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Los
volúmenes relatan la historia de España del siglo XIX desde la batalla
de Trafalgar en 1805 hasta el golpe de estado del general Pavía en 1874 y
el gobierno de Cánovas del Castillo, a la vez que varias historias
novelescas protagonizadas por los personajes de ficción que participan
como actores en los acontecimientos históricos. Cuando sus protagonistas
no pueden ser testigos directos de la historia, apela el autor a
recursos varios a veces muy forzados, o a procedimientos indirectos como
narraciones de testigos.
En la primera serie
Galdós se sirve de Gabriel Araceli. Es éste protagonista y narrador en
primera persona y personaje cercano en muchos aspectos a aquellos héroes
de las novelas folletinescas que, tras superar una serie de difíciles
pruebas, triunfan. La parte argumental que a él se refiere deambula por
estimulantes pero anodinas tramas, sin profundizar ni documentar. El
argumento se convierte así en un análisis del gran tema de la ascensión
de la burguesía al poder. En el marco histórico, el autor selecciona
acontecimientos señalados y se sirve de los testigos de los hechos para
recrear ambientes, rememorar batallas y encuadrar las intrigas políticas
para construir una serie activa, de guerras, de heroicidades, de
voluntad y de optimismo. Galdós no parece tener los planes claros desde
los primeros títulos, pero le va dando coherencia en el segundo y tercer
episodios y convirtiendo su obra en otra mayor en la que la acción
guarda una emocionante continuidad.La época narrativa de la segunda serie
se extiende hasta el final de la guerra contra los franceses (1844)
hasta el final del reinado despótico de Fernando VII (1814-1833) y la
lucha política entre absolutistas y liberales (1834). Está formada por
los siguientes títulos: El equipaje del rey José, Memorias de un
cortesano de 1815. La segunda casaca, El grande oriente, El siete de
julio, Los Cien Mil Hijos de San Luis, El terror de 1824, Un voluntario
realista, Los apostólicos y Un faccioso más…y algunos frailes menos,
episodio en el que Galdós se despedía de los lectores y daba por
concluida la empresa, aunque luego cambiara de opinión. Son
acontecimientos importantes de esta serie la vuelta al trono de Fernando
VII, su pronunciamiento contra la Constitución de 1812, la restauración
en 1820, el Trienio Liberal y la aniquilación del mismo a manos de los
Cien Mil Hijos de San Luis y un nuevo período absolutista que durará
hasta la muerte del rey. El personaje central Salvador Monsalud es
símbolo de la España liberal. Para representar a la España
tradicionalista se sirve Galdós de Carlos Garrote. Ya no tenemos
protagonista omnisciente, sino personajes que hablan en primera persona;
ya no son batallas contra los franceses, sino los problemas de la
patria, sus contradicciones y conflictos; ya no hay guerras, sino
exploración en las conciencias; ya no hay una lucha clara y heroica de
la independencia, sino una batalla en busca de la identidad de los
españoles encarnada de los dos protagonistas, figuras simbólicas de las
dos Españas que empiezan a destrozar sin piedad. La idea liberal y
progresista la encarna un hombre débil y aventurero.Las diez novelas de la tercera serie
fueron escritas en poco más de dos años. Aunque había prometido no
escribir más episodios, necesitó pagar los pleitos que lo llevaron a la
recuperación de su obra. El tiempo histórico se extiende desde 1834, con
el inicio de las guerras carlistas, hasta 1846 boda y mayoría de edad
de Isabel II, tras las regencias de María Cristina y de Espartero. Los
siete primeros relatan las guerras carlistas: Zumalacárregui, Mendizábal, De Oñate a la Granja, Luchana, La campaña del Maestrazgo, La estafeta romántica, Vergara. Los tres últimos, Montes de Oca, Los ayacuchos y Bodas reales,
se ambientan en las dos regencias y en el inicio de Isabel II,
prolegómeno de lo que será la cuarta serie. Nos encontramos aquí el
reinado de Isabel II desde la primera guerra carlista hasta la boda de
la reina. Varios volúmenes son casi totalmente novelescos, recuperando
el mismo esquema que en la segunda serie mediante un hilo simbólico. Los
protagonistas de esta serie no se mueven por ideales políticos, sino
que pululan, inspirados por el romanticismo, solitarios, aislados,
ajenos a la toma de posturas. La España romántica y desarraigada está
perdiendo su identidad, viene a ser la conclusión, se ha vuelto loca. A
