Rajoy y sus oscuros temores

 

. Actualmente la responsabilidad moral de los asesinatos  de ETA recae sobre los jueces y los políticos. La situación de permanente deferencia con los criminales ha dado un vuelco a la percepción de libertad que había en un  país. Con descaro ya, las decisiones jurídicas y políticas demonizan a las víctimas, cuya reivindicación de dolor y Justicia son demagógicamente aprovechadas por una rastrera corriente de resentidos sin causa que las acusa de pertenecer a la ultraderecha.

  Si en el futuro se provocaran más víctimas,las habrá desgraciadamente,  sin el escudo del estado de derecho ya prácticamente inexistente, los culpables serán los jueces y políticos que han causado este engaño criminal contra una inadvertida población usada como cobaya de manera continuada. De haber más asesinatos, debería abrirse la veda contra los verdaderos provocadores de crímenes en complicidad con asesinos. Si no hay Justicia verdadera, se tomará por derecho elemental más allá de la hipocresía de los tribunales. No merecen protección los canallas que facilitan la desintegración de los ciudadanos.

   La dicotomía política durante 30 años de democracia no era una realidad en la calle sino en los círculos políticos especializados en la rencilla partidaria. Zapatero despertó ese odio guerra civilista escindiendo a España para convertirla en un nido laberíntico de pactos encubiertos con separatismos, para sembrar las bases futuras de una república socialista consolidada desde una profunda transformación cuya eficacia consistió en un golpe de estado encubierto con 192 inocentes asesinados. Cuanto más se dividiera, mayor sería la transformación para reconstruir el país desde sus más viscerales entrañas. La onda expansiva del 11-M reverbera así pasen los años y nada ha cesado de los beneficios que unas alimañas se procuraron a corto, medio y largo plazo.

¿Para qué tal complejo ejercicio de ingeniería criminal? Sencillamente, para chupar más y mejor del bote con absoluta impunidad. No hay que buscar razones más profundas para estos tramposos continuados de la excusa ideológica.

   Ésa es la única realidad en un país de mentira, tomado a sangre y fuego en un plan continuista que no ha cesado. El gobierno del PP sólo supone una transición para que, ante la próxima alternancia con la izquierda en el poder se consume, mediante el debilitamiento de la monarquía, el plan trazado cuando tres años antes del 11-M Zapatero se reunía con una banda terrorista que ha conseguido todas las exigencias y compromisos que el tiempo ha develado. El inefable Tribunal constitucional ha sido el perfecto camuflaje de lo criminal para que forajidos de la política disfracen sus trapos sucios. El objetivo primero de la matanza está conseguido en cuanto respecta a uno de los socios: 1-Derogación de la Ley de Partidos.

2-La banda terrorista en las instituciones democráticas.

3-Amnistia general encubierta de activistas etarras.

No hay más que examinar a los beneficiados de la masacre para colegir lo sucedido, por mucha pruebas destruidas o manipuladas que se pretendieran. Cui Prodest? Diáfano.

  La pregunta es: ¿Por qué se ha cumplido ese pacto oscurantista durante la presidencia de Mariano Rajoy? ¿Qué teme este desconcertante político cuyas acciones de gobierno son diametralmente opuestas al programa electoral que le otorgó mayoría absoluta?¿Quién gobierna verdaderamente en España? 

La tibieza en las decisiones siempre perjudica. Esa ligereza de actitud de Rajoy puede ser lo que menos se necesita para evitar una futura hecatombe dejando que se aten los cabos que terminarán anudados al cuello de los ciudadanos. La soga, en realidad, ya hace tiempo que aprieta.

   Como la expropiación de Rumasa encubierta por los jueces: misterios sin resolver en una España abocada a que este experimento socio-político termine reventado y el laboratorio destruido con el riesgo de repetir nuestra peor Historia de confrontación.

UNETE



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