.tucamon.es/cigarreras" data-mce-href="http://www.tucamon.es/cigarreras">Camon Cigarreras en Alicante a una conferencia impartida por mi compañero Julio Reinares,
acerca de la Historia de las Bibliotecas. Hoy y gracias a la
información que me ha facilitado Julio puedo compartirla con todos
vosotros.
Una
biblioteca, utilizando una definición muy general, reúne y organiza un
conjunto de materiales diversos para su difusión. Empezando la historia
casi por el final, quiero tomar como punto de partida la biblioteca de
la Asociación Cultural de la localidad de donde procedo, San Román de
Cameros, un pequeño pueblo de apenas cien habitantes enclavado en la
montaña riojana. En ella se cumplen casi por completo esos requisitos
que recoge la definición: una COLECCIÓN de libros; una ORGANIZACIÓN de
los mismos de una manera no normalizada pero efectiva; y la puesta a
disposición del USUARIO de esas obras, a la que Nicasio Olmos, el
encargado de su atención, dedicó más de 15 años de manera altruista,
además de encargarse del registro y ordenación de los ejemplares
recibidos por donación. Es sólo un ejemplo más de la importancia que los
libros y la cultura representan en nuestra sociedad, y da pie a
comenzar esta brevísima historia de las bibliotecas que refleja lo que
éstas fueron en sus inicios y en qué punto se encuentran tras más de
5000 años de existencia.
La
memoria fue la primera gran biblioteca, el gran contenedor del
conocimiento. Esto fue así hasta que llegó un momento en que para
determinadas actividades se hizo necesario un método que las hiciera más
fácil de recordar, se habían alcanzado los límites de la memoria y se
utilizó un medio que la plasmaba físicamente. Nos queda constancia de
que esto sucedió por vez primera en Mesopotamia en torno al año 3500 a.
C. Allí, entre los ríos Tigris y Eúfrates, se dieron las condiciones
para comenzar a vivir en sociedad y se estableció una civilización, la
sumeria, y como resultado de ese asentamiento se multiplicaron las
actividades agrícolas, ganaderas y comerciales. Los primeros documentos
escritos fueron por tanto de carácter contable, para llevar el cómputo
de todas esas operaciones. El soporte utilizado, por su abundancia,
resistencia y perdurabilidad, fue la arcilla, que adoptó la forma de
tabletas. Y para fijar por escrito el contenido se utilizaba una caña
con una sección triangular, de modo que al aplicarla sobre la arcilla se
trazaban signos en forma de cuña, lo que dio lugar a la denominación de
esta primera escritura como cuneiforme. Los primeros signos
escritos consistieron en una abstracción de ideogramas o trazos
figurativos. Las tabletas de arcilla así escritas se almacenaban en
salas, las primeras bibliotecas, aunque más bien podríamos decir que
eran archivos, donde se les proporcionaban las condiciones idóneas para
su conservación, humedad y temperatura adecuadas, y se organizaban en
estanterías o recipientes ateniéndose a su tamaño, incluso identificando
su contenido en el lomo.Más
adelante se crearán tabletas e incluso otros soportes (piedras
basálticas, metales) con otro tipo de contenido: edictos reales,
tratados políticos y comerciales, elencos de reyImrees, códigos
legislativos... Las obras de pensamiento y literarias, en cambio, se
difundían oralmente, aunque paulatinamente comenzarán a fijarse por
escrito conocimientos científicos, normas y rituales religiosos,
crónicas históricas e incluso composiciones poéticas.La civilización egipcia continuó el proceso de adopción de la escritura con sus peculiaridades; utilizaron caracteres jeroglíficos, signos más figurativos que los cuneiformes, e
incorporaron novedades fundamentales: un nuevo soporte, el papiro; un
nuevo formato, el rollo o volumen; y un nuevo material para fijar por
escrito, las tintas, que se aplicaban por medio del cálamo. Las
bibliotecas, allí denominadas Casas de la vida, aparecieron vinculadas a
centros de enseñanza en templos.En
Grecia, hacia el siglo VIII a. C., utilizaron un alfabeto propio,
derivado del fenicio, y que restringía los caracteres a poco más de
veinte, viniendo a simplificar cada vez más la escritura. Hasta entonces
la literatura se había transmitido de manera oral, gracias a
recitadores profesionales e incluso a través del teatro. Con el alfabeto
se fijará por escrito, en rollos. Se emplearán también, con fines de
carácter efímero (anotaciones escolares, emisión de votos), otros
soportes como las tabletas enceradas o enyesadas y las ostraka
(fragmentos de cerámica, conchas de moluscos, etc.). Las bibliotecas
eran fundamentalmente de carácter privado, y de nuevo ligadas a centros
de enseñanza, como la Academia de Platón o el Liceo de Aristóteles. Son
destacables en este mundo heleno grandes bibliotecas como la de
Alejandría, de vital importancia ya que se concibe no como un mero depósito sino
como una institución dedicada a la adquisición y copia de obras, y a su
organización para una posterior recuperación, aspectos más cercanos a
nuestra actual concepción de la biblioteca. Su importancia, que se
extenderá casi hasta las postrimerías de la época imperial romana,
radicará en la creación de la filología y la crítica textual, que se
