. “Cuentos de Medianoche” de Luis del
Val son un dulce para los amantes de este formato destinado a adultos.
Un género difícil de manejar, desarrollar y cerrar con broche de oro
para que el lector quede pensativo, sorprendido, aterrorizado, conmovido
o apesadumbrado.
Caben
tantas sensaciones y sentimientos en cada una de las más de sesenta
piezas que componen esta recopilación que es complicado sintetizarlas
con un solo titular para todos ellos.
Luis del
Val se atreve con todo tipo de temáticas: amor y desamor, trabajo,
explotación infantil, mundos imaginarios y surrealistas… Y triunfa en la
mayoría de estos relatos cortos, donde con una media de tres páginas
-aunque el primero y el último se extienden mucho más- plantea el tema,
crea la atmósfera adecuada para hurgar en sus posibilidades, la
rentabiliza al máximo exprimiendo la brevedad con un ritmo vertiginoso,
para concluir con desenlaces que en ocasiones dejan boquiabierto al
lector: por inesperados y crudos, y con un amplio elenco de tipología de
personajes, entre los que encontramos a incautos, desgraciados,
apasionados, cándidos… Luis del Val muestra una tremenda pericia para
tocar todos los palos de la psicología humana.
Sería
injusto seleccionar entre todos ellos o proclamar algún vencedor, pero
es inevitable no encontrar algunos especialmente destacados. Mi lista de
favoritos sería el siguiente:
“Un
minuto de silencio” es uno de ellos: el dueño del universo juega con las
máquinas que lo controlan y decide anular los sonidos y con ellos las
palabras. Sólo durante unos instantes, unos minutos. Es sorprendente
cómo el autor transmite la angustia de ese silencio ensordecedor en el
que ni los pájaros cantan ni las fuentes suenan. El clímax llega cuando
-tras esa caprichosa decisión- el escritor nos coloca en semejante
situación: “En aquel minuto tremendo y angustioso nadie pudo decir
, nadie pudo prometer nada, nadie pronunció
, nadie dijo ”. Es entonces cuando el dueño
del mundo comprueba que éste se volverá loco si no pulsa el botón que
devuelve los sonidos.
Es sólo
unos de los ejemplos que causan pellizco en el estómago, pero son otros
muchos los cuentos de esta medianoche que congestionan: en “El último
partido de fútbol” el autor crea en unos segundos una auténtica
revolución televisiva que deriva en armas, en “Un perro peligroso”, su
dueña acaba en un psiquiátrico porque asegura que su mascota habla, en
“La maleta”, un hombre en plena crisis matrimonial entierra su
heterosexualidad por una simple confusión de equipaje, en “Otro lienzo
más” se ríe a carcajadas del mundo selecto del arte donde sólo los
supuestos grandes entendidos tienen derecho a opinar y definir la
perfección o la originalidad, en “La gran aventura”, nos conmueve con un
personaje que se descubre demasiado pequeño para una fuga…
En fin… una amalgama de historias que a cada página crea ansiedad al lector por devorar más y más letras.
Recomendable para “todos los cuentistas”. Los que lo reconocen y los que todavía no lo han descubierto.Reseña realizada por la autora Begoña Curiel