. Pero el sábado dos,
un cielo gris cobijo la demarcación y marcó un contraste con los colores vivos
que se llevaban entre los brazos y se dejaron en un cementerio; hojas de la
flor de muertos cayendo sobre la tierra, cae despacio, cae a disposición del
aire, cae por la gravedad.
Mientras la mayoría de las tumbas son revestidas de amarillo
por los pétalos del cempasúchil, el morado del diente de león y el olor a
limonaria se mezcla con el copal, a las orillas, a un lado, al fondo también
están los olvidados, a los que nadie ya visita, los que ya no tienen nombre,
los que no quieren ser recordados o los que simplemente se quedaron en una
tumba.
Bullicio de ocasión, de ahí en fuera no volverá a verse el
ir y venir de tanta gente, fiesta, cerveza, comida y pan; música, cantos y una
banda que toca “no volveré, te lo juro por Dios que me mira”, han estado ahí
desde las 6 de la mañana y se irán hasta que les pidan la última canción, han
venido para hacer gozar a los muertos, otros seguro se retuercen…
Pero a unos o más bien muchos, no hubo quien les llevara siquiera
una veladora, quedaron en la ausencia, en la distancia en la soledad que inmuta
este lugar, cruces de madera casi ya podridas, otros se perdieron porque encima
de ellos ahora se erige un pasillo de concreto, entonces se vuelve el lugar
donde literalmente se camina sobre los muertos.
Durante estos días ese lugar solitario, donde el silencio
reina a excepción de un “tordo” que mueve las ramas de un árbol al volar, pero
el Campo Santo permanece así, testigo de todos aquellos que buenos o malos,
ricos o pobres, católicos o ateos terminaron en el mismo lugar.
-¿Y ahora los muertos también salen en el periódico?
-Vine para hacer un reportaje por el Día de Muertos ¿Tienen
a varios difuntos aquí?
-Cuatro, mi papá, mis abuelos y mi hijo mayor, ya no tenemos
espacio así que compraremos otro terreno, allá en la ampliación.
-¿Y cada cuanto viene a verlos?
-Cada año.
-Mucho tiempo ¿No?
-Mi’ja al menos vengo y veo a mis difuntitos, les traigo
flores, pero ve aquellos que ya ni sabemos quiénes son, son de los primeros que
se enterraron al principio, casi, casi son los primeros pobladores de Álamo,
que bueno que la inundación del 99 no los alcanzó, capaz y hasta los
desenterraba.
Y sí, al menos el panteón municipal de Pueblo Nuevo, aquí en
Álamo se iluminó de velas, pero faltaron, faltaron muchas por encenderse, unas
a pesar de tener una grandes estructuras decorativas no tuvieron más que dos
veladoras encendidas ¿Los olvidaron?
Otros, a pesar de solo estar recubierto de tierra fueron
adornadas con dedicación, con esfuerzo, con amor, aún no los quieren dejar ir,
los quieren contentos y no se sabe si partieron este dos de noviembre porque
tampoco se sabe si regresaron del más allá, tal vez ya no vienen por la misma
razón, nadie los visita, nadie les trae flores, nadie mezcla el copal y prende
velas de cebo; muchos muertos, muchos recuerdos y pocos visitantes.
Hay unos que no quieren olvidar a pesar de lo que fueron en
vida, dos guitarra, unas voces aguarrientosa se escuchan, un grupo de cinco o
siete jóvenes rodean una tumban, le cantan a un amigo, se quedó en el camino,
“la maña se lo echó”, ellos siguen en el negocio, con cuidado, con temor de
terminar tres metros bajo tierra, no lo olvidan porque hicieron una promesa,
dicen que “él los cuida ya sea desde el cielo o la tumba” por eso aun siguen
vivos.
Hoy, hoy, posiblemente y siendo el día de Difuntos, será
otra jornada de afluencia en los camposantos donde dejaran ramos o simplemente
para hacer una visita. Pero no todos optan por dejar una ofrenda floral, unos
los dejan en el olvido.