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Valparaíso en Crisis: crónica escrita el 2004


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27/11/2013


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La vigencia de esta crónica amerita una re-lectura.

Valparaíso en crisis: responsabilidades políticas

Hernán Narbona Véliz - Vocero Foro Valparaíso Posible





Valparaíso, lunes, 26 de julio de 2004

El objetivo de este artículo es presentar a la opinión pública el drama social que vive Valparaíso, el mismo que puede verse reiterado en otras localidades del país. Porque, además, esta crisis presente es consecuencia de décadas de desatención, en que el modelo se ha ensañado con el estilo de vida de los porteños. Y es que esta situación no varió con la recuperación de la democracia representativa. Todo lo contrario, se agudizó, porque el fatal cuoteo político perpetuó en el poder a astutos políticos locales que navegaron muy a gusto en el binominalismo, sin cuidar el bien común, dejando que la ciudad tocara fondo. Hoy se apuran porque vienen las elecciones, pero mucha gente quiere que se vaya a una solución de fondo, en la cual los administradores del modelo económico liberal, que son responsables políticos de la depresión que afecta a la ciudad, deban responder legal y políticamente por sus actos.



La comunidad porteña quiere cifras claras y una auditoría externa que vaya al fondo del déficit, la explicación sobre los motivos que existieron y que justificaron la contratación a honorarios de mucho personal permanente, lo cual es parte de las preguntas pendientes y que se han planteado al escuchar las cuentas que se presentan al Concejo comunal.



Desde la ciencia política, el caso de Valparaíso y la reacción de las dispersas organizaciones ciudadanas, nos ubica en un gran tema como es el de la fiscalización que los habitantes de una comuna pueden ejercer sobre el gobierno municipal. Frente a esto no ha habido claridad política en el gobierno nacional para mejorar la gestión municipal y para evitar que actúen de manera impropia, caudillos que imponen su propio autoritarismo por encima del Concejo Municipal que debiera fiscalizar los actos alcaldicios, desprotegiendo a los habitantes de la comuna, hasta llegar a situaciones límite, como lo evidencia hoy Valparaíso.



Valparaíso es un mural esculpido en cinco siglos.

Como ciudad patrimonial, reconocida por la UNESCO, Valparaíso tiene una identidad cultural histórica. Siendo este nombramiento una oportunidad para reposicionar en la ciudad un sentimiento colectivo de recuperación, la gestión mediocre, improvisada, coyuntural, lleva a que se quieran tomar otras decisiones de parche, como es comprometer activos fijos de la municipalidad en respaldo de una transferencia interna al Gobierno Regional, en el fondo a la Subsecretaría de Desarrollo Regional, para que disponga de ellos, esta vez sin la intromisión de la ciudadanía, en decisiones tecnocráticas donde puede ser peor el remedio que la enfermedad.





Valparaíso en su proyección tiene enorme potencialidad. Por eso mismo, esta ciudad está amenazada por intereses económicos foráneos que ignoran su historia, pero saben apreciar muy bien con su codicia la proyección económica de sus recursos patrimoniales.



Vinieron los bárbaros y saquearon las calles empinadas



Quiero comentar y recordar algunos de los sinuosos caminos transversales que amarraban la ciudad, pasando quebradas desde un cerro a otro. Recordar para el lector los acantilados de ventisca, las madrugadas porteñas de neblina arrastrada y tantas historias, esas desparramadas historias que se entrecruzan por sus cuarenta y tantos cerros.



Los adoquines de sus calles empinadas fueron colocados a comienzos del siglo veinte, después del terrible terremoto. Esas superficies pétreas y flexibles, que seguían las ondulaciones de los cerros, daban solidez a esa desordenada enredadera en que se convertían sus cerros. Los barrios eran fruto de pioneros, esas familias esforzadas que admitían vivir en las fronteras de lo construido, primero una casa solitaria, luego otras, los hijos entrelazándose como flores de un invisible jardín, los juegos en tiempo de fiestas patrias, las pelotas de trapo, el club deportivo y la liga que convocaba a los distintos cerros, como motores de domingos llenos de entusiasmo.



Así surgían los barrios, en el conocimiento acabado de las ramas familiares, todos reconociéndose con afectos transparentes. Valparaíso fue en su nacer y renacer constante, una ciudad muy democrática, donde el almacenero de la esquina llegaba a construirse una gran casona, donde los profesores eran la autoridad moral por generaciones, profesores de por vida de miles de impulsivos muchachos que se arrancaban de clases para jugar a los volantines, al trompo, a la infaltable pichanga, con una pelota de trapo.



El tema es que en las últimas décadas, en clásicos barrios de los cerros se llevaron los adoquines para colocar cemento, enterrando la historia o trasladando esas nobles piedras a casas privadas. Un nuevo estilo comenzó a imponerse en la sufrida ciudad.



