función de la aplicación de la Reforma Hacendaria.
El segundo en lo político, porque el inicio del año coincide
mas allá de los tiempos formalmente establecidos, con la búsqueda de las postulaciones
a las candidaturas para el proceso electoral federal intermedio, que es el
antecedente en pos de la propia candidatura priista con miras a la sucesión gubernamental.
En ambos casos estamos hablando de circunstancias que
independientemente de cómo se entrelazaran, cada una por separado supone
situaciones extraordinarias.
La implantación de la Reforma Hacendaria en Quintana Roo, tendrá
sin lugar a dudas un grave impacto, no solo por el endurecimiento del formato
tributario, que recrudece su ánimo recaudatorio, sino por la homologación del Impuesto
al Valor Agregado.
El aumento del once al diez y seis por ciento del IVA, entre
otros síntomas va a encarecer productos y servicios, pero sobre todo va a
provocar un desajuste en las tarifas hoteleras de nuestros principales destinos
turísticos.
Siendo la actividad turística el motor de la economía local,
cualquier elemento que disminuya su capacidad competitiva, lesiona severamente
a todas las demás actividades que se desarrollan al amparo de esta.
Esta circunstancia no podrá equilibrarse con los millonarios
programas anunciados por el gobierno federal, en teoría precisamente para contraer
el impacto de la medida tributaria, lo cual de suyo es un contra sentido.
Siendo así, el panorama económico de la entidad, pero sobre
todo en lo individual para los je4fes de familia, tiene por consecuencia una
perspectiva negativa, que adicionalmente y por descontado va a generar un
rechazo no solo a la Reforma Hacendaria como tal.
El descontento social bien se podrá traducir en repercusiones
en contra del régimen priista, y eso por supuesto deberá tener influencia en el
proceso electoral venidero.
Si bien es cierto que en Quintana Roo los partidos de oposición
están materialmente pulverizados, la competencia para el Revolucionario
Institucional en esta ocasión, provendrá de sus propias determinaciones
administrativas.
Porque aun suponiendo, que el efecto de las Reformas,
principalmente la Hacendaria pudieran tener alcances positivos, estos no serán tangibles
al principio, de tal suerte que el periodo inicial de su puesta en marcha, será
un pasivo para su causa partidista.
Ahora bien, mientras ese factor se va desplegando, el
Revolucionario Institucional y su régimen de gobierno, tienen este año para
preparar y fortalecer públicamente a quienes serán sus abanderados por las
Diputaciones Federales.
En el caso de Quintana Roo por sus propias características y
calendario, la nominación de candidaturas para estos cargos de elección
popular, son el filtro para determinar a sus aspirantes a la candidatura al
gobierno local.
Visto así la situación obliga a una doble estrategia, por un
lado como apuntábamos fortalecer la imagen de sus precandidatos, al tiempo de
intentar paliar el descontento que producirá el impacto de la Reforma
Hacendaria.
Claro que desde esa perspectiva, parecería que se tendría que
tratar de una planificación general, sin embargo los aspirantes a las diputaciones
y por ende a la gubernatura, tendrán cada uno su propia agenda.
Naturalmente el proceso va a ser conducido personal y
celosamente por el Gobernador Roberto Borge, en su calidad de máximo jefe político
de su partido, quien será quien establezca y vigile los formatos para el propósito.
No obstante con el retorno del Revolucionario Institucional
a los Pinos, la mecánica de la decisión final recae de nueva cuenta en la facultad
y voluntad del Presidente de la Republica.
Esto supone que en tanto llega el momento de la decisión, el
previo urge como decíamos a un intenso trabajo de fortalecimiento de la imagen,
la construcción de los apoyos sociales y las alianzas de grupos.
Es pues en principio un asunto que transita mas por la busca
de la popularidad que de la eficiencia, lo cual pudiera incluso provocar que algunos
de los aspirantes asuman actitudes y se
dediquen a actividades de carácter populista, sin fondo ni trascendía reales.
Sin omitir que entre ellos comience desde este mes de enero,
una rivalidad que sobrepase la línea institucional, para dar paso a una batalla
en la que no solo estarán de por medio la búsqueda de la simpatías colectivas,
sino las descalificaciones bajo la mesa y los golpes bajos.
Indiscutiblemente por posición y alcances, los tres principales
aspirantes a las diputaciones y por consiguiente a la gubernatura, son los
alcaldes de Cancún y Solidaridad, Paul
Carrillo y Mauricio Góngora respectivamente y el Presidente de la Gran Comisión
de la Cámara de Diputados, José Luis Toledo.
En este último caso Góngora y Toledo por domicilio tienen
ante sí una competencia directa por el distrito al que ambos pertenecen, sin
descontar tampoco la posibilidad de que alguno de ambos pueda acceder al
Palacio de San Lázaro por la vía plurinominal.
Ahora bien aunque la candidatura a una diputación federal se
convierte en un factor de la mayor importancia, esto tampoco implica una obligación
para mantenerse en la contienda.
Claro que se entiende que ese proceso es precisamente la
antesala, el filtro más trascendente y definitorio, no solo por la postulación como
tal, sino porque a partir de ahí es cuando las fuerzas locales se alinean en
torno al proyecto.
Porque aun tratándose de la definición de una candidatura al
interior del Revolucionario Institucional, es evidente que desde ahora se
observa la conformación de grupos con el mismo interés, pero con distintas
posiciones.
Bajo ambas perspectivas el año que inicia se antoja intenso,
con la posibilidad de diversos acontecimientos relevantes para el presente y el
futuro de la entidad, este sin duda será un año con un alto grado de impetuosidad.
twitter@vazquezhandall