. Lógicamente, el niño ni sabía lo que significaba
aquella palabra ni lo que estaba diciendo, pero como causaba la risa en quienes
le preguntaban, mantuvo esa afirmación un par de años más. Ahora que ha pasado
el tiempo, me doy cuenta de que aquel niño, sin saberlo, era en realidad un
visionario.
En este último mes, se ha producido la
barra libre en las cárceles españolas. Y todo ello gracias a la sentencia del Tribunal –por llamarle de algún modo- Europeo
de Derechos Humanos –ni más ni menos- sobre la doctrina Parot. Así, violadores,
terroristas, asesinos, ladrones, pederastas han salido a la calle sin cumplir
la condena impuesta. Y eso que en España las condenas son de risa; por eso no
hay mafia que se precie que no tenga su sede en nuestro indigno país. Y es que
en nuestro país, unos chavales que asesinan a una chica pueden hacer bailar a
toda la policía y a todos los jueces como peleles; una persona puede cometer
doscientos o trescientos hurtos sin entrar en la cárcel; una persona puede ser
un pederasta o un violador reconocido internacionalmente sin que se publique su
nombre en una lista pública para el conocimiento de todos los ciudadanos; una
persona puede tener atemorizada a toda una comunidad de vecinos sin que la
policía o la justicia puedan hacer nada; un conductor kamikaze puede matar a un
joven que, si tiene el bufete adecuado, Gallardón
lo puede indultar; un padre puede infiltrarse en una banda criminal donde uno
de sus cabecillas reconoce que ha matado a su hijo sin que el juez tome las
grabaciones en consideración; una persona puede ser víctima de una injusticia
que si no tiene el dinero suficiente no podrá acudir a los tribunales; una
princesa puede supuestamente estar involucrada en una trama de millones de
euros que no será imputada; un presidente de gobierno puede llevar a la ruina a
un país sin que le pase nada; los responsables de una entidad bancaria pueden
estafar a miles de clientes sin que las justicia les reclame lo más mínimo; uno
jamás podrá defender su propia casa de un robo a menos que quiera ir a la
cárcel. Sin embargo, uno se pasa un céntimo en la declaración de la Renta, y la
justicia caerá con todo su peso sobre la nómina de ese pobre desgraciado. Esa
es la justicia que tenemos. Porque, en realidad, la justicia hoy en día no es
otra cosa que un gran negocio. Es lo que tiene poner la justicia en manos de
personas de gran memoria pero poco sentido común. Y, sobre todo, personas con
una manifiesta incapacidad de empatía. Así, se ha generado toda una estructura
legal absolutamente indecente; leyes al servicio de la política, leyes cuya terminología
es demencial, procuradores, notarios, abogados defensores, penalistas,
laboralistas, etc., etc., etc.
Desde hace ya muchos años, siento un
profundo desprecio por esta justicia que tenemos que soportar los españoles.
Especialmente, porque las víctimas siempre sufren el crimen dos veces; una por
parte del criminal y otra por parte de un estado absolutamente permisivo con la
delincuencia. Hay quién dice que leyes no pueden hacerlas las víctimas, porque
no serían ni imparciales ni objetivas. Y puede que sea cierto, pero esa
afirmación siempre me ha dejado mal sabor de boca, porque siempre me surge la
misma pregunta: si no se hacen las leyes a favor de las víctimas, ¿no será que
las estamos haciendo a favor de los criminales? http://tonigarias.wix.com/tonihttps://twitter.com/tonigarias