Lic.
Mila M. Roldán Berroa
Especialista
en Pedagogía Preescolar.
Guiar
el desarrollo de los pequeños hasta donde su capacidad
intelectual nos lo facilite es tarea de toda la sociedad aunque
guiarles pedagógicamente a de corresponder a la escuela.
En
la asignación social de estos roles reconoceremos que
familia-escuela-comunidad deberá ser la sólida unidad en que
logremos formar adecuadamente a nuestros hijos por lo que puede
sernos útil tener en cuenta algunos aspectos de interés como
adultos responsables de la formación en el hogar.
Nos
referimos entonces a conocerlos para formar sólidos valores que les
hagan, hombres y mujeres cultos preparados para enfrentar los retos
de un mundo cada día más complejo en variadas aristas, tanto y más
en las relaciones de comunicación entre los miembros de la sociedad.
En
este andar queremos precisar que las capacidades son
particularidades de la personalidad indispensables para ejecutar o
realizar con éxito una actividad, lo que significa que no son
innatas, se requiere dominar un sistema de acciones psíquicas
prácticas que la psicología define como Habilidades.
Es
durante la etapa preescolar en la que se conformará un Sistema
de habilidades intelectuales que podremos agrupar como:
Generales
Comunicativas
De
relación y convivencia social.
Entre
las primeras encontraremos: Observar, Identificar, Comparar, Seriar,
etc. En las segundas estarán: Conversar, Describir, Dialogar,
Narrar, entre otras.
Para
agrupar a las del tercer grupo contamos con el desarrollo que se va
logrando en las dos anteriores cuando nuestros pequeños sean
capaces de regular su conducta. Aspecto que iniciarán con la
asimilación de las normas del mundo que les rodea en el que nosotros
jugamos un papel rector al guiar su educación.
Nuestro
papel esencial estará dirigido a lograr que las capacidades
adquiridas formen habilidades que conlleven a fijar hábitos en
la vida diaria.
Expuestos
los aspectos generales del tema a abordar que no es otro que dar
continuidad al trabajo para formar valores, demos paso a cómo
podremos lograr cumplir nuestro objetivo.
Lo
más importante a tener en cuenta es que conozcamos (disculpen la
reiteración) que aquello que enseñamos bien argumentado a través
de una paciente explicación demostrativa, debe ser asimilado por los
pequeños (formación de habilidad) para repetirlo cada día hasta
convertirse en hábito.
Etapas
para el desarrollo de habilidades:
I
II
III
Ciclo
del proceso
Adquisición
Comprensión
Ejercitación
(Hábito)
Actuación
de los adultos.
Explicamos
y demostramos.
Damos
tiempo a asimilar, respondemos y aclaramos dudas.
Propiciamos
que se ejercite y practique lo aprendido hasta su total
incorporación al modo de actuar.
Actuación
de los pequeños.
Escuchan,
observan, razonan, aprenden.
Observan,
identifican, comparan, asimilan, razonan.
Actúan.
Al
detenernos a comprender el contenido de la tabla podremos darnos
cuenta que todo lo que queremos que nuestros pequeños aprendan
debemos convertirlo en nuestro actuar cotidiano ya que la habilidad
base de la adquisición del conocimiento es, la observación, de ahí
“que los niños haga más lo que ven hacer que aquello que le
decimos que hagan”.
La
autoridad paterna que en
ocasiones nos traiciona nos lleva a exigir en la actuación de
nuestros hijos:
Lo
que no fuimos o somos capaces de hacer.
Aquello
que no nos gusta.
Cosas
que no explicamos lo suficiente por considerarlos pequeños.
No
es el lenguaje la única herramienta de nuestra “caja” para
formar valores, explicar, demostrar, aclarar y precisar acompañan
al imprescindible “buen ejemplo
diario”.
Con ello quiero decir que cuando los pequeños aún no han
instaurado sus primeras palabras son capaces de comprendernos a
través de nuestras acciones.
Lo
que se conoce como: lenguaje pasivo, forma
de comunicación básica en el primer año de vida.
Nada
impositivo o carente de explicación podrá ser asimilado de forma
consciente.
