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Se puede entender que por estrategia algunos destinos
conserven un entorno original, natural y hasta cierto punto con algún grado de
distancia de la modernidad, porque precisamente en ello puede estar su encanto
particular.
Pero eso representa el primer gran contraste, porque
mientras por un lado los gobiernos y los empresarios del ramo trabajan e
invierten en promoción, una vez que se logra la llegada de los visitantes, las
dificultades que enfrentan provocan que no regresen y también que no
recomienden el destino.
Veamos el ejemplo de Mahahual en la Costa Maya en la zona
sur del estado, que paso de tener en principio una gran expectativa de
desarrollo, gracias al impulso que en su momento le imprimieron los
Gobernadores Miguel Borge y Mario Villanueva.
Incluso recordemos que como resultado de esas gestiones el
entonces Presidente de la Republica Carlos Salinas de Gortari, invito al
exitoso desarrollador turístico norteamericano Don Koll, para que conociera la
zona y planteara un proyecto turístico de gran escala.
Sin embargo la falta de confianza de los propietarios de los
terrenos, que hay apuntar se sentían ya millonarios ante la expectativa, no se
pudo consolidar el formato de fideicomiso propuesto por el desarrollador
norteamericano.
Posteriormente ya en la administración de Joaquín Hendricks,
se promovió un cambio radical en materia de la legislación ambiental, que
redujo exponencialmente las densidades permitidas para la construcción de
cuartos de hotel, situación que termino por acabar con la posibilidad de un
desarrollo a gran escala.
Desde entonces hasta la fecha Mahahual ha venido
experimentando un lento crecimiento en materia de infraestructura oficial y
privada, debido a las limitaciones ambientales, la zona fue adoptando
características particulares.
Estamos hablando de un turismo que aunque es de playa, se
relaciona más con el aspecto de la aventura, la navegación y la pesca, en un
ambiente más bien bohemio, del gusto sobre todo del europeo.
Con todo y esos obstáculos se ha desarrollado una hotelería
boutique, sino de gran lujo al menos muy aceptable, que se combina con la
prestación de servicios afines al entorno.
El resultado sin duda dista mucho del que podría esperarse
dado el potencial de la zona, sin embargo con todo y eso Mahahual recibe un
buen número de turistas, que además ya no solo llegan por medio de los
cruceros.
Pero lo que es realmente inexplicable es que la gran mayoría
de los establecimientos de todo tipo orientados a la atención del turista, no
pueden recibir tarjetas de crédito ante la falta de las comunicaciones
adecuadas para ello.
Peor aun si consideramos que en toda la Costa Maya no existe
un solo cajero automático, pues entonces no se entiende como se pretenda
aprovechar la derrama económica proveniente del turismo.
Es natural que los turistas, mas aun en un mundo globalizado
influido por la tecnología, ya no viajen con grandes cantidades de efectivo,
asunto que en este caso no solo es una limitación para el destino, es una de
las peores publicidades negativas posibles.
Sin duda algo tendrían que hacer los empresarios que son los
más afectados y por supuesto las dependencias del gobierno relacionadas con el
sector, para realizar las gestiones correspondientes.
Tanto para que se generen las condiciones de una adecuada
comunicación para la aceptación de tarjetas de crédito, como con la banca para
la instalación de los cajeros automáticos, que se entiende son esenciales.
Porque a solo unos kilómetros o millas náuticas, como se
quiera medir, en las costas del vecino Belice se encuentran diez de los más
afamados y reconocidos hoteles boutique del Caribe.
Son desarrollos pequeños del máximo lujo posible, que
encontraron en el nicho al que nos referimos la posibilidad de combinar la
excelencia en medio de un ambiente inhóspito, que es el que los hace
diferentes, únicos.
Además eso supone que por un tema de estrategia y
mercadotecnia estos pequeños hoteles puedan cobrar tarifas por noche similares
y en algunos casos mayores a lo que cuesta una ocupación en los mejores
hospedajes de cadena en ciudades como Nueva York, Londres o Paris.
De tal suerte que dada la cercanía y la similitud de
características, es realmente contrastante que suponiendo que en México,
tenemos más experiencia y capacidad para desarrollar la actividad turística,
podamos observar estas diferencias.
Sobre todo si lo que ponemos sobre la mesa, es el ejemplo de
la falta de aceptación de tarjetas de crédito y la ausencia de cajeros
automáticos, no estamos hablando de elementos complicados de solucionar y que a
cambio ofrecerían no una ventaja, sino simplemente un accesorio básico.
Lamentablemente parece quela Costa Maya y su capital
Mahahual están destinados al abandono, a la destreza y perseverancia de los que
han apostado por el destino y se mantienen ahí haciendo el máximo esfuerzo de
sobrevivencia.
Uno de esos casos más en los que se contraponen el discurso
oficial y la realidad, elementos que nuevamente nos confirman que para el
gobierno federal el turismo no es la prioridad que tanto se ufanan en presumir.
Sobre todo pensando que por su ubicación geográfica el
desarrollo de la Costa Maya significaría el mayor detonador de la economía de
la zona sur y centro de la entidad.
Aun y conservando las características que ya referimos, ante
la estrechez de la norma ambiental, la región tiene todos los elementos para
poder aspirar a un importante crecimiento, desafortunadamente no hay una
política pública que respalde esa intención.
En el tiempo Mahahual en su calidad de epicentro de la Costa
Maya, seguirá creciendo al ritmo pausado que se le permite, con una lentitud
que lastima por los contrastes, no pasemos por alto que Quintana Roo es el
gigante del turismo nacional.
Pero a la Costa Maya se le ha marginado para recibir las
sobras, un paraíso sin servicios, que no es más que la imagen del desperdicio,
porque seguramente en otras condiciones, bien podría ser también una de las
joyas de la corona turística quintanarroense.
twitter@vazquezhandall