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¿Es posible la gratuidad en la Educación Superior en Chile?


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03/01/2014


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Ya a fines del primer gobierno de Bachelet se comienza a exigir por parte de los estudiantes secundarios y universitarios una educación de calidad y gratuita. Durante el gobierno de Piñera, la presión en ese sentido fue en aumento y hoy en día ha quedado instalado en la sociedad la necesidad imperiosa de implementar por parte del estado una educación gratuita y también de calidad, pero no necesariamente en ese orden. Sin lugar a dudas, Michele Bachelet se verá enfrentada a fuertes presiones estudiantiles y sociales por imponer un modelo de financiamiento de la educación, que en otros países ha demostrado su ineficacia y que lejos de mejorar los estándares, ha deteriorado progresivamente el tejido educacional.

Días atrás el Ex –Ministro de Hacienda del primer gobierno de Bachelet , Nicolás Eyzaguirre hizo una fuerte defensa de la gratuidad en la educación, siendo su eje central el de financiar este programa mediante mayores impuestos a las empresas y personas que gana más. Su discurso es concordante con las posiciones de la “Nueva Mayoría” y que literalmente ha “comprado” este paradigma educacional, haciéndolo suyo y buscando implementarlo, a como dé lugar y que se supone con un profundo análisis y estudio. Nuevamente el de que “Moya” paga la fiesta. ¿Sera así?

Indudablemente el actual escenario de la educación superior no es para nada halagüeño, un ejemplo lo constituye la misma Universidad de Chile y que presenta ostensibles déficits económicos en sus cuentas (caso hospital clínico). En otros casos y tras un desarrollo académico a partir de 1981, numerosas universidades privadas han demostrado su inoperancia y el caso más notorio es la Universidad del Mar, que dejo una cantidad de personas endeudadas y con títulos que carecen de credibilidad ante el mercado.

En otros casos universidades tradicionales y privadas han desarrollado un modelo exitoso de universidad, creciendo hacia áreas como la investigación y extensión, generando un vínculo virtuoso con la sociedad donde se ubica.

Pero el gran impulsor de la exigencia de una educación gratuita, es los altos costos por adquirir un título profesional y que en la mayoría de los casos no asegura un desarrollo profesional sustentable en el tiempo. Un ejemplo de ello son las denominadas profesiones “de pizarra”, que entregan año a año profesionales que deben recién ahí buscar en el mercado un contrato y que producto de la competencia, ofrece sueldos y remuneraciones “paupérrimas”. Hay casos de profesionales que han debido cargar con una pesada mochila al solventar con sus sueldos futuros, los créditos asumidos en su oportunidad para estudiar. En otros casos, padres arruinados por entregar a sus hijos una supuesta herramienta y que no asegura una real subsistencia en el tiempo.

Otro escenario que se aprecia es el paulatino crecimiento y desarrollo de carreras técnicas- profesionales, por parte de institutos profesionales de calidad, ofreciendo vertientes de desarrollo profesional a personas entusiasmadas por aprender y entregar a sus clientes servicios de calidad y alejados del modelo “maestro chasquilla”. Con ello hemos aprendido que haciendo bien las cosas, trae como resultado la recomendación cliente a cliente y por ende el círculo virtuoso de mayores ingresos empresariales. Hemos aprendido que solo dependemos de nosotros mismos y que la política solo engendra falta de iniciativa empresarial, al pretender obtener beneficios tras beneficios, tal como sucede en países como Argentina y Venezuela.

En suma un escenario diverso, donde no se aprecia al menos una dirección superior por parte del Estado en orientar el quehacer de la educación superior, con un modelo económico agobiante para las familias de escasos recursos, y con títulos profesionales que no aseguran el futuro de las personas que ingresan al mercado laboral. Con universidades, institutos y centros técnicos ya consolidados en el mercado educacional y en otros casos con centros superiores y técnicos que han errado el camino y han debido cerrar ante su inoperancia.

