. En su poemario Escarcha
o centella bebe conmigo, ella decanta la expresión hasta límites
imprecisos. El ritmo de cada poema sugiere un movimiento en curso, dinámico,
implacable en su paso desbordante hacia otra forma de expresión y percepción
que es conducida a batallas o silencios; o a mares o penumbras.
En este poemario, la materia poética se convierte en un proceso inseparable de
la contingencia, y eslabona una sucesión de experiencias particulares que
conforman un universo en constante fuga hacia su propia metamorfosis. Voz y
forma cambiantes, imágenes proteicas que proponen un cosmos inagotable, así
interpreto esta poesía que se desprende del coqueteo con el
lenguaje.
María Luisa Lázzaro, mediante sus poemas como portavoces sagrados,
subordina la razón y la lógica para conectarse con la naturaleza de
sus orígenes donde la fantasía duerme en un pulso
impreciso. Escarcha o
centella bebe conmigo propone espacios que denotan la soledad
como condición que no significa aislamiento doloroso, si no un ámbito subjetivo
donde se libera la creatividad mediante la introspección y exploración de
zonas donde subyacen pulsiones, turbulencias inconscientes, múltiples
líneas de fuga que convergen y se separan, creando nuevos significados, porque se
abre la mente en posición de parto.
En el cuerpo de cada poema se puede leer un pacto entre la voz que se
desborda y alumbra como un relámpago zonas umbrosas, y el espacio exterior
donde reina la confusión de voces dispersas en la luminosidad del afuera. En
ese vértice coyuntural, la soledad reclama un cambio del discurso que
solamente puede operarse a través del sentimiento de participación en un cosmos
contrapuesto al de imágenes desgastadas por el espectáculo de poses y clisés
vacíos de contenido. En la voz del poema resuena la crítica pertinaz hacia la
rutina:
Bienestar de especies/ que resuelven/ un día cualquiera de oficina: /
viernes social…/ sordera de afuera; / pátina, barniz.
Los dos términos que cierran el poema son sinónimos separados solo por una
coma, en ellos se nota la reiteración de la nausea cotidiana, pero se niegan y
vuelven, una vez más, sobre el cuestionamiento del lenguaje anquilosado. Las
coordenadas pragmáticas de Escarcha
o centella bebe conmigo, van situando al lector en parajes donde no
se aceptan premisas fáciles, en lugares donde la última página siempre
es la primera puerta que se cierra. María Luisa Lázzaro bucea en la
profundidad de sus piélagos buscando resonancias en la ficción, y en ese juego
confronta al verso y la prosa, deja palabras sueltas, como si colgasen al azar.
Sin embargo, no hay elementos gratuitos en la obra de esta hermeneuta de la
palabra.
María Luisa Lázzaro funda su articulación lírica en el dinamismo proteico
de la imagen y de la voz que se desborda en una tierra comprimida,
que rellena cada hueco de hambre. Escarcha o centella bebe conmigo se escribe desde
la paradoja y desde la imagen que sostiene la armazón poética. La estructura de
algunos poemas muestra el juego, la imaginación y la ironía que convocan otras
formas de expresión más audaces para devolver el fulgor a las palabras y al
acto de creación poética. Los juegos lingüísticos, como recurso válido para
ensanchar los horizontes de la creación y la percepción, evocan una danza
irreverente, asordinada, donde la palabra creadora parte del centro de la escarcha
o la centella hacia la cosmovisión interior.
María Luisa Lázzaro tiene una extensa obra poética y narrativa, en su sitio
Web podrás conocer más de la producción literaria de esta poeta venezolana:http://www.marial-lazzaro.blogspot.com/Lesbia Quintero