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El gran premio de una nueva vida


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03/01/2014


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Daniel. Es el nombre elegido para el nuevo retoño familiar. Con este advenimiento he vuelto a tener el honor de ser nuevamente abuelo. Además ha sucedido en fechas próximas a la Navidad, casi coincidiendo con la nueva reforma de la ley del aborto impulsada por el ministro de justicia, Sr. Ruiz Gallardón. Ambos acontecimientos son un tanto especiales por lo que significan. Disfrutar como abuelo de un nieto más significa el abrazo a la vida. La ley reguladora del aborto tan sólo supone una leve zancadilla de abrazo a la muerte.Durante el pasado encuentro familiar navideño hice un breve comentario a mi hija, la nueva mamá, sobre el disciplinado y respetuoso cumplimiento de la tradición por no habernos tocado ningún premio lotero. Ella me miró sorprendida y, sonriendo, me dijo: "Papá, a mí me ha tocado el gordo, a veces llora un poco, pero me siento feliz". "Tienes razón hija, -respondí-,  no hay cosa más grande que el premio de la vida", y los dos sonreímos.


Resulta complicado identificar los sentimientos interiores de esas personas, especialmente mujeres, que sin reparos ni escrúpulos defienden la destrucción de un ser engendrado. Siempre he sido consciente de que decidir evitar una maternidad vía aborto, es una elección difícil y dolorosa. Creo que se trata de una decisión cruel que requieren meditación y valor. Decidir ser madre también requiere meditación y valor,  pero esta opción en lugar de cruel es digna, honorable, y maravillosa.

Mi nuevo nieto, Daniel, es como un precioso muñeco, peludo,  de ojos claros y risueños. Es aún diminuto para establecer los clásicos parámetros de vivacidad, talento o astucia, pero con el tiempo y con la correcta educación paterna y familiar en el respeto, la tolerancia y los valores humanos, todos esos parámetros para la convivencia respetuosa les irá asimilando y adoptando.

Como abuelo, uno de mis principales deseos es el poder vivir el tiempo suficiente que me permita poder contar a Daniel de forma serena la cadena de vicisitudes, adversidades y sacrificios que afrontaron sus padres para hacer realidad su llegada a la vida. El embarazoso acomodamiento de Daniel en el seno materno precisó de un delicado y riguroso proceso de técnicas,  controles y cuidados que obligaron a la madre a soportar un largo y angustioso período de agobiantes tratamientos, sacrificios y privaciones. Decirle también que todo ese martirio padecido por sus progenitores fue afrontado con amor, entereza y decisión por el único y singular deseo de traer al mundo esa nueva vida que se llama Daniel.

Es el contraste. Ha sido la coincidencia de un ejemplo en el empeño de la vida por amor, contra la miseria trágica de la muerte por aborto.







Etiquetas:   Ciudadanía   ·   Aborto

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