Yayoi Kusama: la japonesa de los lunares que encanta a Madrid.

Yayoi Kusama, es “la artista japonesa viva más famosa”, con esta presentación es conocida en el medio de las artes. Por estos y otros calificativos.

 

. Por estos y otros calificativos.

También es reconocida por su fijación con los lunares multiculores, sus performances y por decidir internarse en un centro hospitalario en su país desde hace más de 40 años.

Desde sus 20 años, (ahora tiene 82) se ha hecho notar  en el mundo del arte y este verano la más importante recopilación de su obra,  se exhibe exitosamente desde mayo de 2011, en el Museo Reina Sofía de Madrid, recibiendo así un visto bueno de la crítica y del público.

Yayoi Kusama, se encuentra en el “boca a boca” de los amantes del arte en España. Se exhibe en  una muestra que incluye pinturas, esculturas y performances  ha recibido el visto bueno de los visitantes del Museo Reina Sofía de Madrid.

El primer contacto que tienen los visitantes es con sus enormes esferas rojas con lunares blancos –la principal marca de identidad de su obra- que tan sólo es el  abreboca a una exposición donde expresionismo abstracto gana protagonismo.

El encuentro nos lleva a enormes lienzos de colorido y múltiples significados, cuya principal expresión son los Infinity Net Paitings (Cuadros de redes infinitas) “cubiertos por pinceladas que parecen repetirse sin descanso, realizadas en un solo color sobre fondo contrastado”, así lo define el brochoure informativo de la exposición.

También nos encontramos con las esculturas denominadas Accumulation Sculptures (Estructuras acumulativas), en las cuales objetos cotidianos como las de un sombrero, un sofá o abrigos, adquieren una nueva personalidad a través del monocolor (blancos, dorados, grises).

La artista que nació en 1929 en Matsumoto, demuestra una gran dosis de jovialidad en sus pinturas, dibujos y collages. Es una alegría compleja que despierta muchos significados para diversas generaciones. Actualmente tiene 82 años y desde los 48 años voluntariamente se “exilio” en un hospital desde donde su obra no ha cesado hasta la actualidad. En este lugar busca aplacar sus “desencuentros metales” para ello diseñó un estudio y se dedica a la pintura, escultura y literatura. Para algunos sencillamente este “loca”.

Evolución infinita

Kusama nació en 1929 en Matsumoto- Japón. Su vida artística ha tenido diversas vertientes. Sus inicios nos refieren a sus estudios de nihonga en Kioto (estilo ligado al nacionalismo de finales del siglo XIX), pero su inquietud la lleva a indagar sobre la vanguardia europea y estadounidense.

Siempre le ha gustado experimentar y en los principios lo hacía con arena y sacos de semillas. En 1957,  decida emigrar a Estados Unidos y se establece en Seattle y posteriormente, la meca de la imaginación: Nueva York.  En esta ciudad da rienda suelta a los grandes lienzos y a las esculturas. Compartió una muestra colectiva con obras de Andy Warhol, Claes Oldenburg, George Segal y James Rosenquist en la Green Galery de Nueva York. Desde siempre su trabajo gustó.

En los años sesenta, se unió al movimiento hippie y realizó sus mejores performances denominados happenings, en los que se buscaba la participación del público. Hace además que el video de a conocer su trabajo y realiza “Walking Piece” (Paseo), una performance realizada por Eikoh Hosoe. El registro de fotografías la muestra vestida con el tradicional kimono japonés recorriendo calles vacías que retrata el solitario universo urbano de un Nueva York propio de los forasteros.

Esta época se encuentra referenciada en la película “Kusama Self Obliteration” (Auto liberación de Kusama) filmados por Jud Yalkut.  Estos documentales registran la pasión por los objetos de la artista y unos muy buenos intentos presentar su imagen de “asiática rebelde” en una gran ciudad como Nueva York.

En 1973, regresa a Japón. Su paso por los negocios del arte no funcionaron bien. Desde el año 1977, se encuentra recluida pero no descansa de trabajar y su obra sigue plena de reconocimiento y significados.

De sus obras más recientes, y que pueden ser observadas en la exposición madrileña, se encuentra “I'm here, but nothing” (Estoy aquí pero nada) que representa una casa con objetos y mueble sencillos, pero impregnados en su totalidad de puntos de luz fluorescente y “The Infinity Mirror Room” (El Salón Infinito), una habitación espejos donde cuelgan puntos de lunares. Ambas provocan sensaciones inéditas para los visitantes.

Yayoi Kusama es infinitamente creativa y gratificante. Esta exposición puede ser visitada hasta el mes de septiembre de 2011. Y por cierto, para mí,  es una artista muy lúcida que busca el lado colorido de la vida, pese a todo.

 

Fotos: Berti Pérez Mejia.

UNETE



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