Los barrios eran ese sólido tejido humano que le daba a la arcada porteña su consistencia.



Valparaíso vivía en torno al deporte. Espacios para el fútbol eran ampliamente compartidos. El Estadio Español, la cancha de la Laguna en Barón, la cancha de los pacos en Polanco, el Estadio O’Higgins, el Osmán Pérez Freire, el Alejo Barrios, entre otros. Los fines de semana el deporte llenaba las mañanas y jugaban la tercera, la segunda y la primera. Luego venía la tradicional convivencia, una gran porotada con lechuga y cebolla, acompañada de un trozo de costillar oloroso. Por supuesto, venían los brindis y los deportistas, obreros, tinterillos, profesores, empleados fiscales, pacos, todos con sus mujeres e hijos se consagraban a la amistad. La vecindad poco a poco iba mejorando.



La autoconstrucción, la ley de juntas vecinales, son elementos de este nacimiento de los barrios de Valparaíso, que tenían su expresión en los carnavales de la chaya, en las semanas del niño, donde cada escuela pública plantaba árboles y repartía regalos a los niños por sus dibujos y poesías.



Valparaíso se hizo así, en lo que puedo otear de sus leyendas, como un tejido mágico. Hubo un tiempo negro en el cual la delación, el miedo, la persecución política de la dictadura, rompió las tradiciones de las comunidades organizadas. Pero fueron esos mismos barrios los que se animaron, décadas más tarde, a hacer sonar sus ollas vacías.



Poco se ha aquilatado ese período en la vida de la ciudad, porque, poco a poco, como víctima de un modelo excluyente y depredador para la industria nacional, la ciudad fue perdiendo sus fábricas. Fueron emigrando generaciones completas de jóvenes, algunos al exterior, otros a la capital. Valparaíso fue envejeciendo de golpe, no se adaptó al nuevo modelo, la locura liberal puso grandes tiendas en el corazón de las ciudades y poco a poco el emporio lleno de aromas que entregaba la chancaca para los inviernos, las clásicas tiendas que vestían a la siútica clase media de la ciudad, fueron apagándose, una a una, como el anuncio de un final.



Moría una época y la que le sucedería sería despiadada.



Valparaíso nunca tuvo un plan de emergencia; pese a quedar sin industrias no tuvo un plan de reconversión industrial, el comercio no tuvo apoyo para resistir la embestida de las grandes compañías.

El flagelo de una cesantía crónica. Los vecinos han ido perdiendo sus fuertes lazos históricos, hoy los amenaza la droga, sus propios barrios han sido ocupados por extraños. En una sociedad que practica la antropofagia, hay muchos intereses privados que quieren quedarse con la ciudad, comprarla en crisis, como si Valparaíso no tuviese un valor proyectado enorme, como si nosotros no tuviésemos capacidad de gestionar grandes proyectos, aplicando un estilo diferente de gestión, sin corrupción, asociativo, transparente.



Un barrio es cultura atesorada, es la memoria colectiva que identifica a un pueblo.

Buscando canales expresión para sus intereses elementales, la comunidad se ha organizado en un Comando de Defensa de Valparaíso. ¿Cuáles urgencias? Entre otras, los puntos de riesgo por muros de contención que no se han reconstruido; limpieza de desagües pluviales, erradicación de casas en terrenos de relleno, que se haga un esfuerzo de reforestación en los cerros, que se financie el estudio satelital que se necesita para comprobar los puntos geológicamente débiles de la ciudad,



Se trata de generar una serie de planes de emergencia. Valparaíso movilizando empleo a través de planes generados por los barrios, en el marco de las prioridades anotadas, Suspendiendo las aprobaciones de edificios de altura y tratando con el próximo Concejo el proyecto de borde costero, con recepción de propuestas e ideas para dar contenido a esa recuperación comunitaria de la costanera.



Valparaíso eleva como un baluarte la reacción de miles de personas que son parte de este puerto, este recodo sobre el Pacífico que apareció y creció casi de casualidad, subiendo desde la caleta hasta los miradores. Esa es la demanda ciudadana que solicitamos a UNESCO reconocer, para que los recursos que el BID pueda facilitar a la ciudad patrimonial, se canalicen hacia proyectos concretos, ideados y priorizados por la propia comunidad, en un ejercicio de soberanía popular elemental: si los representantes del pueblo en el gobierno local han sido responsables de una mala gestión, la ciudadanía exige ser considerada en forma directa en las negociaciones que el Concejo Municipal o el Gobierno Regional quieran mantener con UNESCO y con el BID para asegurarse de que esto no vuelva a ocurrir.

















Etiquetas:   Política   ·   Democracia   ·   Cultura   ·   Sociedad   ·   Ciudad

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