Urge un ordenamiento substantivo de la educación superior, fijar estándares de calidad altos y sobre todo constituir a las universidades en centros de investigación e innovación, de manera de contribuir a las empresas productoras a ofrecer productos con valor agregado y que entreguen mayores beneficios al país.

Es imperioso delinear un sistema de gestión educacional, que este exento de costos impositivos y que busque reducir la carga económica de las familias. El otorgamiento de becas por mejores rendimientos escolares, debe ser el norte, pero también debe premiar a las familias de escasos recursos y que viven en zonas extremas. Dar oportunidades a los jóvenes, sin distinción de género y estrato social debe ser el norte de la sociedad.

En cuanto a la gratuidad “per se” no me parece y no concuerdo en lo absoluto. Veamos lo que paso en Chile hasta 1973, solo un escaso porcentaje de la población escolar se beneficio de una educación gratuita y ello por su excelencia académica. Lo concreto es que la sociedad en su conjunto financio la educación universitaria de un porcentaje muy menor de la población y que lejos de quedarse en Chile, emigraron a países desarrollados. ¿Quién se beneficio con ello? ¿Por qué debo con mis impuestos financiar la educación y formación de un medico-cirujano (por dar un ejemplo), que a futuro lucrara con su profesión? ¿Es licito y ético que el profesional beneficiado con la educación gratuita, lucre con la misma sociedad que lo financio?

Pese a que a muchos no les guste la denominación de producto, el lograr una acreditación profesional sea cual sea es en definitiva un producto intangible. Un producto que es valorado o no valorado, debido al esfuerzo desplegado, a la dedicación en internalizar conocimientos, buenas prácticas, en adquirir herramientas de peso en el ejercicio profesional. Y lo vemos y lo apreciamos en universidades de prestigio a nivel nacional e internacional, cuando son contratados por empresas que valoran a ese profesional, por su formación, sus principios, su actitud positiva frente al trabajo, que asume cada desafío como algo propio y lo supera. Y en el otro lado de la moneda vemos a “cesantes ilustrados” que poseen un titulo pero de un centro que no es valorado por el mercado. Disminuidos interiormente buscan afanosamente insertarse en el mercado, con escasos resultados. El mercado es implacable y busca a candidatos probados en su formación.

Surge entonces la pregunta. ¿Por qué se engaña a estos jóvenes a estudiar una carrera subvalorada o despreciada por el mercado? ¿Por qué se obliga a sus familias a endeudarse en una carrera que en la mayoría de los casos carece de sustento?

Y porque se quiere imponer a Moya, léase el contribuyente medio de la sociedad chilena, a pagar más impuestos por  un paradigma que intuimos errado y que lejos de mejorar en el futuro la calidad de la educación chilena, nos terminara por deteriorar más aun.

Copiemos e internalicemos el actual escenario de la educación gratuita argentina y uruguaya, donde progresivamente ha ido bajando la calidad de la educación en estos países. ¿Y sabe usted por qué? Porque no existe educación gratuita, al final todo se paga, se pagara en el futuro con menores ingresos por una formación  precaria. La realidad es brutal, en ambos países la calidad ha disminuido ostensiblemente y pese a la gratuidad las familias buscan opciones pagadas, pero que ofrecen títulos acreditados y con consistencia.

Las cifras son horrorosas, pero financiar una educación “gratuita” y de  una supuesta calidad, es fruto de mentes afiebradas y que creen ciegamente que los productos que exporta Chile se mantendrán en el tiempo o bien aumentaran. Lo claro es que progresivamente la clase política que apoya este paradigma, aumentara los gastos y con una irresponsabilidad tremenda para las futuras generaciones. Veamos el ejemplo español, que hizo quebrar al sistema y que redundara en generaciones perdidas de profesionales que al no tener futuro laboral, emigran a otros países como Chile.

 

 



Etiquetas:   Economía   ·   Educación

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