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Crueldad
y lodo social tratado con indiferencia y atrevimiento. Un narrador
recrea la posguerra española a través de confusos y demoledores
recuerdos que bucean en los primeros años cuarenta y que se extienden
hasta los sesenta. El título es un verso del himno falangista, el de los
vencedores de la guerra, aplicado a la batalla, pero trasladado aquí al
ámbito de la vida misma
Sarnita
rememora, a través de varias y largas miradas retrospectivas, los años
oscuros de la inmediata posguerra alrededor de la muerte de Java, su
amigo. Había utilizado Java medios de todo tipo para alcanzar una
destacada posición social. Algunos habitantes de los suburbios, tipos
muy distintos, y unos cuantos anarquistas organizan acciones violentas
contra los acomodados vencedores de la guerra. El rencor, la venganza,
todo tipo de vejaciones tan brutales como sexualmente siniestras están
permitidas. Los personajes sufren ese duro desgaste necesario para huir
esencialmente del hambre, pero también de la pobreza, del tétrico
destino de la marginación. Un ambiente sórdida que deja lugar a la
violencia. Debe
el lector saber desde el principio, para encajar sus lecturas, que el
Ñito (Nito) es Sarnita y que el cadáver es el de Java. Luego el centro
es la historia de Ramona/Aurora, y sus relaciones con el señorito
Conrado y con las niñas del orfanato y otros niños de barrios muy
humildes. Aquí lo verosímil traspasa los límites hacia el mito para
conferir ambigüedad a sus historias, con una voluntaria y declarada
imaginación que suavice la impiedad de los episodios. Brotará entonces,
encarnecida y satirizada, la condición moral de una España que es la de
los vencedores de la guerra. Dice que el autor que son los ambientes
donde pasó su niñez. La lectura nos lleva por una serie de episodios
inconexos y de intrigas de gran fuerza para reconstruir un ambiente,
pero también para confundir, despistar y despertar al lector. De esa
primera impresión, solo queda el haber pasado por unas páginas repletas
de odio y agresión, resultado del rencor del propio escritor. Y muchas
veces se pregunta uno si las razones de tal ocultación se deben a
motivos estéticos o van conducidas, sin mayor justificación, por la
tendencia de la narrativa de la época inspirada en otras corrientes
europeas y americanas. Este particular narrador que estimula su memoria
conoce todo desde el principio, pero no se lo dice al lector porque
parece no creer necesario hacerlo, o tal vez porque solo tiene
conciencia de estar contándoselo a sí mismo. Para lograr la complejidad
estructural se sirve de multiplicidad de perspectivas, de la
desaparición del autor omnisciente, de la superposición de planos
temporales, de la invasión de lo maravilloso en lo verosímil y de una
voluntad de deformación de la realidad en busca de cierto tremendismo o
irreverencia. Todo ello exige una relectura que permita encajar los
episodios. No duda el autor en el empleo de términos agresivos, voces
malsonantes, que apoyan las situaciones extremas y despiadadas de la
obra. <>. La novela es, cuando menos, especial, y algunos
críticos sugirieron cierta premura en su composición.