El
niño/a podrá complacernos y hacer aquello que le exigimos pero una
vez no estemos presentes en su actuación hará aquello que para
él/ella parezca fácil y hasta correcto.
Todo
proceso para la adquisición de conocimientos requerirá que
cumplamos estas fases a las que nos hemos referido obligándonos a
transitar un camino lógico.
Pongamos
un ejemplo negativo y reiterado en muchos hogares:
Malena
tiene 2 años y 5 meses recién cumplidos, sus padres le han
enseñado los colores,
algunas
variaciones de tamaños, los números del uno al cinco y hasta los
buenos días en inglés. Todo ello por repetición, lo que ha
desarrollado en la pequeña la habilidad de observar y la memoria.
Sin
embargo lo anterior no obliga a la pequeña a razonar con la
información dada solo a repetirlo que le decimos, así que ante
situaciones/problemas derivadas de los saberes que ya le han
enseñado, la pequeña no encuentra respuestas a:
Encontrar
una ficha diferente a esta.
Seleccionar
la más grande de todas. (o la más pequeña)
Explicar
por qué el 2 va después del 1.
Dónde
hay más cuándo tienes 2 o cuando tienes 3.
Cuando
a la casa llega alguien y le da los buenos días la pequeña apenada
se esconde tras las piernas de su padre.
Todo
eso podría asustarnos o parecer exagerado pero “atiborrando” la
mente infantil con conocimientos “no razonados o simplemente
incomprendidos” no avanzamos en el saber infantil y vamos dejando
espacios en blanco que más tarde serán “lagunas” en la dinámica
de su aprendizaje.
Los
padres deben saber que cada etapa tiene sus propias potencialidades
para desarrollar determinados conocimientos. (Ver concepto Zona de
Desarrollo en Juntos Podemos I)
Algo
así sucederá si a usted se le ocurre manejar sin aprender el Código
del Tránsito y claro si conoce este pero no lo práctica se quedará
sin ir a sitio alguno.
En
el caso de los niños usted sabrá que gatean, se incorporan, dan
pasos, antes de caminar salvo raras excepciones.
Conozca
a sus hijos para saber aprovechar el máximo de sus potencialidades
al formar valores:
1
año:
Tienen
dependencia total del adulto, siendo la comunicación con estos su
actividad rectora. Su crecimiento es acelerado, son susceptibles a
las enfermedades. Avisan por medio del llanto cuando sus necesidades
no están satisfechas.
Todo
lo anterior indica la necesidad de demostrarles un estado anímico
positivos desde el saludo del amanecer. Prestar atención a sus
necesidades higiénicas y de alimentación.
Aquí
comienza la formación de valores la adecuación y cumplimiento del
horario de vida es el punto de partida de esta enseñanza.
De
1 a 2 años:Aún
dependientes del adulto, inestables en las acciones del juego para el
que no hay secuencias lógicas. Comienzan a demandar la demostración
del adulto. Su actividad rectora es manipular los objetos a su
alcance para conocerlos. Repiten sílabas, palabras y frases
aisladas. Reclaman estar aseados. Lloran cuando no tienen satisfechas
sus necesidades. Comienzan a manipular los cubiertos para
alimentarse, sientan bases de comunicación con otros niño/as.
Muestran alegría ante rostros conocidos.
Son
útiles las actividades de correlación e instrumentales, entre las
que se encuentran introducir y extraer objetos pequeños en ranuras
de diversos tamaños. Se
familiarizan con materiales para el dibujo y la plástica.
De
2 a 3 años:
Son
más independientes, se comunican con los adultos y expresan
emociones positivas y negativas ante hechos y fenómenos. Inician las
relaciones positivas con otros niños, establecen conversaciones
cortas de carácter situacional, al construir oraciones de más de 4
palabras e iniciarse en el uso de estructuras gramaticales simples.
Adquieren
como actividad rectora las acciones con los objetos, utilizando en el
juego objetos sustitutos. Se orientan a nivel interno con la
utilización de acciones de comparación, de color, forma y tamaño
de los objetos entre las que encontramos la comprensión de igual a,
diferente de, más grande que.
