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Una mirada holistica a las virtudes humanas


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06/11/2013

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Es común que los movimientos espirituales antiguos y modernos inciten a las personas al desarrollo de las virtudes morales. Pero por lo general se hace un estudio y una aplicación una a una de las virtudes, para facilitar la pràctica de ellas por parte de sus seguidores. Lo mismo ocurre con las virtudes del ciudadano en el orden civil y político. Una a una se intentan desarrollar en los educandos, en los seguidores de las escuelas filosóficas y religiosas, y en los ciudadanos.


Pero esa pràctica individual de virtudes, por ejemplo, la humildad, la paciencia, la justicia, la piedad, la sabiduría, la prudencia, por separado, no logran su fin, que es el desarrollo integral de la persona humana, tanto como un ser social como un ser espiritual. Por eso fracasan quienes intentan decir que las clases de religión o de filosofía se pueden reemplazar por clases de moral, una moral social deslavada y desconectada del ser total del ente humano, visible e invisible, espiritual y corporal a la vez.

De allì que se impone el enfoque holístico de la pràctica y de la comprensión de las virtudes. Es decir una concepción totalizadora del desarrollo moral humano con apertura a lo Trascendente. Veamos un ejemplo: La prudencia. Preguntèmonos si es posible ser prudente sin ser inteligente, o sin ser paciente al mismo tiempo. Las tres virtudes van juntas. Y si ya hemos nombrado la paciencia, veamos si es posible ser paciente sin ser humilde, prudente, autocontrolado, y positivo a la vez. No se puede.

Tal vez se pueda, por un instante, pero Aristòteles decía que las virtudes deben ser hàbituales, conductas constantes, permanentes, no algo ocasional, basado en meros temores o en la mera conveniencia personal del momento. La mujer o el hombre virtuosos lo deben ser siempre, en todas las circunstancias de la vida, no un dia si y un dia no. O por lo menos se debe observar que la persona tiene conductas edificantes la mayoría de las veces. Si su buen comportamiento es ocasional la persona CARECE DE ESAS VIRTUDES. Y no es de fiar.

Veamos la templanza, o el autocontrol y la medida en el consumo de bebidas alcohólicas. Si yo la practico sòlo por mejorarme de una gastritis o de una ulcera gástrica, no es una virtud, es una mera acción de conveniencia por mi salud. Y cuando me mejore vuelvo a descuidarme, mucho o poco. La templanza no es que solo tomo alcohol moderadamente, sino que razono y  sè que el vino u otras bebidas espirituosas me impiden el autocontrol de las palabras, de los deseos, de la ira, de los reflejos, no puedo manejar, no puedo contraer compromisos si no se o no recuerdo lo que digo, etc.

Y por lo que sucede todos los días, el alcohol es la puerta de entrada para otras drogas màs caras y pesadas. Esas razones morales involucran la prudencia, la responsabilidad y la inteligencia además de la templanza misma. Es lo que la gente antigua llamaba el sentido común. Incluso una persona cristiana que practica la caridad en algún grado se comporta con templanza para dar buen ejemplo a sus hijos o a sus prójimos, y evitar el desarrollo de conductas escandalosas que surgirían naturalmente por la falta de templanza en un evento social.

Y eso es algo externo, pero hay màs. Para un cristiano el cuerpo humano es un templo de  Dios, y si usted daña su cuerpo y sus neuronas con drogas socialmente aceptables o de las otras, incurre en pecado de profanación de su cuerpo-templo del Espìritu Santo. Lo mismo es si usted es vìctima del pecado de la gula, pues los excesos de comida van a dañar su templo y eso se paga con enfermedades y con un corte de luz divina en el alma. Esa es la virtud de la austeridad en el comer, la cual va, como se ve, unida  a la templanza y a todas las demás virtudes, la fe y la caridad incluida.

