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Exactamente tres personas tienen la ambición personal ‘de querer ser’.
Quieren ser presidentes del PP regional y, llegado el caso, presidentes de la Junta de Castilla y León.
Una de las personas, sobre todo, está moviendo los palillos para llegar
el primero a la meta, pero en Génova-13 no le dan el visto bueno, a
pesar de la confusión generada hace unos días por Lolita de Cospedal al
confundir sus planteamientos. Me refiero al actual alcalde salmantino, Alfonso Fernández Mañueco,
ex consejero de Justicia en la legislatura anterior y ‘pelota’ visible
(dicho con todo respeto) del actual presidente hasta hace muy poco
tiempo, además de ser uno de los consejeros más aprovechado de los
bienes públicos siempre que toca poder. No puede perdonar a Herrera
Campo que le instara a encabezar las listas electorales al Ayuntamiento
de Salamanca. Sin duda bajó numerosos escalones políticos aunque se
mantuvo como secretario general del PP en la comunidad.
Se
da el caso de que Fernández Mañueco no ha regateado esfuerzos para
abrir el melón sucesorio cuanto antes; es el más interesado en que se
hable de ello, a pesar de las palabras del todavía presidente, Juan
Vicente. A Mañueco no le dan el visto bueno los afiliados salmantinos ni
la directiva regional y mucho menos sus compañeros de partido a nivel
nacional. Está más aislado que nunca. Lleva tiempo pagando su actitud
levantisca en el PP, sus inconexas ambiciones, su afán ‘incendiario’ y
su juventud. En Madrid saben de la reunión que convocó hace unos días,
como secretario general, y se encontró con la sorpresa de que se
presentó Herrera Campo para desactivar sus intenciones presuntamente
sediciosas.
La
suerte y el saber político del actual presidente hicieron que de esa
reunión no saliera un claro acto de sedición, pues esa era la soterrada
intención. Hace tiempo que Fernández Mañueco no da una a derechas: si
monta un circo crecen los chimpancés y encogen los elefantes. Poco a
poco su imagen política se ha ido mermando, de ahí que él mismo haya
perdido la carrera sucesoria, donde hace un año parecía que tenía todas
las de ganar.
Tanta ambición ha llegado a hartar a miembros de su partido en la comunidad de Castilla y León, de ahí que Fernández Mañueco se haya convertido en la diana del popular alcalde vallisoletano, Francisco Javier León de la Riva.
No hay duda que los alcaldes de Valladolid y Salamanca son quienes
menos opciones tienen en este momento para suceder a Herrera Campo (los
motivos son sobradamente conocidos respecto a Javier León), aunque por
preparación es el alcalde de Valladolid quien da
“sopas con onda política” a la mayoría de los alcaldes comunitarios.
Otra cuestión bien distinta es su afán por hablar claro siempre, muy
claro, y con la honradez por montera de saludo. Doy fe.