. Conste, son dos cosas muy
distintas a pesar de escribirse casi de igual manera. Ser apto significa poder
hacer las cosas, tener la capacidad de resolver problemas así como los
conocimientos necesarios para desempeñar un puesto de trabajo o un empleo
formal.
Tener
actitud es una situación distinta. No requiere conocimientos, no se necesitan
capacidades ni tampoco, una preparación especial. Lo único que se utiliza para
poder desplegar una actitud de servicio válida, son ganas. La voluntad de
quedar bien con los demás, de hacer bien lo que a cada quien le corresponde y
nada más.
La actitud
es esa disposición que tiene alguien más cuando te ve batallando y se acerca a
ayudarte. Es el empuje extra que ofrece un dependiente de tienda, un empleado
de gobierno, un burócrata, cuando además de estar preparado para hacer sus
deberes, tiene la actitud de servicio, vamos, las ganas de hacer bien su
trabajo y lo demuestra con la forma en que trata a la gente que tiene que
acudir a verlo.
Y es lo
mismo que usted tenga que ir a una empresa privada, como los del cable o los
del gas, que a una pública, como los de la luz. En ambas instancias encontrará
usted personal dispuesto a servir, no serviles, serviciales, con actitud de
servicio, atentos y que siempre ofrecen un poco más de lo que se espera de
ellos. También va a encontrar a aquellos que están enojados con la vida, que ya
no tienen ilusiones ni sueños por cumplir y que, por lo tanto, ya no tienen la
voluntad de quedar bien con nadie.
Hoy quiero
referirme en especial, a dos personas que han causado mella en mi ánimo
precisamente por lo aburridos que están con la vida, por lo molestos que
demuestran estar con sus semejantes y que se refleja en su trato a quienes nos
vemos forzados a acudir a requerir sus servicios.
El primero
es un verdadero ejemplo del burócrata caracterizado por el genial Héctor Suárez
en el “No hay”, aquél personaje que creara historia. Es el encargado de recibir
documentación y brindar información en las oficinas del Instituto Federal
Electoral, el IFE, que se ubica en la Calzada Madero. Van tres veces que acudo
a realizar el trámite de mi cambio de credencial y vaya que lo he podido
observar.
La persona a
que me refiero a todos les expone lo difícil de cada caso. Informa que
probablemente no se vaya a poder pero que él hará lo posible por solucionar el
caso, cuando lo cierto es que únicamente entrega fichas para atención. No
revisa documentos ni tiene facultades. Donde sí estamos en sus garras, es
cuando acude uno a recoger la nueva credencial. Se le debe entregar el
comprobante y esperar a que el señor considere ha transcurrido suficiente
tiempo. El pasado jueves acudí a recoger mi credencial y cuarenta minutos
después de que nos había dicho que en diez minutos salían nuestros documentos,
le pedí me devolviera mis papeles para acudir en otra ocasión. Volteó, me
barrió con la mirada y me dijo: faltan diez minutos, usted sabe si se va. Y sí,
me retiré y voy de nuevo hoy lunes a continuar el trámite, pues entregar una credencial
es un trámite muy arduo.
Quién me
manda ser un ciudadano cumplido…
El otro
ejemplar a quien me quiero referir, es una dama que atiende en el juzgado
cuarto concurrente del edificio Meridiano, aquí en Monterrey. Está encargada de
diversos trámites, entre ellos, de la ratificación de convenios y documentos
diversos.
Voy a tratar
de explicarme. Presento una demanda, se empieza el juicio y de pronto, el
demandado y nosotros llegamos a un convenio en el que ambas partes estamos de
acuerdo y por lo tanto, el asunto se termina precisamente por ese convenio.
Claro, elaborar un convenio judicial requiere mucho tiempo, se deben analizar
cláusulas y demás, por lo que nosotros los tenemos ya preparados y el deudor
acude en compañía de un abogado a firmar el convenio ya realizado previamente y
autorizado por las partes. Falta la autorización judicial y para ello, el juez
recibe el convenio y lo estudia con todo la calma del mundo durante dos o tres
días, hasta que decide sancionarlo y entonces, publica su acuerdo.
En el inter,
existe un trámite que debe realizarse: cuando ambas partes nos presentamos ante
el juzgado con el proyecto de convenio ya firmado, un secretario o fedatario
público debe hacer constar que las firmas que calza el convenio son auténticas,
puestas del puño y letra de las partes y para ello, se elabora en el juzgado un
documento que se llama ratificación de firmas. Es una hoja, cuando mucho dos,
en las que se asientan los nombres de los comparecientes, el número de
expediente y la razón de que declaran que las firmas que aparecen en el
convenio exhibido son de ellos mismos.
En la
mayoría de los juzgados, es un trámite de entre quince a veinte minutos,
máximo. En el Juzgado Cuarto Concurrente, son mínimo cuatro horas y media. Y no
se le ocurra a usted, vil mortal, preguntar por su ratificación, pues la
respuesta ya la sé: tenemos asuntos de amparo que sí son urgentes y usted tiene
que esperarnos. Esa es la actitud del personal del juzgado.
Me gustaría
conocer su opinión. Vale la pena.jmgomezporchini@gmail.com/ http://mexicodebesaliradelante.blogspot.com