Realizan
cuadrupedias, saltan, lanzan pelotas con dos manos y las hacen rodar
con bastante dirección.
Reconocen
a los adultos de la familia y muestran agrado por aquellos que se
relacionan con los miembros de esta. Sostienen la cuchara y llevan
los alimentos a la boca sin ayuda. Realizan pequeñas acciones de
aseo personal.
Saludan
y son capaces de mostrar ante ajenos los logros que alcanzan en su
desarrollo, bailan, cantan, recitan y se hacen acompañar de
movimientos corporales.
De
3 a 4 años:Expresivos,
activos, con necesidad de movimientos, su actividad es más compleja
y variada. Aumenta su independencia intentando hacerlo todo solos.
Sus acciones son más complejas y adquieren un carácter intencional.
El juego pasa a ser la actividad rectora en la que establecen
relaciones.
Conocen
colores, formas y tamaños de los objetos. Establecen de forma global
relaciones cuantitativas.
En
esta etapa se define la crisis de los 3 años en la que se empeñan
en el deseo constante de independencia.
Se
expresan con claridad y hacen uso consciente de las interrogantes:
¿por qué?; ¿para qué? Usan frecuentemente el ¿qué? en la
búsqueda de más explicación.
Desarrollan
la imaginación, representación, expresan su opinión con más
claridad, utilizan las estructuras gramaticales del idioma se
definen más sus dibujos.
Elaboran
cuentos sencillos y narran sus propias vivencias. Modelan, construyen
siguiendo un modelo. Reptan, sus movimientos poseen más
coordinación, escalan con evolución.
Manejan
cuchara y tenedor, utilizan para su alimentación el pan y la
servilleta. Realizan acciones de autoservicio, higiene y cuidado
de plantas y los animales.
Comienzan
a evaluar la conducta de los demás y pueden reprimir sus deseos en
función de los intereses de los demás.
De
4 a 5 años:
Con
una actividad más compleja perfeccionan la orientación en el
espacio y en el tiempo. Su actividad rectora será el juego de roles
con argumentos. Planifican sus acciones acompañándose de un método
para lograr su objetivo. Son sensibles ante el contenido de cuentos
infantiles, canciones, poesías, láminas.
Reconocen,
describen, clasifican por color, forma, tamaño las variaciones de
los objetos y elementos de la naturaleza.
Explican,
dialogan, narran. Dominan las estructuras gramaticales. Establecen
relaciones esenciales y accionan con cantidades.
Corren
con cambios de dirección, saltan consecutivamente en diferentes
direcciones, lanzan,capturan pelotas combinadamente.
Dan
expresividad a sus dibujos y son capaces de reconocer la belleza.
Cantan y bailan siguiendo el ritmo.
Surge
el deseo de ser útiles a los demás, evalúan su conducta y adaptan
sus necesidades de actividad a las de los demás pequeños de su
grupo.
Manipulan
todos los cubiertos, la servilleta y el pan. Cuidan de su ropa y de
su presencia personal. Se calzan y visten sin ayuda. Cepillan sus
dientes e intentan peinarse con relativo control. Pueden participar
en determinadas acciones cuando se bañan con ayuda adulta.
Siembran,
riegan y limpian las plantas, cuidan los animales y cooperan en
tareas más complejas del hogar como recoger su cuarto, trasladar
objetos, etc.
Lecciones
aprendidas:
La
formación de hábitos dependen del conjunto de habilidades
adquiridas.
Un
hábito es un componente automatizado de la habilidad.
La
habilidad es el dominio de acciones psíquicas-prácticas o de un
sistema de operaciones necesarias para la realización de una
actividad.
En
el trabajo para formar habilidades de relación y convivencia social
se requiere el desarrollo de habilidades generales y comunicativas.
Desde
que el/la niña nace estamos en condiciones para comenzar la
formación de valores socioculturales.
Acelerar
la adquisición de conocimientos deja espacios vacíos difíciles de
complementar a lo largo de la vida.
Recuerda
guía sus pasos teniendo como centro de tu misión filial sus
intereses y necesidades.