. De mis críticas literarias dicen que captan
muy generosamente el alma del autor. Si bien es verdad que resalto el
talento, nadie debe engañarse si también me pronuncio de una manera
diferente. El talento, antes que virtud creativa, ha de poseer otros valores personales porque de lo contrario no existe nada, será falso, fingido, prescindible. Del mismo modo que admiro la creatividad genuina, aborrezco la ocurrencia que intenta hacerse pasar por literatura.
Un
poeta ante todo, al margen de ser mayor o menor, ha de ser un alma
sensible y agradecida. En ocasiones bastaría que la borrachera fuera
canal en la costumbre, para crear una obra maestra acorde con un alma
atormentada y, con todo, brotar la genialidad.
Pero
no es perdonable la mediocridad instrumentalizada a través de lo ebrio
que no alcanza el ingenio y se queda en simple vulgaridad… más cuando
escribe un espíritu mediocre. La
poesía de Pérez Ayala no es creíble por parecer una escenificación de
teatralidades muy alejadas de la verdadera sensibilidad literaria.Todos
sus títulos son recurrentes, sin estilo propio y parecen sacados de un
cuaderno de escolar.Una cuestión es
la poesía que se inspira del alma y otra la concepción poética de la
vulgaridad con posibilidades pecuniarias de ser editada. El
sufrimiento de algunos aficionados a la lamentación egocéntrica, nada
tiene que ver con el arte poético. Es así que la mediocridad de los
seres frívolos se explaya con esas pudientes ínfulas de los soberanos
poetas de falso que creen contener en sus rimas, fáciles, previsibles y
sensibleras- acaso surgidas de borracheras de ensoberbecida
superficialidad de queja amorosa- un poco de ese Arte poético que ni de
refilón alcanzan. Salvando las
distancias en el tiempo y la malignidad, este autor parece esgrimir al
son de la lira aquellas odas que Nerón dedicaba a sus allegados
decidiendo la suerte dramática de la plebe. En este caso la única
suerte que se decide es la del autor.La
condición de ser agradecido es inherente a los verdaderos poetas. Ser
un jamelgo en una carrera de purasangres, conlleva que los relinchos-
versados o no- se queden en un mal trote de caballo perdedor donde lo
mejor de la obra se encuentra en el título de este poeta de trapisonda:
poeta menor. Nada que ver la intención con el resultado de aludir al
gran poeta Borges y su obra “A un poeta menor de la antología”. Sólo
la intencionalidad con estas letras es de por sí desafortunada. Ya
pueda costearse la edición, reunir y abundarse de amigos con intereses
que le ríen las gracias de simpático chico bien, no se ha de olvidar
que de idiotas el mundo se conforma y algunos hasta parecen camuflarse
con inteligencia, lo que no deja de ser una nefasta apariencia en un
ser drogado de estupidez por no poder acceder al Olimpo de la calidad
literaria. De ahí que el hombre exiguo no deje de ser ese poeta menor
que intitula así sus versos de feria barata. El autor de esta cantinela
repetida, es falso en sus contenidos y en las formas personales; algo
muy obvio cuando después de leer sus poemarios insulsos, uno se queda
con la impresión de que lo vulgar no da más de sí, siempre repetitivo
en las farsantes sensaciones de esos temas trillados que un poeta menor
convierte en ridículos y nada originales. La
conclusión que se sonsaca de toda esta corta vorágine de inspiraciones
de barra de bar, es que el poeta menor lo es en toda la dimensión de
las cuatro esquinas de una embriaguez, cuyo único mérito es la
capacidad de auto publicarse la podredumbre que mana de una mente pobre
y un corazón anodino. Tales son las suertes de estos aficionados al
egocentrismo que oscurecen las posibilidades de la verdadera creación
literaria. Lo acertado de esta obra es
la vergüenza de ese título que da razón al dicho de que ” Dios da pan a
quien no tiene dientes”… una absoluta certeza existiendo talento
verdadero como lo hay entre tantos amigos de sensibilidad literaria
mayor con menores suertes que este junta letras de postín. Todo un ser ínfimo para un poemario menor. Enhorabuena.