aplicaron en esa tarea ingente de copiado. También en Pérgamo contaron
con una de las más grandes bibliotecas en su tiempo, donde aparte de
papiro se utilizó como soporte el pergamino o piel curtida de animales.En
Roma, pueblo caracterizado por el fomento de lo público, la biblioteca
también adquirirá esta dimensión; muestra de ello es la biblioteca de
Asinio Polión, primera biblioteca pública, que contaba con sendas
secciones de obras latinas y griegas. Se establecieron sistemas de
préstamo, eso sí, avalados por una fianza económica. Ha de destacarse la
proliferación en este período del formato códex, ejemplificado en las
tabletas enceradas, conjunto de tablillas unidas por el lomo que
configuran lo que en adelante se denominará como códice, formato que ha
llegado hasta nuestros días. También abundaron en época romana las
bilbliotecas privadas.Con
la caída del Imperio Romano hacia el siglo IV a. C. se inicia el
período altomedieval. Todo lo conseguido hasta ahora con la concepción
pública de la biblioteca se desvanece, y el libro, la cultura, quedará
relegada a monasterios gracias al influjo de la iglesia cristiana. La concepción de la biblioteca cambia de nuevo, pues ahora el
monasterio se convierte en centro de copiado e iluminación de obras,
fundamentalmente de carácter religioso, que se ponen a disposición
únicamente del clero. Son obras copiadas en códices de pergamino. Ha de
señalarse, de todas formas, que también se procedió al copiado de obras
de enseñanza y de autores paganos, aunque su finalidad era perfeccionar
la expresión y el estilo del copista. Las reglas monacales contemplarán
la lectura como uno de sus elementos esenciales, junto con el trabajo y
la oración. Es interesante, en el ámbito hispano, la aportación de San
Isidoro de Sevilla, que en sus Etimologías expone las
características que han de tener las bibliotecas: muros y techos
pintados en un verde tenue para descanso de la vista, armarios para
colocar los códices, salas de lectura... En cuanto a este último
aspecto, se produce un importante cambio: en épocas precedentes la
lectura era pública en voz alta, y ahora nos encontramos ante un proceso
de lectura introspectiva, silenciosa.Debe
destacarse el papel de la biblioteca en el incipiente mundo islámico,
donde adquirieron la denominación de Casas de sabiduría. Anejas también a
centros religiosos y educativos, ofrecieron salas de lectura y préstamo
de obras, además de un sistema de organización con catálogos y
clasificaciones por materias. Ofrecieron obras religiosas y también de
contenido científico. Además, ha de reseñarse una gran aportación del
mundo musulmán como fue la difusión del uso de la pasta de papel como
soporte de escritura.El
movimiento cultural surgido por iniciativa de Carlomagno, conocido como
renacimiento carolingio, fue primordial para el desarrollo de grandes
bibliotecas monacales como vehículos transmisores de la cultura.
Carlomagno puso al frente de su proyecto a Alcuino de York, que pasó a
dirigir la Escuela Palatina de Aquisgrán.Llegados
al primer milenio de la era cristiana, ya en el período bajomedieval,
dos instituciones van a destacar como albergadoras de la cultura: las
catedrales y, derivadas de estas, las universidades. Se crearán así
grandes bibliotecas catedralicias, sobre todo en el mundo anglosajón. Ha
de señalarse como muestra la Catedral de Durham, en la que sobresale la
figura de su obispo Richard de Bury, gran amante del libro como puede
constatarse en su obra Philobiblon, en la que además de mostrar
su pasión por el libro también ofrece un reglamento de préstamo y
cuidado de libros para la biblioteca de la Universidad de Oxford.El
libro pasa en este momento a ser un vehículo de conocimiento, un
instrumento de trabajo y consulta. Se produce en torno a él un
surgimiento del comercio, plasmado en los estacionarios, que se
dedicaban a prestar a los alumnos universitarios partes de obras
(pecias) para que estos las copiaran. Con el conjunto de pecias se
constituía el exemplar (es decir, el libro completo). En las
universidades los libros estaban habitualmente encadenados a la
estantería, y en muy contadas ocasiones se prestaban a profesores y
alumnos.También
fueron habituales bibliotecas o colecciones reales o al servicio de la
aristocracia, en muchos casos más como muestra de alarde de riqueza que
como afición a la lectura. No es el caso de ejemplos como las de los
reyes castellanos Alfonso X o Sancho IV, o la del Marqués de Santillana.El
Renacimiento, caracterizado por la vuelta a los clásicos grecolatinos, y
por el humanismo en contraposición al precedente teocentrismo,
significó un gran impulso para las bibliotecas, sobre todo de carácter
privado. El bibliotecario adquiere especial relieve al encargarse no
solo de la conservación y reposición de libros, sino también del
asesoramiento para compras, la dirección de copistas, iluminadores y
encuadernadores, y la corrección de las obras.El
gran hito en este momento, mediado el siglo XV, lo va a representar un
método de reproducción mediante tipos móviles que supondrá un punto de
inflexión en la historia del libro y, por extensión, de las bibliotecas.
