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El retorno del centralismo


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25/10/2013

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Es evidente el ánimo del régimen, que además cuenta con la simpatía de los líderes de los partidos políticos opositores, Acción Nacional y de la Revolución Democrática, por recuperar la preponderancia del sistema político y administrativo centralista.


Muchas de las actuales intenciones, determinaciones e incluso el sentido de las reformas constitucionales impulsadas por el régimen y como decíamos apoyadas por el PAN y el PRD, tienen claramente ese objetivo.

Por supuesto que las razones para ello en cada caso son diferentes, digamos que para los partidos opositores el esquema pretende una mayor y mejor competitividad electoral en las entidades.

La libertad de la que han gozado todos los gobernadores en la última década, considerando que la mayoría de ellos son priistas, ha favorecido un control electoral de estado, reduciendo considerablemente los márgenes de competencia.

Sin embargo para el régimen las motivaciones son diferentes y en todo caso, si para conseguir el propósito central hay que ceder en materia electoral, el costo no parece ser tan alto.

No olvidemos que la condición de estos partidos para apoyar las propuestas de reforma impulsadas por el gobierno federal, sobre todo la hacendaria y la energética, es la aceptación de una nueva reforma política.

Desde el punto de vista esencialmente partidista tal vez esa reforma política, no sea muy favorable para el Revolucionario Institucional, pero desde la óptica estrictamente gubernamental el asunto no es tan complicado, ni oneroso.

Si bien es cierto que no puede separarse el hecho de que el gobierno es priista, tampoco se puede dejar de lado que las prioridades del binomio no son las mismas por definición.

Se entiende que para el régimen el asunto esencial es mantener la presidencia de la republica, pero para en el grupo que gobierna hay plena conciencia que además de el asunto electoral, hay que resolver primero la gobernabilidad.

Para ello es absolutamente necesario establecer un orden administrativo eficiente, solucionar la vertiente económica que va desde aguantar la recesión y crear el modelo de crecimiento que avale la posibilidad del desarrollo.

Por supuesto que de por medio también hay que seguir en el intento de solventar la situación de la inseguridad pública y un elemento fundamental, que se relaciona con la corrupción y la percepción social que se deriva de ella.

Para poder imponer un esquema funcional eficiente que realmente pueda concentrarse en atender las asignaturas señaladas, lo primero que hay que hacer es poner orden.

El priismo construyo sus preceptos de operación bajo la tutela de una organización de distribución del poder vertical, sin embargo ese parámetro se relajo durante los dos gobiernos panistas, los gobernadores materialmente se declararon políticamente independientes del poder ejecutivo federal.

Esto por supuesto como ya sabemos, provoco no solo una desbandada, sino más bien un libertinaje que derivo en la mayor cantidad de actos de corrupción y abusos, que finalmente se reducen en malos gobiernos.

De tal suerte que el retorno del priismo al gobierno aunque de origen implica el retorno de una jefatura única bajo el poder presidencial, muchas de las malas prácticas permanecen.

No se puede tener una visión integral de país y mucho menos poder plantear las soluciones generales, si continúan los virreinatos regionales que son los que realmente han contribuido en gran medida a la situación actual.

De entrada, de acuerdo al formato del ejercicio del poder priista, ya no son los gobernadores quienes elegirán a sus sucesores, esa facultad corresponde al Presidente, que normalmente aunque no sea una regla, decide en base a las propuestas de los mandatarios estatales.

Claro que eso es un asunto que aun siendo de la mayor importancia, no limita la discrecionalidad del uso de los recursos públicos en el día a día, el manejo financiero de los proyectos y programas y por supuesto el beneficio que eso implica en materia de publicidad política.

Siendo así es hasta cierto punto normal que el entorno presidencial, se preocupe y ocupe en vencer los obstáculos que le impiden desarrollar todo el potencial del ejercicio gubernamental.

Bajo esa consideración hoy la prioridad tiene que ver decíamos con el orden, con el consolidamiento de un programa general de gobierno, para que desde ahí se conforme la fortaleza electoral.

Pero eso requiere la modificación profunda de estilos y comportamientos, en el transcurso de los dos gobiernos federales panistas, no solo los gobernadores se independizaron, también se dio un cambio generacional natural.

Este último aspecto trasciende por el elemento de la formación ideológica, que hoy desnuda un punto de quiebre evidente, entre las nuevas generaciones y el circulo cercano al Presidente.

No se trata nada más de una simple diferencia de edades, lo es de formación y adoctrinamiento que por supuesto influye y mucho, en el desarrollo de los comportamientos.

Por ello no sorprende que entre otras medidas, el gobierno concentre el pago de los salarios de los maestros y la compra de medicinas entre otras medidas, más las que todavía faltan por venir.

Para el gobierno es esencial que la coordinación institucional con las entidades, retome el formato priista tradicional en el cual esa colaboración es realmente vigilante y tutelar.

Digamos que a pesar de los muchos mitos que derribaron el priato, este aspecto era uno de los que mejor funcionaban, de tal suerte que pensar en un retorno del centralismo no necesariamente sea una mala idea.

Hay que diferenciar en este caso el aspecto del autoritarismo, que no se puede negar rebaso los límites de lo permisible en su momento, con el establecimiento de un orden que unifique los criterios.

Tampoco se trata de atentar contra el federalismo, que en nuestro país es sumamente discutible, sino de controlar y racionalizar precisamente para evitar desviaciones y abusos.

En todo caso el gobierno federal tiene que ser una especie de árbitro, sin cometer el error, de que la corrupción solo se traslade de un ámbito al otro en lugar de combatirla siendo realistas para reducirla, porque no va desaparecer del todo, porque esa simulación si bien puede ser menos tangible, al final de cuentas es igual de dañina.

Independientemente de su agenda, para el régimen hoy uno de los aspectos prioritarios a desarrollar como ya explicábamos, es imponer un criterio unificado, bajo una conducción centralista.

Para los priistas no está en juego la obediencia al Presidente, sino las formas en que transita este esquema y de cómo este lo conduce para establecer el orden, que hoy es tan urgente y que solo podrá lograrse a través del retorno del centralismo.

twitter@vazquezhandall

Etiquetas:   Corrupción   ·   Política   ·   Gobierno   ·   Partidos Políticos   ·   Centralismo   ·   Reforma Energética   ·   Reforma Hacendaria

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