. En
River, la falla sustancial, clave, neurálgica reside en el valor simbólico que
se otorga sobre la institución. Al disminuir ese concepto, todo está perdido.
El hincha naturalizó este cambalache y aferró su sentir a la gramática del
aguante, el “viste cómo salimos primero en recaudación, el en estos momentos no
fallamos, que en los malos tiempos decimos presente”.
Se vulgarizó, traicionó
sus principios y peor, el alrededor lo contempló desde un espejo deformante,
dirían las viejas teorías de comunicación. Así se reduce a River a su mínima
expresión.
El descenso no fue lo
peor que le pasó a River. Lo trágico es el cambio de mentalidad forzada que el
hincha experimentó en los últimos 10 años y que trajo entre varios desenlaces
infaustos, la pérdida de la categoría. Pero nos olvidamos de la identidad. Y
tampoco forzar a usar palabras anticuadas, citar futbolistas de otras décadas, La Máquina, Amadeo, Alonso,
Funes, Francescoli, el tricampeón. Las nuevas generaciones no vieron nada de
esto. Lo pasado sirve de alimento espiritual para fin de año, para especiales
de Fox, para ironizar sobre el presente, el tango argentino, llorar por lo que
fuimos y no volveremos a ser. River sufre el no reconocerse,
contempla una figura sacudida por esta década infame, está más flaco, desgarbado,
se le notan los huesos. Del gigante de otrora, recuerdos.
Creyó que sólo la
fórmula Ramón Díaz sería capaz de reconstituir los tejidos triturados que
dejaron las gestiones Aguilar y Passarella, compitiendo cuál fue la peor de la
historia. Ramón, proscripto, mala palabra durante años en Núñez, logró encauzar
bajo su figura magnética un grupo de jugadores que, con poquito, llegó a un
subcampeonato. Un mimo, chiquito, ante una hemorragia institucional sin
límites. Passarella mintió sobre los refuerzos que traería, el campeonato
económico, aumentó la deuda y el déficit operativo mensual. No defendió la
camiseta sino que la pulverizó. Divisiones inferiores raquíticas, nula
logística, hasta para sacar una entrada hay problemas en River, escaso
patrimonio propio, balances menos creíbles que el INDEC.
Pensaba en una metáfora,
la de Funes Mori, expuesto como joya, solicitado por los principales equipos
del mundo, que 15, 20 palos, que Passarella viaja a Europa, que Inter, Milan,
Real Madrid, sí, Real Madrid, todos parecían desear a esta promesa. Todo era
una escenografía vacua, puro cartón, una mentira que creyeron propios y
extraños. Terminó en un banco de suplentes de Portugal. Y hasta el técnico dice que le falta formación futbolística. Es un caso cabal de estos tiempos riverplatenses.
¿Ramón tiene
responsabilidad? Sí. Es un entrenador que no comulga con la pobreza. Le pasó en
su segunda etapa en San Lorenzo y también en Independiente. Le falló el ojo en
las incorporaciones, a excepción de Vangioni, después puro lastre. En un
contexto donde tenés 10 pesos para comprar materia prima que está a 30, ya
empezás a naufragar por las góndolas contemplando qué dejó el resto. Y algún
producto vencido te vas a comer. Aceptó a Mora cuando no lo quería, tuvo que
tragarse su soberbia. Siguió con los amiguismos, caso Ferreyra, de penoso andar
en el Independiente descendido y Juan Carlos Menseguez, un futbolista que hace
dos años no jugaba en San Lorenzo. Amigos de Emiliano, perfecto, pero River no
es una sociedad de beneficencia. Es uno de los clubes más importantes del mundo
y lo peor de todo es que sus propios hinchas parecen no haber tomado nota de
esto. Están a la defensiva y aguardan los hechos sin enormes contemplaciones.
Colocan en la cima de preferencias a un tipo como D´onofrio, desaparecido del
club por cuatro años y que retorna en tiempo electorales. Cuando más hacía
falta una oposición que pusiera condiciones ante una conducción desquiciada y
totalitaria como la de Passarella, D´onofrio no puso la cara. River no puede
darle lugar a tibios.
Las elecciones
venideras deben entenderse como un punto crucial sobre qué tipo de institución
desean los socios. Pero que el compromiso no resida en el sobre en sí, que venga
apoyado por una participación colectiva que ante todo trabaje por el mejor
porvenir de River, que será ante todo no hacer nada de lo que se hizo en los últimos 10
años.