. Era cuestión de tiempo que la hipócrita condición de una judicatura de
conveniencias quedara con la vergüenza al descubierto, ni más ni menos que
acelerando un proceso de excarcelación de terroristas y, por ende, de presos
comunes peligrosos para justificar la estafa jurídica. El plumero sectario hay
que disimularlo aún a costa de la seguridad del país y del pueblo que soporta
tanta indecencia devenida de tribunales poco limpios y desastrosamente
evidenciados.
Cuando el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo condenó al gobierno español por la falta de garantías
procesales que se practicó contra José María Ruiz-Mateos, los jueces
españoles se abstuvieron de acatar el mandamiento puntualizando que no estaban
subordinados a ninguna sentencia proveniente de Europa. Al suceder esto el bagaje de corrupción manifiesta ya se había
acrecentado con un Tribunal Constitucional que dio por bueno el decreto ley,
sacado de la manga del felipismo, que hizo posible la canallada de un expolio que
durante treinta años se ha silenciado, con el permanente vilipendio de la
víctima que fue un empresario y financiero que jamás pudo defenderse con un
juicio justo.
Para escarnio de la Justicia debida en España, la inexistente, Ruiz-Mateos
fue absuelto en 1997 de toda imputación y quedó en evidencia la miserable carga
del socialismo felipista contra un Holding Rumasa (http://es.scribd.com/doc/100456139/RUMASA-1961-1981-XX-Aniversario) que alimentó una voraz codicia generalizada con
reprivatizaciones de auténticos delincuentes que se habían hecho,
sectariamente, con el poder judicial. De ahí la descarada indefensión de una
Justicia perfilada de vergüenzas calladas que ahora se gritan con visceral
indignación por parte de las Víctimas del terrorismo.
Pasados treinta años y con la evidencia más repugnante de cinismo rayano
en lo criminal, las togas han avergonzado nuevamente a la ciudadanía poniendo
en la picota el respeto a resoluciones judiciales propias de delincuentes y
enemigos de la básica decencia jurídica. Nadie piense que es demagogia asociar a las Víctimas del terrorismo con Rumasa, cuando tanto José María Ruiz-Mateos como ellas han padecido el proceso de criminilización a manos de los provocadores de sus sufrimientos. En este país existe la tendencia a culpabilizar y arrollar al inocente con trampas y ensalzar a los verdugos. José María es una víctima más, sólo que siempre estuvo indefenso ante un inmundo frente generalizado que lo ha anatemizado por defender sus derechos vilmente negados. Tribunales españoles versus Rumasa y Víctimas del terrorismo ahora, es una confrontación muy a propósito
para cuestionarse la verdadera función de unos prevaricadores de continuidad,
cuyas sentencias escandalizan hasta la visceral irritación, develándose el
perpetuo favoritismo de los fingidamente imparciales togados que han convertido
lo digno en una sospecha acrecentada de servilismo impune al servicio de una
estafa nacional que cubre desde el ámbito económico hasta el político y social.
No hay credibilidad en aquello que se vislumbra pútrido y atufa a
prevaricación permanente. Bastaba que los mismos jueces se pusieran en
evidencia para descubrir que no hubo, en casos flagrantes, Justicia en España y así fue disimulado
hasta que lo evidente se convirtió en una revelación inequívoca de lo que ha
gestado la ruina de todo un país. Lo sucedido con Rumasa y el posterior acoso y derribo brutal pergeñado contra Ruiz-Mateos, son los antecedentes de lo sufrido ahora por las Víctimas del terrorismo. Los argumentos no son divergentes sino que se encuentran en el tiempo con la misma prevaricación y el oscurantismo que se ejercieron durante treinta años. Esto no viene de ahora. En el 2013 ha emergido el sectarismo después de actuar en las sombras de la aparente normalidad jurídica que nunca ha existido en España. Paradójico que los que deberían
estar encarcelados-según se oye a pie de calle- dicten sentencias que excarcelan a los que se han convertido
en sanguinarios jueces del futuro de los ciudadanos. Si algo tan evidente como
el expolio de Rumasa salió bien a criminales disfrazados de políticos, no
debería extrañarnos que los asesinos gobernaran los destinos del país que masacraron. Y no me refiero sólo
a los estrategas y manos ejecutoras del terrorismo etarra, pues el 11-M-por mucho que se pretenda enterrar- no está
aclarado y es gracias a jueces como los que hoy han dictado sentencias contra los inocentes y desprotegidos; jamás habrá de olvidarse esta demoledora infamia por la que deberían ser juzgados para vergüenza y
asco de sus memorias. Resulta harto curioso que a raíz del 11-M los más beneficiados de un supuesto crimen islamista pertenezcan a una banda terrorista que ha obtenido favores radicales ,después de que Zapatero tuviera conversaciones con ésta tres años antes de acceder al gobierno. Curioso.Las piezas del puzzle son más que evidentes, como las de Rumasa en su momento, y el 11-M tiene mucho que ver con las excarcelaciones actuales; de lo que se deduce que ese puzzle está mal montado pero las piezas son correctas. Durante décadas de oscurantismo e injusticia alguien se ha encargado de remover los rompecabezas para que nada ajuste y ocultar los crímenes que en España se han perpetrado impunemente, pero sabemos al día de hoy, delatados, quiénes los han removido.