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Los costos de las Reformas


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04/11/2013

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No toda la dimensión del impacto de las reformas propuestas por el ejecutivo federal, sobre todo la hacendaria, se pueden medir en una escala estadística, en este caso sobre el cálculo de los ingresos fiscales que persigue.


Porque si bien en primera instancia en lo general, se presta atención al aspecto recaudatorio, en la consideración de lo que el gobierno puede esperar obtener, esa no es la única tabla de medición.

Muy independientemente del aspecto técnico, que se refiere específicamente a las medidas que componen la reforma como tal, habría que limitar su espectro y ubicarlo en el de una miscelánea fiscal.

Porque al final de cuentas como tal, la propuesta gubernamental no es una reforma de fondo, como ya hemos apuntado detalladamente en ocasiones anteriores, sin embargo en esta ocasión el análisis no va en ese sentido.

Porque en la reflexión de su ejecución sobresalen otros aspectos que sin duda serán elementos trascendentes en lo sucesivo, la mayoría de ellos con un carácter en el que lo político, sobrepasa la importancia de lo económico.

Hay quienes y no son pocos, que se inclinan a denominar el paquete aprobado por el legislativo, como medidas de populismo fiscal, esto desde nuestro particular punto de vista, por la forma en que consumó la negociación para su aprobación, no por su contenido en todo caso.

Visto así y considerando los factores y efectos colaterales, el recuento de los costos de la llamada reforma hacendaria, por supuesto implican como decíamos reacciones que en el ámbito político serán de suma trascendencia.

Empecemos por señalar que en el balance da la impresión que el resultado de la mencionada reforma, le va a ocasionar al gobierno enfrentar mucha inconformidad social, más allá de las simpatías partidistas.

En contraparte los beneficios no parecen ser los mínimos suficientes para el tamaño de la inversión de capital político, que el régimen tuvo que aportar para conseguir un objetivo que ahora no termina de quedar claro.

El Presidente de la Republica ha expresado, que su administración absorberá los costos de las determinaciones, que en este caso conllevan un alto grado de impopularidad.

Sin embargo resulta un argumento cuestionable desde el punto de vista electoral, primero porque cualquier transformación requiere de un tiempo para madurar y ofrecer resultados tangibles que las justifiquen.

Entretanto eso eventualmente sucede, porque tampoco hay garantía de que esos cambios realmente vayan a ser benéficos, si no es que incluso se convierten en un despropósito.

Bajo esa perspectiva desde la agenda electoral nacional, como también ya lo habíamos semblanteado con anterioridad, es más factible que en los próximos comicios, los denominados intermedios, el descontento no solo permanezca sino que además aumente, mientras que el resultado positivo de las reformas, si este llegara a suceder, todavía no será tangible para la población.

En relación a lo anterior, no se puede dejar de lado que en esta ocasión la división entre el panismo y el perredismo, que seguramente creció gracias a la operación del priismo, fue la base que permitió el transito legislativo de las propuestas del régimen.

Lo que permitiría pensar que en esa separación, el panismo pierde en la reforma fiscal y el perredismo lo hará en lo que respecta a la energética, lo que colocaría al priismo y a su régimen de gobierno como los grandes ganadores.

Sin embargo eso es solo una visión parcial, en el tiempo y en los saldos, porque la aprobación de ambas reformas le será muy costosa al gobierno en materia de los recursos negociados por sus opositores.

Pero por supuesto lo será más en el ámbito del tema electoral, ya que sus rivales tradicionales tendrán sendas banderas para enarbolar en la competencia, recursos económicos y un campo fértil para la crítica, dada la sensación de insatisfacción social.

En conclusión esta primera etapa bien podría resumirse como insuficiente y onerosa para el gobierno, no pudo proponer las reformas como las imaginaron desde el inicio, la hacendaria la tuvo que negociar con el perredismo cediendo y en la energética con el panismo, tendrá que hacerlo también.

Evidentemente después de lo que paso en esta primera prueba, Acción Nacional va a vender todavía más caros sus votos en la aprobación de la reforma energética.

Y como ya lo mencionábamos todo ello además, no le va a otorgar al gobierno las ventajas y beneficios que esperan, mientras que a cambio tendrá que enfrentar el más alto grado de rechazo popular.

De tal suerte que en este momento políticamente todavía no hay ni ganadores ni perdedores, en todo caso esa condición recae en los sectores de la sociedad que tendrán que cargar con el peso de la agresiva miscelánea fiscal.

Porque de lo que no hay duda es que, a partir del próximo año, si la Secretaria de Hacienda descubre que sus pronósticos recaudatorios fueron incorrectos, y que no estará obteniendo los recursos planeados, innegablemente va a intensificar los formatos de cobro.

Eso siempre será más fácil que reconocer que se cometió un error, que la propia miscelánea de carácter estatista, será la causa de la intensificación de una desaceleración económica que ya está en marcha y que para esas fechas puede llegar a ser una franca recesión.

Estamos hablando muy probablemente de la implantación de un terrorismo fiscal a gran escala, un endurecimiento del trato al contribuyente, para exprimir a aquellos que hoy son los que pagan y lo hagan más.

Mientras que los que están en la informalidad por obvias razones, menos querrán aceptar la oferta oficial para incorporarse, no solo para no pagar impuestos, sino por el temor a la forma de cobrarlos.

El gobierno mexicano nunca ha sido un buen recaudador, por la dificultad establecida en el exceso regulatorio, lo que hace muy complicado y hasta tortuoso pagar impuestos.

Sumémosle a eso que tampoco ha sido muy eficiente en el gasto, por lo que la intención de incrementar sus ingresos de esta forma, genera una gran desconfianza colectiva, porque aunque se habla de ahorrar, de recortar y una supuesta austeridad en el ejercicio, el espectro de la corrupción en sus diversas formas sigue vigente.

Esa susceptibilidad es un reto a la credibilidad oficial, así que además de todos los conceptos anteriores, hay que sumar también este elemento a los costos que el gobierno tendrá que pagar por sus reformas, porque es natural que también influya en la sensación ciudadana.

Una reforma que todo indica beneficia a los sectores que de por sí ya estaban en contra del gobierno, mientras que perjudica a los que apoyaron el retorno del priismo al poder, es decir que los factores están al revés y eso naturalmente tiene que tener costos.

 

twitter@vazquezhandall 





Etiquetas:   Política   ·   Gobierno   ·   Cámara de Diputados   ·   Partidos Políticos   ·   Cámara de Senadores   ·   Reforma Energética   ·   Reforma Hacendaria

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