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River: cómo perder el criterio en 10 años


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22/11/2013


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No busquen más. En River, la falla sustancial, clave, neurálgica reside en el valor simbólico que se otorga sobre la institución. Al disminuir ese concepto, todo está perdido. El hincha naturalizó este cambalache y aferró su sentir a la gramática del aguante, el “viste cómo salimos primero en recaudación, el en estos momentos no fallamos, que en los malos tiempos decimos presente”. 


Se vulgarizó, traicionó sus principios y peor, el alrededor lo contempló desde un espejo deformante, dirían las viejas teorías de comunicación. Así se reduce a River a su mínima expresión.

El descenso no fue lo peor que le pasó a River. Lo trágico es el cambio de mentalidad forzada que el hincha experimentó en los últimos 10 años y que trajo entre varios desenlaces infaustos, la pérdida de la categoría. Pero nos olvidamos de la identidad. Y tampoco forzar a usar palabras anticuadas, citar futbolistas de otras décadas, La Máquina, Amadeo, Alonso, Funes, Francescoli, el tricampeón. Las nuevas generaciones no vieron nada de esto. Lo pasado sirve de alimento espiritual para fin de año, para especiales de Fox, para ironizar sobre el presente, el tango argentino, llorar por lo que fuimos y no volveremos a ser. River sufre el no reconocerse, contempla una figura sacudida por esta década infame, está más flaco, desgarbado, se le notan los huesos. Del gigante de otrora, recuerdos.

Creyó que sólo la fórmula Ramón Díaz sería capaz de reconstituir los tejidos triturados que dejaron las gestiones Aguilar y Passarella, compitiendo cuál fue la peor de la historia. Ramón, proscripto, mala palabra durante años en Núñez, logró encauzar bajo su figura magnética un grupo de jugadores que, con poquito, llegó a un subcampeonato. Un mimo, chiquito, ante una hemorragia institucional sin límites. Passarella mintió sobre los refuerzos que traería, el campeonato económico, aumentó la deuda y el déficit operativo mensual. No defendió la camiseta sino que la pulverizó. Divisiones inferiores raquíticas, nula logística, hasta para sacar una entrada hay problemas en River, escaso patrimonio propio, balances menos creíbles que el INDEC.

Pensaba en una metáfora, la de Funes Mori, expuesto como joya, solicitado por los principales equipos del mundo, que 15, 20 palos, que Passarella viaja a Europa, que Inter, Milan, Real Madrid, sí, Real Madrid, todos parecían desear a esta promesa. Todo era una escenografía vacua, puro cartón, una mentira que creyeron propios y extraños. Terminó en un banco de suplentes de Portugal. Y hasta el técnico dice que le falta formación futbolística. Es un caso cabal de estos tiempos riverplatenses.

¿Ramón tiene responsabilidad? Sí. Es un entrenador que no comulga con la pobreza. Le pasó en su segunda etapa en San Lorenzo y también en Independiente. Le falló el ojo en las incorporaciones, a excepción de Vangioni, después puro lastre. En un contexto donde tenés 10 pesos para comprar materia prima que está a 30, ya empezás a naufragar por las góndolas contemplando qué dejó el resto. Y algún producto vencido te vas a comer. Aceptó a Mora cuando no lo quería, tuvo que tragarse su soberbia. Siguió con los amiguismos, caso Ferreyra, de penoso andar en el Independiente descendido y Juan Carlos Menseguez, un futbolista que hace dos años no jugaba en San Lorenzo. Amigos de Emiliano, perfecto, pero River no es una sociedad de beneficencia. Es uno de los clubes más importantes del mundo y lo peor de todo es que sus propios hinchas parecen no haber tomado nota de esto. Están a la defensiva y aguardan los hechos sin enormes contemplaciones. Colocan en la cima de preferencias a un tipo como D´onofrio, desaparecido del club por cuatro años y que retorna en tiempo electorales. Cuando más hacía falta una oposición que pusiera condiciones ante una conducción desquiciada y totalitaria como la de Passarella, D´onofrio no puso la cara. River no puede darle lugar a tibios.

Las elecciones venideras deben entenderse como un punto crucial sobre qué tipo de institución desean los socios. Pero que el compromiso no resida en el sobre en sí, que venga apoyado por una participación colectiva que ante todo trabaje por el mejor porvenir de River, que será ante todo no hacer nada de lo que se hizo en los últimos 10 años.



Etiquetas:   Fútbol   ·   Argentina

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