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Situación agraria en México a 100 años del Plan de Ayala


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11/11/2013


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"El pesar nuestro de cada semana" en su edición de hoy le presenta a usted estimado lector un ensayo sobre uno de los documentos más importantes para la historia rural de México, que marcará pauta pues permite una nueva visión llena de respeto e importancia que tenía y tiene aún el campo mexicano.


La situación agraria en México a 100 años del “Plan de Ayala”

El Plan de Ayala es la bandera con la que no sólo se representa al zapatismo, sino también al lenguaje agrario en México, pues en él se plantean los principios fundamentales en los que debería encontrarse  el agro mexicano. 

Cuando hablamos del plan de Ayala, tal vez no muchas personas lo recuerden, o sepan de qué habla, tal vez habrá quien sí, pero finalmente pocos entendemos lo que éste significa, el hecho es que el plan va más allá del reclamo de unas cuantas tierras, en cada una de sus palabras se encuentran plasmados una serie de sentimientos, de emociones de los campesinos de esa época, cuya forma de pensar era compartida por campesinos de otras regiones, de otras condiciones, pero que a fin de cuentas habían padecido la injusticia bajo la misma sombra:.

Ya sea por despojos desde la época de la colonia en el sur, o por desarraigos en el norte a raíz de las “Leyes de Reforma”, todos tenían la misma sed de justicia, el sentimiento de rechazo hacia quienes abusando de sus facultades se habían apoderado de lo que no les correspondía; la tierra, aquella que ellos mismos habían sacado adelante y que tan tajantemente les fue arrebatada.

El Plan de Ayala, es un reclamo no sólo a la presidencia maderista que había prometido grandes soluciones al conflicto, es el reclamo a la alta sociedad de esa época, que en su ambición por explotar y poseer en grande, se había olvidado de brindarle a sus trabajadores las condiciones adecuadas para sus labores, aquellos que en su afán por aumentar sus bienes económicos se olvidaron de los derechos de los campesinos a los que siempre se les ha considerado inferiores, el Plan de Ayala es el rechazo a una sociedad que se volvió indiferente ante el sufrimiento, la impotencia, la injusticia  y el hambre que padecieron los jornaleros mexicanos y sus familias.

Pero ¿qué sería de México sin el campo, sin los campesinos?, desde mi punto de vista la respuesta es que simple y sencillamente no seríamos nada, no tendríamos una gran parte de nuestra identidad como país, que aunque costó trabajo encontrarla (debido a nuestra condición mitad indígena, mitad colonial), siempre estuvieron presentes elementos únicos como el campo, el maíz, la tierra en toda su extensión, todo aquel paisaje que con cada uno de sus colores y sabores formó una nación especial, un país irrepetible que a lo largo de sus historia antes y después de ser México se ha enfrentado a diversas situaciones, aventuras y desventuras, siempre en busca de una identidad propia, siempre en busca de su sello personal.

La historia mexicana, siempre controversial, nos ha enseñado que a lo largo del tiempo y aún con la evolución de las épocas, el problema es el mismo: la falta de apoyo entre nosotros mismos, el querer siempre adoptar medidas que ni siquiera se adaptan a nuestras condiciones, el no mirar atrás y aprender de los errores ya cometidos. El Plan de Ayala es la impresión de ese sentimiento de enojo, de injusticia, de rencor de los campesinos hacia todos aquellos que permitieron el despojo, que toleraron el maltrato, que omitieron el sufrimiento de aquellos que se encontraban más vulnerables.

Con pensamientos como el de Luis Cabrera, con ideas como las de Andrés Molina Enríquez y con proclamas como las de Emiliano Zapata es como se logró poner de nuevo el tema del agrarismo en la mesa de debate, pero no por mucho tiempo, más allá de realizar acciones emprendedoras que fomentaran el agro mexicano, que lo impulsaran en su desarrollo económico, todos los repartos agrarios, los presupuestos invertidos y reformas proclamadas se elaboraron con base en mantener a raya a los campesinos y así evitar nuevas revueltas, siempre poniendo como prioridad otros asuntos que tenían la misma importancia que el campo, pero que se atendieron con mayor dedicación, siempre dejando al campo y a sus hijos a un lado.

No es de extrañar que a raíz de esta ineficaz respuesta del gobierno (en especial después de Lázaro Cárdenas y su increíble logro respecto a la adaptación del desarrollo agropecuario a la nueva política de desarrollo industrializador), que muchos campesinos emigrarán en busca de mejores oportunidades, ya sea a las ciudades del pais o al extranjero, en este caso a los Estados Unidos de América, sin importarles las condiciones en las que vivirían, la discriminación de la que serían objeto y la marginación que padecerían, en sus mentes sólo buscaban y buscan hasta hoy en día una cosa: vivir mejor de lo que lo hacían en el campo.

Es aquí donde entramos nosotros, y me atrevo a formular esta interrogante ¿en qué momento nos volvimos tan indiferentes ante el sufrimiento de nuestros semejantes?, ¿en qué momento dejamos de ser un país rural para convertirnos en un simple pueblo tercermundista, aún teniéndolo todo para ser desarrollado?, la respuesta se puede buscar entre los años 60’s o 70’s, durante los cuales se empezó a dar el abandono del campo, pero esa respuesta persiste hasta nuestros días y cuyo  reflejo  hallamos en lo que hoy queda del campo mexicano, ruinas de lo que alguna vez tuvo esplendor, animales que se están muriendo de deshidratación, sequía y pérdidas por todas partes, descensos dramáticos en el precio de cabezas de ganado que ya no se pueden mantener, aumentos impresionantes y momentáneos en productos que eran de consumo habitual y muchas otras cuestiones más.

Pero esa imagen no es más que el grito desesperado de nuestra tierra que clama por que volvamos a mirarla, porque intentemos rescatarla, porque nos invita a seguir subsistiendo de ella, porque aún no es tarde; el problema todavía tiene una solución, no sólo es cuestión de presupuesto federal, se necesitan ideas nuevas, innovadoras, gente interesada en el agro nacional que sepa crear medidas de acuerdo a nuestras necesidades, no adoptar las que se aplican en otros países cuyas condiciones son diferentes a las nuestras. Sólo hace falta eso, iniciativa, esperanza de que se puede mejorar la situación actual, ideas que impulsen este proyecto, visión y soluciones a futuro, pequeñas cosas que pueden lograr un gran resultado.





“Reforma, libertad, justicia y ley” es el lema original de los zapatistas, son las palabras que en síntesis reclaman lo sufrido durante más de 400 años, que van desde la Conquista hasta la Revolución en ese entonces y hasta hoy en nuestra época.

El Plan de Ayala no es sólo un reclamo agrario, es una exigencia  hacia nosotros como mexicanos, hacia nuestra indiferencia y tolerancia a la injusticia, pero también es una invitación a realizar lo correcto ya no sólo por el bienestar campesino sino por el bien común que implica el desarrollo del campo mexicano.







Etiquetas:   Agricultura   ·   Economía   ·   Política   ·   Historia

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