Hasta el mandamiento de Dios que dice NO MATARAS, incluye la idea de no matarse a si mismo con drogas, alcohol o comidas peligrosas para la vida, como es la comida rica en grasas animales, o hipercalòricas, como también el no fumar tabaco, ni alucinógenos, etc. Si usted daña deliberadamente el instrumento físico que Dios le dio para cumplir una misión especial comete un pecado y engendra mal karma y dolor, para si mismo y para otros que lo tienen que cuidar a uno. Este es un ejemplo màs que demuestra la necesidad de la mirada holística o totalizadora de las virtudes humanas.

Volvamos a la humildad y a la paciencia. ¿còmo podría uno ser humilde sin considerar que el ser humano tiene limitaciones y pequeñeces, y que Dios y el destino con sus leyes cósmicas son màs grandes que èl y que sus deseos? ¿Còmo podríamos ser humildes si no nos damos cuenta de que no somos mejores que el resto de las personas, pues a cada rato caemos en conductas impropias que hace un rato atrás criticábamos en otros seres?

Reconocer esas miserias morales de cada uno es humildad y es reconocer que se necesita de la misericordia de un Poder Superior para poder mejorar el carácter y salvar el alma. Esa es una mirada holística, semejante a la de San Francisco de Asis, que decía que èl agradecìa a Dios porque su luz le había permitido leer el libro de sus pecados. Y esa lectura interior a conciencia le impedía ser orgulloso o soberbio.

Y hay màs, los mìsticos, los profetas y videntes de todas las épocas y de todas las culturas nos informan que la pràctica de las virtudes en grado heròico engendran poder espiritual y vida eterna, como también iluminación y protección divina en tiempos críticos. La virtud es poder viril, es fuerza mágica, es un diamante en el alma. Y un alma enteramente virtuosa se transforma en un alma diamantina, al decir de los lamas tibetanos. Y nada la puede destruir.

De allì que es imposible desconectar la moral de las energìas religiosas y de la filosofía, de los mitos y de los arquetipos de perfección humana. Los que lo intentan se embarcan en una aventura que no tiene un buen fin. Las morales laicas no tienen destino, pues mutilan la naturaleza humana y no miran a la trascendencia. Les falta lo holístico, el para què me sacrifico, mis metas últimas y trascendentes. Se debe mirar al todo del ser humano, que incluye a Dios y a la vida en el màs allà, para darle un sentido y un significado superior a la vida y al esfuerzo de cada dìa.

Y no es que haya que injertárselo culturalmente, lo tiene por si mismo, en lo profundo del ser humano, pues hay una raíz de eternidad en su ser interior, una ley escrita oculta en su naturaleza espiritual que ningún sistema educacional o político puede abolir o negar. Si se le ignora o reprime, surgirá en otro momento, pero surgirà.

La caridad, o el amor a Dios a través de las creaturas, està inscrita como una fuerza interna de origen crìstico en el alma del ser humano. Y se manifiesta en los actos de abnegación personal que observamos de tiempo en tiempo, y que algunos llaman quijotadas, y se rien de ellas. Pero ese fenómeno esta allì, inserto en la naturaleza humana y en la conducta de cada dìa. Es la manifestación del elemento trascendente del ser que nos dice que no somos solo carne con ojos y neuronas.

Y ese elemento misterioso también nos impulsa a la paciencia, a la esperanza y a la fe. E incluso a la Visiòn mìstica de lo que està mas alla de las formas. Nos da fortaleza en las pruebas de la vida y nos hace esperar los apoyos inesperados de la providencia divina cuando todo parece perdido.

Paciencia y visión, fe y esperanza son inseparables, como también la perseverancia. Cinco virtudes que operan juntas, y se les une el amor, que les da plenitud a esas virtudes. Y ya tenemos seis. Si soy paciente es porque amo y comprendo, veo y espero lo que otros no ven ni esperan. Y por eso persevero, pues mi fe es un oscuro pre-conocimiento clarividente cercano a la profecía que me orienta y me sostiene. Y allì ya tenemos otras virtudes intelectuales que se agregan al todo de la virtud humana del adulto maduro en su alma evolucionada. 



Etiquetas:   Religión   ·   Ética   ·   Filosofía

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1 comentario  Deja tu comentario


, muy buena columna




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