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Algunos Jueces ¿Víctimas del terrorismo?


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30/10/2013


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    Por actuar con  esas miserias encubiertas que este país soporta  de los tribunales desde hace décadas, ya los han convertido en la casta aborrecible que la ciudadanía sospecha viendo más al descubierto el sectarismo que dicta las sentencias.

Existen maravillosos jueces en España siendo otros auténticos enemigos de la sociedad, cuyas decisiones han costado la vida de inocentes. El pueblo vive engañado y ya no se disimula el descaro para actuar acorde a pactos oscurantistas que perjudican al conjunto del país.

   Del mismo modo que los militares no pueden mostrar afinidad política, los jueces deberían estar investidos de una imparcialidad acorde con la venda en los ojos con que se representa a la Justicia. El sectarismo judicial ha costado muchas tragedias y ruinas a los ciudadanos, iniciado con un Tribunal Constitucional que pese a dejar epatada a la sociedad, se salió con la suya avalando un decreto ley sacado de la manga para expropiar un Holding y enriquecer a forajidos con intereses particulares; luego favorecieron la desintegración territorial del país; posibilitaron que los terroristas tengan representación en las instituciones democráticas y así tantos despropósitos continuados que los convierten en sospechosos de aberraciones morales que deberían juzgarse y sentenciarse a poco que el pueblo pudiera poner a buen recaudo a jueces que actúan, en algunos casos,  como auténticos criminales.

El corporativismo de lo miserable es proporcional en la política como en la Justicia. La politización de la Justicia fue el gran triunfo del impune felipismo y así se ha corroborado inexorablemente décadas después. Mucho han corrido esas sombras de la ley para dar cumplimiento a la sentencia de Estrasburgo que ha tumbado la doctrina Parot, con la excusa de que la Justicia española está subordinada a los decretos de Europa cuando una mierda, con perdón,  los desdice en el momento que sucediendo lo mismo por la expropiación de Rumasa, se denegó a Ruiz-Mateos el derecho a un juicio justo condenado el gobierno socialista que negó toda garantía legal al expoliado.

  Es repugnante la tropelía de eso que llaman Justicia que es un sucedáneo extraño de apariencia jurídica con decisiones de estafa, pero pronunciarse un CGPJ en un comunicado diciendo que no tenían más remedio que actuar así en la Audiencia Nacional apesta hasta la indignación sangrante.

   Esa hipocresía impune sólo ha de pagarse, al parecer, cuando toque rendir cuentas en el otro lado a estos malignos con apariencia de lo justo. Deben de ser tiempos apocalípticos porque muchos demonios han encarnado sobre la Tierra y en España abundan con la Bestia desatada sin disimulos. En algún lugar habrán de verse reflejados con la impudicia moral de esta sorna permanente del partidismo jurídico que esgrimen algunos. Hasta que eso llegue, en lo terreno sólo queda aborrecer esa dignidad de las apariencias identificados lo que son, serviles del mal,  por lo que son para dolor de tantos inocentes.

   Víctimas del terrorismo no son estos hipócritas, razas de víbora, parafraseando a Jesús, que dejan en libertad decenas de terroristas que pueden sembrar de sangre el país si en el futuro se tuerce la hoja de ruta pactada que da paso a la excarcelación masiva. Si sucediera así, de facto las Víctimas verdaderas deberían considerar la Justicia verdadera que no reciben y resarcirse de las humillaciones padecidas sin fin. Para ello recordar a estos  artífices de masacres pasadas y futuras que se esconden tras la honorabilidad que no se ha ganado esa clase política, revestida de togas, para engañar a la gente digna de este país.

   Víctimas del terrorismo no son los que cargan las pistolas, manipulan las bombas, permiten la estrategia del terror y condicionan el futuro a una espada de Damocles que puede convertir España en el río de sangre en que quedó bañada una extraña transición democrática que treinta años después se comprende con tantas vergüenzas institucionales al descubierto.

Víctimas son los que padecen los dolores de la violencia y sólo pueden esgrimir en defensa, por la esencia benigna de los espíritus esforzados incapaces de daños, manos blancas y desarmadas. Hay jueces que con el mazo matan y es cuestión de tiempo que se vea su culpabilidad homicida.



  Víctima es quien se desgarra por la barbarie en cuerpo de los asesinados y heridos y el alma de sus seres queridos. Que yo sepa no podrán llamarse así los que hoy consienten con cinismo que se abra una caja de Pandora previsiblemente destructora. Si se vuelve a matar, esos honorables serán tan asesinos como los que empuñen las armas y si el Estado de Derecho no defiende habrá que defenderse del estado de derecho porque no hay paciencia que no reviente ante la malignidad de las injusticias. Lo inadmisible hace tiempo que cruzó esa fingida línea de la Ley que impone la desintegración de todo un país.



En tanto desaparece el foco de explosión del 11-M que estaba sin investigar en un cobertizo por no se sabe qué cortapisas jurídicas. España repugna, languidece de maldad y se asfixia tras el verbo estrangulado de jueces cuyas togas son el disfraz del demonio sobre la Tierra.



Evidentes y respetados: Esta contradicción nos costará muy cara.





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