Se trata de la IMPRENTA. Su invención va a suponer la democratización
paulatina de la cultura: gracias a ella crece la producción y comercio
de libros, estos se abaratan y se hacen accesibles a más gente, la
lectura crece exponencialmente. Surgen
grandes Bibliotecas Reales, precedente de las Bibliotecas Nacionales:
Francia, Baviera, Austria, El Escorial. Todas ellas se instalaron en
impresionantes edificios, se preocuparon mucho de albergar grandes
colecciones de obras manuscritas de gran valor, así como incunables
(impresos anteriores a 1501). Ni que decir tiene que su acceso por parte
del público estaba restringido. Algunas de ellas recibieron el cometido
de recoger un ejemplar de cada obra que se imprimiese, precedente de lo
que más tarde vendrá a denominarse Depósito Legal.Llegado
el siglo XVII, nos encontramos ante una época de crisis política,
social y económica, pero ante esta deprimente situación se va a producir
en lo tocante al mundo bibliotecario el germen de las modernas
bibliotecas públicas, a partir de las creadas por hombres generosos que
abrieron sus fondos para su consulta. Estamos en un momento en el que
comienza a valorarse más el contenido que la apariencia del libro, y se
reconoce el interés de las obras más recientes y actualizadas. Surgen
así bibliotecas como la Ambrosiana (Milán), o la Biblioteca de Mazarino
(París). Destacó en esta última la actividad de su bibliotecario,
Gabriel Naudé, que recogió una serie de elementos en cuanto a las
características, organización, servicios, horarios y acceso a la
biblioteca en su tratado Advis pour dresser une bibliotheque.El
siglo de la Ilustración va a fomentar una secularización de la cultura,
proliferando más las obras de pensamiento y de carácter literario.
Además los centros intelectuales, anteriormente monasterios y
universidades, pararán a serlo ahora academias, salones de nobles,
tertulias, cafés... y por supuesto las bibliotecas. Principalmente en el
mundo anglosajón aparecen las bibliotecas parroquiales, destinadas a
sus fieles pero que también se abrirán a un público laico. Aparecen
también las bibliotecas de carácter asociativo, de suscripción, sujetas
al pago de una cuota o fianza. Surgen también Bibliotecas Nacionales
como el British Museum, la Biblioteca Nacional de Florencia o la
Biblioteca Nacional Española.El
siglo XIX arranca con la Revolución Industrial, elemento clave en el
impulso tecnológico de la Imprenta. Esto derivará en una mayor
producción libraria y en el gran desarrollo de la prensa periódica. Si a
ello unimos el crecimiento demográfico y la expansión de la educación
obligatoria, con el consiguiente crecimiento del número de lectores, se
generan las condiciones adecuadas para la multiplicación de las
bibliotecas públicas. Surgen estas en el ámbito anglosajón, a partir de
los Mechanics' Institutes, institutos unidos a las fábricas que en sus
bibliotecas ofrecían a los obreros fondos especializados. En España ha
de destacarse la creación de una red de bibliotecas públicas
promocionada por la Ley de Instrucción Pública, así como el impulso de
la organización bibliotecaria con la Biblioteca Nacional al frente.El
siglo XX supondrá una mayor extensión de lo que se había gestado en el
anterior, y todo ello de la mano de grandes avances tecnológicos. Al
libro tradicional se sumarán nuevos soportes y materiales que pasarán a
integrar las colecciones de las bibliotecas: fotografías, mapas, planos,
grabados, materiales sonoros y audiovisuales magnéticos y ópticos o
informáticos (casetes,CD, DVD, discos duros, servidores virtuales...).
Junto con las ya extendidas bibliotecas públicas proliferarán de todo
tipo: escolares, de hospitales, de prisiones, para ciegos, móviles
(bibliobus, biblioburro...), etc. Las Asociaciones Profesionales
internacionales (IFLA) y nacionales (ALA, y en España Anabad, Fesabid,
etc.) trabajarán por la extensión, mejora y normalización del mundo
bibliotecario. Se crearán redes bibliotecarias públicas, universitarias,
etc., que van a encontrar un gran impulso gracias a las nuevas
tecnologías e Internet. Fundamentalmente Internet permite un nuevo modo
de acceso a la información, no lineal como hasta ahora, sino
hipertextual. Permite además al usuario actuar de manera remota, crear
contenidos, interactuar: bibliotecas y catálogos virtuales, libros
hipertextuales, libros interactivos, documentos digitales, redes
sociales... La revolución que esto ha ocasionado puede presuponer que
hoy día la biblioteca es cada vez menos presencial, todo está alojado en
ciber-servidores y el bibliotecario no parece necesario si disponemos
de grandes buscadores en la Web. Pero en este comienzo del siglo XXI que
estamos viviendo se está fomentando el papel de la biblioteca como
lugar de encuentro e interrelación, de dinamización social y cultural,
en un mundo cada vez más virtual. El futuro está en nuestras manos...