Revisión mental en la DGT

 

. Ya dije que si por ella fuera, los adultos seguirían encajonados en los pupitres de párvulos. Con estultos de esta ralea, el avance no es posible.

No me equivoqué pues la infeliz, cara de amargada y desconsolada la tiene un rato, ahora va pensando en examinar a los españoles para renovar el carné de conducir, lo que hace pensar en qué clase de imbéciles hemos depositado un voto para que gentuzas de todo pelaje nos intenten tomar el pelo y el bolsillo de manera perpetua.

La DGT durante décadas fue un organismo que ofrecía una funcionalidad coherente para ordenar el tráfico y velar competentemente por la seguridad vial, hasta que un majadero llamado Pere Navarro encontró la fórmula para politizar la actividad de la conducción, acabar con la industria de la motocicleta y multiplicar un plan de sanciones usado como comodín por las administraciones públicas para suplir la eficacia de la gestión por la imposición saqueadora contra los usuarios de vehículos.

Encontraron la fórmula perfecta para que otros pagaran la corrupción y el despilfarro político. Si no estallamos es que somos buenos... hasta que dejemos de serlo y nos importe poco. La presa va a reventar y no se dan cuenta.

Aquel miserable poseído de una soberbia repugnante se convirtió en el indeseable que millones de conductores soportaron en tanto provocaba la muerte de ciudadanos con demenciales sugerencias como dar a entender que cualquier automovilista estaba capacitado para conducir una motocicleta de 125 centímetros cúbicos. No teniendo nada que ver la conducción de un coche con un vehículo de dos ruedas, no fueron pocos los muertos de este experimento que sólo un majadero podía pergeñar con una ligereza rayana en lo criminal. Y salió de rositas.

Llegó el triunfo electoral del PP y pensamos muchos que esas ínfulas totalitarias desaparecerían con una manera de gobernar más afín al cuidado de los procedimientos que a la penalización a destajo inaugurada por el PSOE en materia vial. Nos equivocamos y al día de hoy clama venganza popular el engaño surgido de un consenso electoral donde se eligió un partido que, al final, nadie votó. En la DGT estaba exponencialmente decidida esa canalla de autoritarismo que ha impuesto, hasta lo demente,  las normas que sólo unos imbéciles podían idear.

Paradójicamente, en la DGT no se sabe conducir, es obvio, porque cualquier conductor con años de experiencia y millones de kilómetros acumulados, advierte que la radicalización de las prohibiciones obedece a un vergonzante desconocimiento de las condiciones verdaderas y dispares de la conducción.

De todos los fulanos y menganos por conocer, una desconocida de la ciudadanía llamada María Seguí  tomó el relevo convirtiéndose al poco tiempo en la mengana que todo conductor tiene presente cuando circula con el temor de que su economía sea exterminada después de ser captado por una vigilancia despótica al nivel de las peores dictaduras.

Criminalizar al conductor con medidas absurdas de coacción se ha convertido en el perfecto pretexto para robar impunemente bajo el yugo estafador permanente de una DGT dirigida por una idiocia repulsiva.

Al día de hoy en las carreteras la desatención a la actividad de la conducción se ha convertido en la característica que define la responsabilidad de dirigir un vehículo sin saber en verdad qué puta actividad realizamos según las dementes cortapisas de esta doctora de la muerte que mete el bisturí sin saber qué órgano es el que va a operar.

No teniendo otra cosa que hacer esta compleja mente con inspiraciones totalitarias, se dedica a sembrar de pájaros con radar el cielo para otro día levantarse con la feliz idea recaudatoria de volver a examinar a los españoles de un carné de conducir. "Revisión de conceptos" llama a la ocurrencia saqueadora de derechos adquiridos y libertades que nos pertenecen.  Cuando a una mediocre se le entrega la llave del poder, es normal que responda de manera tan absurdamente inoperante y tiránica.

Auténticos ignaros provistos de un despotismo proclive al complejo de superioridad, el propio de gentecillas que se convierten en dioses en cuanto adquieren una responsabilidad, son los recaudadores descarados que descuidan la primordial prevención de accidentes que estriba en un buen estado de las carreteras.

Encontrar en una autovía de cuatro carriles una señal de prohibición de 90 con radares apostados para cazar al incauto conductor es de una desvergüenza que sólo los ladrones con patente de corso administrativo se pueden permitir. Bajar la velocidad establecida hace más de 50 años en carreteras, es la medida de una consentida en la estupidez. Esta chulería demente sucede porque nos han acostumbrado a ser saqueados pasando por el aro de lo incongruente, pero están jugando con nuestras vidas cuando no arreglan desperfectos del asfalto que matan sin solución a quienes son además víctimas de una recaudación propia de estafadores gubernamentales.

Las normas de estricta vigilancia han acabado con la atención necesaria con la que hay que conducir y llevamos ejerciendo durante décadas. Las imposiciones de velocidad son absurdas y deliberadamente restrictivas para que todo conductor caiga en la red del latrocinio recaudatorio.

Algunos obran,  muy seguramente, tras esa mente ordinaria que se esconde tras un cargo extraordinario. Una mente plena de complejos, de ignorancias, de imbecilidad propia y que contagia en lo ajeno. Una revisión mental sería aconsejable o en su defecto alguna actividad que los saque de esas amarguras personales que proyectan desde su cargo. Tampoco estaría mal saber si estos controladores de recaudaciones estafadoras tienen carné de conducir y cuál es el nivel de destreza en la conducción que intuyo pobre o inexistente.

Suma y sigue contra tanta paciencia harta que terminará reventando en la cara de tan despóticos administradores de la explotación contra el ciudadano. A ver hasta dónde llegan antes de que se les pare en seco;  algo previsible a tenor de la chulería con que se deciden medidas coactivas, permanentes, contra el indefenso y cada vez más harto contribuyente del que jamás se sacian.

UNETE



Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

  • linkedin facebook twitter
  • ©reeditor.com
  • Todos los derechos reservados
  • Avisos Legales