diferencia de las series anteriores, ahora ya no hay un argumento que
abarque los diez episodios, no está trazado, sino que pasa el autor de
un asunto a otro en bocetos aislados. La crítica ha reconocido en esta
serie un afán de renovación experimental, de buscar un mundo
psicológico, religioso y sexual, entre otros asuntos, mediante diversos
ejercicios de estilo. Se ocupa la cuarta serie
de todo el reinado de Isabel II desde la revolución de 1848 al
destronamiento en 1868. Los últimos seis años (1862-1868) coinciden con
el comienzo de la estancia de Galdós en Madrid y pertenecen a la
historia vivida por el novelista. A la reflexión sobre los
acontecimientos, se añade ahora un acercamiento al pueblo, una
integración social, y también empieza el autor a preguntarse qué es
España indiferentemente del tiempo, como esencia, como ente
personalizada como individuo. El protagonista aparece ahora más
debilitado, y la importancia pasa a la vida colectiva, a la pluralidad
de personajes entre los que destaca José Fajardo, que será marqués de
Beramendi, liberal católico que simpatiza con los ideales del pueblo,
pero que no es capaz de romper con la vida burguesa.La quinta serie o serie final está formada solo por seis novelas: España sin rey y España trágica, Amadeo I, La Primera República, De Cartago a Sagunto y Cánovas,
estos últimos en tono pesimista o trágico. Aunque Galdós anunció la
séptima (Sagasta), nunca llegó. Tratan de la historia de España entre
1868 y 1880. No es una serie incompleta, pues la última novela tiene su
final, si no abierto, podría decirse, susceptible de ser continuada, por
tanto, inacabada. Es el ambiente de la Primera República y de la
Restauración hasta la muerte de Cánovas. A partir de Amadeo I, la
totalidad de la acción vuelve a ser narrada por un solo personaje en
primera persona, Tito o Tito Liviano, hombre menudo y enamoradizo, amigo
del autor, de quien recibe el encargo de escribir la crónica de estos
años, aunque no sabe bien qué narrar, o qué merece la pena ser narrado.
Fueron escritos en prosa muy fluida, que casi parece hablar con el
lector entre 1910 y 1912. En poco se parecen estos episodios a las
formas de los anteriores, pues estamos ante algo nuevo y original para
la novela histórica, sin antecesores ni continuadores, en la que la
propia historia dice no merecer la pena ser historiada. Algunos críticos
vieron en ellos el período de decadencia del escritor, aunque otros
descubren, por el contrario, una ruptura con la estructura narrativa
tradicional para intentar un nuevo tipo de novela.Cada
una de las series tiene una condición de novela continuada, unión que
garantiza y sustenta un protagonista. Dice a este respecto Hinterhäuser
que <>. La crítica valora muy
positivamente las dos primeras series y los lectores suelen sentirse
satisfechos con ambas colecciones. Se suelen considerar inferiores los
episodios restantes, aunque no falta en ellos destacados logros. Solo el
gusto de los lectores puede explicar que la primera serie tenga muy
superior difusión. Suele ser la crítica destaca como acierto, la
perspectiva del narrador porque no idealiza, ni destaca glorias pasadas,
sino que cuenta las cosas como sucedieron con su grandeza popular, con
la voluntad de plasmar el pueblo anónimo en torno a cada momento de los
nombres que hicieron la historia. El uso de la primera persona de la
primera serie ha hecho que algún crítico la relacione, sin demasiado
sustento, con la novela picaresca. A partir de la segunda serie
alternará el relato autobiográfico con otras formas de presentación
narrativa como la del narrador omnisciente, la epistolar, etc. Aunque
Galdós no llegó a poseer un verdadero estilo para los Episodios y
a pesar del carácter folletinescote algunos paisajes, no ajenos a los
estudios críticos, se hacen éstos interesantes, agradables en tono, en
comparaciones y en imágenes, en la dimensión de personajes y en la
descripción de ambientes. La intuición y la imaginación para enlazar lo
histórico con lo novelesco le sirvieron para conseguir páginas
extraordinarias. Y eso a pesar de estimulantes recursos para el lector
medio como las desapariciones y apariciones de personajes, el corte de
la tensión en momentos culminantes, los finales felices, el dominio
narrativo de los acontecimientos históricos…Pero la grandeza de los Episodios,
además de acercarnos a la Historia de España, es la plasmación y
percepción de un mensaje político, el de la libertad y la tolerancia.