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No me gusta. "Poeta menor" de Pérez Ayala


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30/10/2013


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Un título vergonzantemente acertado. 

 

  De mis críticas literarias dicen que captan muy generosamente el alma del autor. Si bien es verdad que resalto el talento, nadie debe engañarse si también me pronuncio de una manera diferente. El talento, antes que virtud creativa, ha de poseer otros valores personales porque de lo contrario no existe nada, será falso, fingido, prescindible.

Del mismo modo que admiro la creatividad genuina, aborrezco la ocurrencia que intenta hacerse pasar por literatura.

   Un poeta ante todo, al margen de ser mayor o menor, ha de ser un alma sensible y agradecida. En ocasiones bastaría que la borrachera fuera canal en la costumbre, para crear una obra maestra acorde con un alma atormentada y, con todo, brotar la genialidad.

    Pero no es perdonable la mediocridad instrumentalizada a través de lo ebrio que no alcanza el ingenio y se queda en simple vulgaridad… más cuando escribe un espíritu mediocre.

    La poesía de Pérez  Ayala no es creíble por parecer una escenificación de teatralidades muy alejadas de la verdadera sensibilidad literaria.Todos sus títulos son recurrentes, sin estilo propio y parecen sacados de un cuaderno de escolar.

Una cuestión es la poesía que se inspira del alma y otra la concepción poética de la vulgaridad con posibilidades pecuniarias de ser editada.

    El sufrimiento de algunos aficionados a la lamentación egocéntrica, nada tiene que ver con el arte poético. Es así que la mediocridad de los seres frívolos se explaya con esas pudientes ínfulas de los soberanos poetas de falso que creen contener en sus rimas, fáciles, previsibles y sensibleras- acaso surgidas de borracheras de ensoberbecida superficialidad de queja amorosa- un poco de ese Arte poético que ni de refilón alcanzan.

   Salvando las distancias en el tiempo y la malignidad, este autor parece esgrimir al son de la lira aquellas odas que Nerón dedicaba a sus allegados decidiendo la suerte dramática de la plebe. En este caso la única suerte que se decide es la del autor.

La condición de ser agradecido es inherente a los verdaderos poetas. Ser un jamelgo en una carrera de purasangres, conlleva que los relinchos- versados o no- se queden en un mal trote de caballo perdedor donde lo mejor de la obra se encuentra en el título de este poeta de trapisonda: poeta menor. Nada que ver  la intención con el resultado de aludir al  gran poeta Borges y su obra “A un poeta menor de la antología”. Sólo la intencionalidad con estas letras es de por sí desafortunada.

   Ya pueda costearse la edición, reunir y abundarse de amigos con intereses que le ríen las gracias de simpático chico bien, no se ha de olvidar que de idiotas el mundo se conforma y algunos hasta parecen camuflarse con inteligencia, lo que no deja de ser una nefasta apariencia en un ser drogado de estupidez por no poder acceder al Olimpo de la calidad literaria. De ahí que el hombre exiguo no deje de ser ese poeta menor que intitula así sus versos de feria barata. El autor de esta cantinela repetida, es falso en sus contenidos y en las formas personales; algo muy obvio cuando después de leer sus poemarios insulsos, uno se queda con la impresión de que lo vulgar no da más de sí, siempre repetitivo en las farsantes sensaciones de esos temas trillados que un poeta menor convierte en ridículos y nada originales.

    La conclusión que se sonsaca de toda esta corta vorágine de inspiraciones de barra de bar, es que el poeta menor lo es en toda la dimensión de las cuatro esquinas de una embriaguez, cuyo único mérito es la capacidad de auto publicarse la podredumbre que mana de una mente pobre y un corazón anodino. Tales son las suertes de estos aficionados al  egocentrismo que oscurecen las posibilidades de la verdadera creación literaria.

    Lo acertado de esta obra es la vergüenza de ese título que da razón al dicho de que ” Dios da pan a quien no tiene dientes”… una absoluta certeza  existiendo talento verdadero como lo hay entre tantos amigos de sensibilidad literaria mayor con menores suertes que este junta letras de postín.

    Todo un ser ínfimo para un poemario menor. Enhorabuena.





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