Reflexión sobre Alberto

De buenas familias pero de corto criterio. Alberto nació en la gran ciudad y quería ser importante y reconocido por todos. Estudio y se preparó para ello. La gran fortuna debe ser mía y deberse a mis propios méritos solía decir a sus amigos, aunque no tenía muchos pues siempre lo movía el interés económico. Entonces a esa fortuna se refería.

 

. Alberto nació en la gran ciudad y quería ser importante y reconocido por todos. Estudio y se preparó para ello. La gran fortuna debe ser mía y deberse a mis propios méritos solía decir a sus amigos, aunque no tenía muchos pues siempre lo movía el interés económico. Entonces a esa fortuna se refería.
Se dio cuenta de que había gente más importante y menos importante en la vida, así que procedió a usar a ambas partes en beneficio propio. Cuando comía con alguien importante siempre se media, ponía limites a su apetito y estudiaba bien lo que lo que ponían enfrente. No codiciaba manjares engañosos, se desistía y era prudente. No afanaba riquezas de inmediato, solía tomar su tiempo. Conocía a los avaros y a los desprendidos, los media antes de brincar sobre su presa para hacer el negocio. Para eso usaba a gente menos importante pero educada.

Del terreno del avaro no comía sus manjares ni los codiciaba, aunque le decía que comiera y bebiera hasta la saciedad. No escuchaba al necio desprendido de oídos sordos a los sabios consejos tampoco. Solo poco a poco movía sus linderos antiguos sin perder la palabra suave y engañosa para sí mismo. Agredía a los débiles que podía.

Con esa vara ejemplar enseñaba a sus hijos a ser hombres de bien según él. Se ponía delante como ejemplo distorsionando la verdad de su conducta como si no hubiera nadie que lo viera y vigilara. Devoto y temeroso de su dios, cumplía con los requisitos humanos de las limosnas que compran la salvación según sus creencias; decía que su corazón no envidiaba a nadie pues tenía lo necesario, sin ver el vacío de su alma por dentro. Se engañaba y ese engaño lo llevaba a los demás como ejemplo pulcro de rectitud y conducta. Sabía bien que los bebedores de vino y comelones de carne empobrecerían y andarán de rotos por los caminos; convivía con los importantes usando a los menos que le servían.

Compraba verdades y las vendía. Su sabiduría, enseñanza e inteligencia con suaves palabras de chantaje las comercializaba como marchante en el mundo de los negocios, jamás pensando que sería alcanzado por la vejez y la lastima de los demás. Supo del abismo profundo de la ramera y el pozo angosto del robador, razones que lo alejaron de ser el protagonista de dichos actos. Para eso usaba a los demás, pero él no lo hacía.

Sus ojos vieron cosas extrañas y en corto su idioma era de perversidades, en su soledad gestaba sus golpes contra las serpientes que lo quería morder y en el mar de los negocios daba los zarpazos sin miramientos a los demás. Así es el mundo de negocios humanos, donde si no estás listo te aplastan, por eso es necesario pegar primero. Una escuela aprendida de las doctrinas del bien comer y del buen vivir.

Al final, solo y abultado en años se da cuenta que está en un mar de dudas y conflictos. Que jamás en su corazón habito la verdad sincera, su sabia vejez impedida por las enfermedades lo postran ante sí mismo, incapaz de verse al espejo, como uno más que merece ser perdonado por tanto mal que hizo y compensado por tanto bien y bienes que dejo. La pregunta es si usted amigo lector conoce algún Alberto o ese Alberto eres tú. Si no lo eres te felicito pero si lo eres, es hora de detenerse, solo por tu propio bien. Piénsalo amigo, va en serio. Solo fuiste uno más entre muchos que no la pensó.

UNETE



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