Anchoring: Técnica de persuación de clientes

La mayoría de las técnicas y estrategias tienen casi siempre un fundamento científico. Un fundamento que requiere de una investigación prolongada y que, una vez que se obtienen resultados, aquellos que gustan de planear con estos corolarios, aseguran el cumplimiento de sus objetivos. En ocasiones prueban la teoría y la convierten en reglas básicas, sobre todo si tiene que ver con el comportamiento humano, con los modos conductuales en como el sujeto actúa, a raíz de un estímulo consiente o inconsciente. 

 

. Un fundamento que requiere de una investigación prolongada y que, una vez que se obtienen resultados, aquellos que gustan de planear con estos corolarios, aseguran el cumplimiento de sus objetivos. En ocasiones prueban la teoría y la convierten en reglas básicas, sobre todo si tiene que ver con el comportamiento humano, con los modos conductuales en como el sujeto actúa, a raíz de un estímulo consiente o inconsciente. 
Las empresas con movimientos estratégicos y objetivos bien planteados utilizan siempre dichas técnicas. La “técnica del  anclaje” o “anchoring” en inglés, es un ejemplo que suele utilizar algunas trampas mentales para convencer a un comprador; aprovechando los algoritmos matemáticos que realizamos semi-consiente al recorrer, por ejemplo, las estanterías de los supermercados o tiendas de ropa.

Imagínate dentro de una tienda de autoservicio, ¿Observas los pasillos? Si pones atención a uno en especial, te darás cuenta que tal vez solo se exhibe un solo producto (o algún sustituto), pero con una infinidad de variedades y marcas: chicos y medianos, cortos o largos. Y claro, diferentes precios.

Y no es casualidad, las empresas utilizan el lay-out para aplicar el anclaje. Lo que sucede es que, es inevitable para el cerebro crear perspectivas, comparaciones de precios intentando elegir “el más conveniente”. De esta forma, verás el producto que te gusta y observarás el precio, giras un poco tu mirada y, claro, un sustituto con un precio mejorado. Así, tu cerebro ha creado una comparación. ¡Has caído!.

Supongamos que deseas adquirir un bolso pero no tienes idea de cuanto pueda costar. Entras al pasillo y encuentras un Louis Vuitton a $25, 200.00 pesos. Avanzas y en una bolsa de una marca apenas conocida lees en su etiqueta el precio de $1, 200.00 pesos. El primera ha servido de ancla y el segunda pareciera tiene un precio ridículo.

Productos que sin un contexto hubieran sido muy caros, puestos al lado de otros con precios mayores terminan siendo una ganga. 

UNETE



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