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todo ello hay que añadir las congelaciones reiteradas que ha sufrido el
profesorado, lo que ha dado lugar a una preocupación generalizada en el sector.
Se ha llegado a recortar de donde no era
necesario. Ese recorte ha supuesto miles de millones de euros detraídos de los
presupuestos generales del Estado. Todas las medidas contra la educación, y en
muchos otros sectores de la sociedad, harán que buena parte de la ciudadanía
acabe por hartarse y ‘congelar’ su voto cuando llegue la época electoral.
A la vista de los resultados publicados por
la OCDE y los del informe PISA, sí se necesita una amplia reforma del sistema
educativo, pero no absurdos retoques del estilo de lo que hemos presenciado en
los últimos meses. Los recortes sí influyen en el desarrollo diario de la labor
docente y negarlo es de ignorantes. Los ‘añadidos’ de lo que será la LOMCE respecto
a lo que es la actual LOE, lo son en cuanto al currículum y a la organización
de los centros; sin embargo, no parece
abordarse con seriedad, y mucho menos con rigor, la calidad y la
profesionalidad del profesorado.
Sigo insistiendo en que la LOMCE tiene
muchos errores, incluso en los aspectos que pretende retocar. Hay cuestiones
que siguen abandonadas simplemente, y con las que el Partido Popular se
comprometió; me refiero al estatuto de la función pública docente. Ahí es donde
el partido del Gobierno debe aplicar y especificar todo cuanto atañe al
profesorado. Los dos partidos mayoritarios llevan años acordándose del citado
estatuto, pero solo lo hacen en época electoral, lo que convierte a ambos en
mentirosos permanentes. Hay medidas que no tienen por qué estar en el cuerpo
legislativo de la nueva ley y sí en el estatuto que está por elaborar.
Si es cierto que hemos salido de la
recesión y abundan los brotes verdes –como se dice desde el Gobierno y desde el
partido que lo sustenta—éste es el momento de abordar el estudio del lugar
preferente que debe ocupar el profesorado en cualquier reforma que se precie.
El compromiso urgente por la calidad no debe postergarse más, porque en esta
España nuestra el único que tienen contraído ese compromiso desde hace tiempo y
de forma permanente es el propio profesorado y nadie más, aunque de vez en
cuando intenta ‘subirse al carro’ la administración educativa, sin darse cuenta
del daño que hace y del desprecio que acumula entre el sector docente, sobre
todo de unos años a esta parte.
Mientras el Gobierno no reconozca medidas
de apoyo, colaboración, protección y valoración real respecto al sector
docente, será difícil llegar a acuerdos. Y mucho menos mientras comprobemos en
la LOMCE auténticas barbaridades como que el director de un centro público
puede fijar requisitos y méritos específicos para los puestos vacantes que
existan en el centro; máxime lo de nombrar interinos o rechazarlos, que ya es
el colmo de la insensatez ministerial. Volvemos hacia atrás en el tiempo y en
la igualdad, el mérito y la capacidad. El ministro de educación, José Ignacio
Wert, no ha sabido ver que con esa medida adicional ha puesto las bases de una
nueva forma de nepotismo.
No hay duda de que, de la misma forma que
los recortes se han hecho a destiempo, hay en el Ministerio una clara
despreocupación por lo importante y por lo necesario, en tanto que se han
aplicado sobremanera en lo secundario y en lo absurdo.
Jesús Salamanca
Alonso