Al escribir, uno proyecta imagen, pensamientos y carencias. Así, cuando el lector está frente a lo escrito, reconoce lo que el autor del texto quiso decir, lo intuye, lo imagina y en ocasiones, no alcanza a comprenderlo. Claro, para esto último, puede haber dos razones: o el autor está demasiado elevado y el lector carece de vocabulario para entenderlo o, lo más triste, el autor escribe y utiliza palabras que no conoce, que ignora su significado y que las usa solo por querer quedar bien con los demás, sin saber que se expone al escarnio y a la vergüenza públicas.



