Dos años ya… ¿A éstos quién los votó?

   Mala confianza la que los electores tomaron con Rajoy. Veníamos de lo peor pero aún nos esperaba la sorpresa de los populares. Los vítores antes de tiempo deberían devolverse con intereses. El pueblo es el único digno de aplausos después de soportar tanto. En sólo dos años de gobierno popular, la corrupción jurídica ha destapado lo que se  había solapado durante décadas. El país se ha envilecido quitando máscaras a algunos jueces. Si se ha envilecido es por la impunidad con que siguen dictando sentencias a cara descubierta.

 

. Veníamos de lo peor pero aún nos esperaba la sorpresa de los populares. Los vítores antes de tiempo deberían devolverse con intereses. El pueblo es el único digno de aplausos después de soportar tanto. En sólo dos años de gobierno popular, la corrupción jurídica ha destapado lo que se  había solapado durante décadas. El país se ha envilecido quitando máscaras a algunos jueces. Si se ha envilecido es por la impunidad con que siguen dictando sentencias a cara descubierta.
La democracia se ha desgastado con un programa de desarrollo insostenible. Perder la credibilidad de las libertades ha llegado de la mano,  del puño en otros casos, de politicastros que han convertido el país en un guirigay de ignominia sólo al alcance de estafadores con bula política. Todo vale para la justificación de los males si se afianza desde las siglas políticas. Pero sin esa extraña Justicia que alienta el delito a gran escala, no sería posible tanto enmascaramiento.

  No extraña ya el otrora saqueo delictivo de Rumasa y el encubrimiento judicial, siendo testigos ahora de tanta iniquidad y sectarismo de algunos magistrados.

  Hoy por ti, mañana por mí se ha convertido en el pacto repugnante que los poderes se reparten mediante el arbitrio de tramposos disfrazados de jueces.

  El ciudadano de a pie encontrará a la precisa Justicia de la imparcialidad, la insobornable y presumida de dignidad y honradez, frente a la malsana alegoría de la ley en que se convierte el circo de las prebendas mediante decisiones jurídicas afines al escándalo recalcitrante y la caradura más repugnante. La política es así en España, vomitiva. Pero siempre hay alguien en algún tribunal recogiendo los rastros para que el hedor se disipe.

  En España es difícil comprar a un juez con dinero por lo evidente que resulta  y no creo que sea por la honra y demás virtudes bajo mínimos que se deducen periódicamente de los protagonismos togados; al juez primero lo compra el sectarismo y es evidente que el pecunio llega después. Entonces es otra cosa y cuela. La prevaricación es un hecho nefasto, pero disfrazada de factores exponenciales aviados con lo político es pura legalidad por mucho mal que suponga a la sociedad; es el modus operandi de la estafa política para repartirse, por razón de la Justicia arrimada al favoritismo de cada cual, las prebendas del poder y el beneficio del bocado más suculento.

  Antes se disimulaba pero ahora es posible una operación financiera de alto calado incendiando el Windsor en pleno centro de Madrid; también ocultar una matanza incluso destruyendo descaradamente los vagones explosionados vulnerando le Ley de enjuiciamiento criminal; o permitir que el brazo político de una organización terrorista acceda a instituciones democráticas y hasta excarcelaciones de asesinos que para disimularlas conllevan la suelta de violadores por ley, por justicia y por vaya a saber queé causas encubiertas que conviene no conocer. Cuanto más hermética  es esa justicia rara, más oportunidades habrá para la estafa social que se lleva practicando durante toda la era democrática.

Ahora se cumplen dos años de incumplimiento de programa electoral del Partido Popular. Cualquiera diría que los populares son cómplices de esas estafas que practicó impunemente el zapaterismo y no se equivocaría si intentara encontrar algún tipo de congruencia en el mandato robado de Mariano Rajoy. Gobernar al margen de programa electoral es característico de bandidaje ya perpetuado en España, pero antes se tenía la vergüenza de disimular las intenciones.

  Nunca la Justicia y la Política habían quedado tan al descubierto con sus vergüenzas recalcitrantes,  pero era impensable que se acentuara el escándalo de lo evidente con un Partido Popular que parece gobernar para todo menos por la ciudadanía. Dos años de un desgaste democrático que España está acusando con los criminales en las calles, tras los atriles políticos y sentados en las mesas de los tribunales. Un descaro de malignidades que impele a preguntarse sobre la legitimidad de los elementos que nos llevan a la ruina en todos los sentidos.

  Quizá sería el momento de plantear una querella por prevaricación a las más altas instancias y aprovechar esa desvergüenza generalizada para un planteamiento jurídico que deje al descubierto los trapos sucios de quienes gobiernan para los males que el país ha padecido en detrimento de lo honrado y digno. Tanta indignidad debe ser perseguida con los mismos instrumentos de la Ley que están siendo usados para vulnerar nuestros derechos.

   Vaticino para este gobierno de extrañas marionetas-vayan a saber quién maneja los hilos- una lluvia de querellas para que ante la sociedad tengan que explicar tanta incoherencia y perjuicios causados como continuación de los destrozos de Zapatero.

  La realidad del gobierno de Rajoy es la sospecha de una prevaricación permanente, con el máximo exponente de las sentencias de Estrasburgo que a conveniencia son acatadas o no en un ejercicio de repulsivo sectarismo que hay que denunciar.  

  A ver qué tribunal bajo sospecha es capaz de equivocar la fácil cuenta jurídica de un dos más dos tan simple como lo sucedido con la subordinación, o no, de los jueces españoles a las sentencias de un tribunal europeo. Más desvergüenza no es posible al día de hoy, aunque aún quedan dos años más para acostumbrarnos a tanta bellaquería institucional.

  El problema es que no hay alternativa y eso es algo que causa desesperación. No tardaremos en saber cuánta a medida que el embudo se estreche hasta asfixiar.

 

UNETE



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