. No me malinterpreten. Estudié esta carrera porque lo deseaba, y
sigo ejerciendo, con mayor o menor suerte, porque no puedo dejarla. Y por eso,
porque estoy dentro, procuro rescatar a los más jóvenes de su candidez.
Sí. Ser periodista engancha. Gusta. Atrae. Y desespera.
Primero, porque nada es como te lo imaginas. Segundo, porque nadie en la
carrera (tienes suerte si alguien de la profesión te da clase en cinco años) te
explica bien en qué consiste, qué hay que hacer… y qué te espera en una
redacción. Y tercero, porque una vez que estás dentro, es muy complicado
librarse de ella.
Nada es como te lo imaginas porque se llega a ella con
una idea muy vaga de lo que es el periodismo. “Contar lo que ocurre, ¿no?”
Responderán muchos de ustedes. Sí. Pero esa es sólo una parte. Hay que
interpretar, escribir, manejar al jefe, tener presente la ideología de la
empresa, hacer malabares con el tiempo… mucho más que el “formar, informar y
entretener” que cae siempre en algún examen. Por no hablar del periodismo
disfrazado, el “escribe algo bonito de tal administración, haz un reportaje de
tal empresa o sal ahí y di algo gracioso”.
No sabes qué te espera en la redacción. Por lo general,
al menos esa es mi experiencia, el ambiente en una redacción es, a los ojos del
tierno becario recién llegado, una balsa de aceite. Todos se llevan bien. No
hay dolor. Pero con el tiempo descubres rencillas, odios personales, revanchas,
corrillos, cotilleos, miradas asesinas, zancadillas… gente que no trabaja y se
lleva las palmaditas en la espalda (cuando no son premios) y gente que se deja
la luz del día en el ordenador y de los que rara vez se acuerda nadie. Por
cierto, de los primeros hay muchos, pero de los segundos, los verdaderos
periodistas, aún hay más.
Ser periodista significa renunciar a una vida normal. Los
horarios carecen de sentido común. Perder la pista a los amigos ‘no periodistas’
es muy habitual gracias a una profesión que te tiene atada a la mesa de la
redacción diez horas al día. Ser periodista significa, precisamente por esa
falta de tiempo, renunciar a tener una relación normal (afortunados los que no
coleccionan fracasos sentimentales). Ser periodista significa vivir anclado a
la actualidad, pendiente de lo que ocurre. Ser periodista significa que no
siempre tus esfuerzos son valorados como debieran.
Por estas, y por muchas otras razones, nunca aconsejaré a
nadie ser periodista. Porque una vez que se entra en este mundo, no se puede salir.
Porque una vez que eres periodista, te da igual el resto.