Séptimo

Me resultan especialmente atractivos los relatos de intriga porque nos desafían, nos ponen a prueba. El (buen) guionista del género juega a ser más listo que el público, al que manipula a la hora de hacerle creer quiénes son los buenos o quiénes son los malos. Le gusta, además, mantener un pulso constante hasta con los más avispados, tumbando constantemente sus hipótesis y/o dotes adivinatorias. En definitiva, el buen escritor de películas de misterio consigue llevarte por la vía más insospechada. Esa es, o debería ser, su gran baza. Es así: a una película de terror le pides que te asuste, a una comedia que te haga gracia... y a un relato de intriga que saque toda su artillería para que resulte francamente difícil, por no decir imposible, anticiparse a la resolución del enigma. Ese es el gran hándicap de Séptimo (Patxi Amezcua, 2013), segundo largometraje del autor de la notable 55 kilates (2009). No hace falta ser alguien experimentado en estos lares para precipitarse al interrogante que mueve la película. Tenemos, de entrada, un proyecto frustrado. Séptimo patina en lo más esencial. Pero, ¿está todo perdido? Por increíble que parezca, no. 

 

. El (buen) guionista del género juega a ser más listo que el público, al que manipula a la hora de hacerle creer quiénes son los buenos o quiénes son los malos. Le gusta, además, mantener un pulso constante hasta con los más avispados, tumbando constantemente sus hipótesis y/o dotes adivinatorias. En definitiva, el buen escritor de películas de misterio consigue llevarte por la vía más insospechada. Esa es, o debería ser, su gran baza. Es así: a una película de terror le pides que te asuste, a una comedia que te haga gracia... y a un relato de intriga que saque toda su artillería para que resulte francamente difícil, por no decir imposible, anticiparse a la resolución del enigma. Ese es el gran hándicap de Séptimo (Patxi Amezcua, 2013), segundo largometraje del autor de la notable 55 kilates (2009). No hace falta ser alguien experimentado en estos lares para precipitarse al interrogante que mueve la película. Tenemos, de entrada, un proyecto frustrado. Séptimo patina en lo más esencial. Pero, ¿está todo perdido? Por increíble que parezca, no. 
Ricardo Darín interpreta a un padre que todas las mañanas compite con sus hijos para ver quién llega primero a la calle desde un séptimo piso: si él por las escaleras o ellos por el ascensor, hasta que un día los niños desaparecen sin dejar rastro. Comenzará así una frenética y asfixiante búsqueda. La sinopsis en sí, sorprendente y original, funciona también por su cotidianidad: cualquiera que viva en un edificio sabe de qué estamos hablando. Si a ello se le suma el factor niños desaparecidos,  Séptimo lo tenía todo para ser una auténtica bomba de relojería. La bomba que, lástima, no es. Amezcua, que escribe el guión a cuatro manos junto a Alejo Flah, patina principalmente en dos vertientes: a la hora de no ofrecer una mayor abanico de sospechosos y, por otro lado, de no desarrollar mejor los que se nos presentan -con especial atención al de Belén Rueda, dibujado con tres brochazos-. A la mente me vienen irremediablemente esas novelas de Agatha Christie en las que nunca sabías si quién había echado el cianuro en la copa de vino era la ama de llaves, el jardinero, el camarero, el joven inglés, la pareja de franceses o la hija del Duque. Todos podían haber cometido el crimen y la mayoría, en mayor o menor medida, tenían motivos para hacerlo. En Séptimo ni rastro de esta máxima. (peligro: SPOILERS) Por no hablar de un par de detalles inverosímiles que encima hacen que no te creas lo que te están contando: ¿por qué el padre no interroga hasta la saciedad a sus hijos después de su aparición?; ¿por qué los policías no toman el edificio y parecen, más bien, puestos de decoración?

No obstante, es de justicia reconocerle a la obra de Amezcua cierto músculo. Puede que le falte garra, pero consigue involucrar al público en la angustia que vive su personaje central, un insuperable -una vez más- Ricardo Darín. La estrella argentina resulta totalmente convincente en la piel de padre desesperado, dispuesto a todo con tal de recuperar a sus pequeños. No se queda atrás la siempre eficaz Belén Rueda, que se mueve en estos terrenos como pez en el agua -El cuerpo (2012), Los ojos de Julia (2010), El orfanato (2007)-. Ambos intérpretes refuerzan sobremanera una película que, aunque no sabe jugar bien sus cartas, saca el máximo partido al reducido espacio donde se desarrolla la acción. Además, por mucho que nos adelantemos a su desenlace, se las ingenia para generar suspense, especialmente en su último cuarto de hora, donde también se revela una gran labor de montaje y se pone de manifiesto el excelente trabajo de Amezcua tras la cámara. El cineasta navarro maneja la jugada con nervio, con grandes dosis del academicismo de los clásicos y un estilo formal por encima de la media. Junto a las espléndidas panorámicas de Buenos Aires y lo bien rodadas que están las escenas de exteriores -que hacen intuir un rodaje complicado y un considerable presupuesto- otro aspecto a destacar es la música del murciano Roque Baños. Aunque convencional, es una partitura que acompaña de forma correcta las imágenes, mostrándose frenética cuando tiene que serlo, y más melódica en los instantes del ex matrimonio entre las paredes del que un día fue su hogar.

Rodada en Argentina, donde se ha convertido en el mejor estreno de una película protagonista por Ricardo Darín, esta co producción entre dicho país y España influenciada por la película Frenético (Roman Polanski, 1988) y por el maestro del suspense Alfred Hitchcock, duele especialmente porque lo que podría haber sido un diamante de muchos quilates, su garrafal error de base la hace situarse en una joya normal y corriente. Correcta, pero poco más. Una película que ha sabido venderse muy bien -su campaña de marketing, perfectamente engrasada, es una de las más potentes del año- pero que es incapaz de arquear las cejas del público, de dejarle con la boca abierta: con Séptimo los que esperen que les sorprendan se verán desamparados.

UNETE



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