. Eso al menos es lo
que gritaba hace unos días un eufórico Alfredo
Pérez Rubalcaba en su discurso de cierre de la Conferencia política del
partido. Y tras ese rugido atronador, casi amenazante, realmente no sé si
alegrarme o echarme a temblar. Para todos aquellos que nos consideramos
progresistas, que defendemos la cultura, la justicia social, el trabajo, la
honradez, el PSOE representa todo lo contrario al socialismo. Desde hace
décadas, el Partido Socialista Obrero Español ha ido perdiendo por el camino una
a una todas sus siglas; primero fueron traicionando su ideología socialista
–eliminando sistemáticamente a los ideólogos del partido-; luego dejaron de
preocuparse por los obreros –eso sí; financiando indiscriminadamente a los
sindicatos que se enriquecieron a costa del trabajador-; después comenzaron a
convertirse en agrupaciones independientes y locales y, finalmente, se hicieron
nacionalistas.
Sin embargo, a pesar de todos los
problemas del pasado, el PSOE ha vuelto, ruge Rubalcaba y todos los socialistas de bien. Para regenerar el
partido -por una vez en la vida-, en esta última Conferencia, los socialistas
dejaron de dedicarse a criticar única y exclusivamente al Partido Popular y
comenzaron a preocuparse verdaderamente por los errores cometidos por los
cuales perdieron las últimas elecciones. Y eso me inquieta, porque una cosa es
renovarse y otra cosa bien distinta es programar actuaciones para ganar unas
elecciones. Sea como fuere, al PSOE le queda un largo recorrido por delante.
Para comenzar, muchos de los líderes socialistas actuales representan a la
burguesía más asquerosa y recalcitrante de nuestro país. Sin lugar a dudas, prefiero
a un noble que vaya de noble que a un burgués que vaya de hippie; que por
delante defiende lo público pero por detrás tiene a sus hijos matriculados en
colegios privados y usa la sanidad privada. Y cambiar eso resulta complejo,
porque el PSOE está repleto de ese tipo de gentuza; personas cuyo currículo es
vergonzosamente exiguo y que no creen en el socialismo, sino en el
enriquecimiento personal gracias a la camaradería.
Otro de los retos importante del partido
es comprender que el socialismo no consiste en repartir becas y subvenciones a
los ciudadanos. Ese tipo de políticas es radicalmente contrario al socialismo.
El socialismo no reparte migajas, ni peces; enseña a pescar. El socialismo no
se basa en aumentar subvenciones, becas y ayudas sociales; se basa en crear un
sistema justo y equilibrado donde no sea necesario subvencionar, becar o ayudar
socialmente a nadie.
Otro de los retos importantes del
partido es aclarar si el PSOE es una mezcolanza de partidos nacionalistas o,
por el contrario, tienen una idea común de país. Su coqueteo con el nacionalismo
extremo es peligroso, especialmente porque el nacionalismo siempre es
ultraconservador y segregador, algo que no es precisamente muy progresista.
En fin; a mí me alegraría sinceramente
que el PSOE regresara de verdad, que volviera a recuperar su senda, porque aunque
no me preocupa la alternancia política –es sano para cualquier democracia-, sí me
preocuparía que en nuestro país no hubiese alternancia, sino un puro cambio de
siglas.https://twitter.com/tonigariashttp://tonigarias.wix.com/toni