. Hay cosas que nos suelen pasar desapercibidas, pero cuando nos detenemos en el detalle de las mismas nuestra indignación se desboca cabreada. Igual da que da lo mismo que en España haya crisis, recesión o abundancia. El bolsillo de los políticos es pozo sin fondo. A la hora de fijar trinques y prebendas el acuerdo es unánime. La oposición se derrite y aplaude.
Confieso que mi serenidad sufrió un fuerte impacto al enterarme, en segunda lectura, que el ilustre barrendero catalán de Ezquerra Republicana, Ernest Benach, ha conseguido jubilarse con 51 años de edad, con una pensión de 10.000 euros mensuales durante cuatro años y, después, 7.000 euros al mes hasta que sus restos descansen. Los no iniciados en el tejemaneje político se preguntarán el porqué de tan privilegiada jubilación, prohibida e imposible para los cotizantes de la Seguridad Social de mayor cuota y salario. El trinque de tan elevada pensión la ha conseguido Benach cotizando únicamente por diez años de actividad presidencial. Lógicamente, para tener derecho a esta mordida, hay que ser político y, como en este caso, también separatista.
Este caradura del coche oficial tuneado con dinero del contribuyente, ha sido durante diez años, desde diciembre de 2003, presidente del Parlamento catalán en cumplimiento de la cuota de reparto de cargos y resto de canonjías del gobierno tripartido que lideró el Sr. Montilla. Según el ‘Diari de Girona’, Ernest Benac cobra 104.008,95 euros brutos al año durante los cuatro primeros años, así como una pensión vitalicia de 78.006,71 euros cuando cumpla los 65 años. De acuerdo con la normativa vigente, Benach tiene derecho a percibir, como el resto de los ex presidentes, por un período equivalente a la mitad del tiempo que ha estado en el cargo, y como mínimo durante una legislatura, una asignación mensual del 80 por ciento al de la retribución mensual que corresponde al Presidente parlamentario. Con este simple bagaje profesional de barrendero, el representante de Esquerra Republicana de Cataluña, señor Benach, consiguió presidir el Parlamento Catalán durante diez años, tiempo suficiente para garantizarse una desorbitada y millonaria jubilación sólo al alcance de privilegiados políticos.A la vista de estos escandalosos abusos políticos, económicos y sociales, cada día es más comprensible que muchos padres se planteen con seriedad la conveniencia de orientar a sus descendientes en edad formativa hacia el esfuerzo del peloteo político en lugar de a la ciencia, a la matemática, o a la formación profesional.