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Hamlet o la palabra fantasmagórica de la conspiración. Sobre lo político, las conspiraciones y espacios políticos.


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22/10/2013

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Cuando se inicia a observar el espacio de lo político, uno comienza a observar que contiene niveles de racionalidad y de pasiones que embargan las geografías donde las subjetividades políticas intervienen, geografías en las cuales el conjunto de representaciones espaciales sobre las que el pensamiento político se sostiene, constituye e instituye, espacialidad sobre la cual el conjunto de pronunciamientos y lenguajes de la política forman sus conceptos, distribuyen los actores, organizan las acciones y diseñan la política, en el conjunto de términos de colaboración y de conflicto, de orden y desorden, de jerarquías y de igualdad, de inclusión y exclusión, limites de los niveles de la participación, representación, espacios geográficos donde se expresa la articulación de los diferentes niveles del poder.1


Ese espacio, como vimos esta atravesado por un entramado de lenguajes, dando cuenta de lo real y lo mítico, es decir, construye sobre si, un lugar de desenvolvimiento de mitos y mitologías, que pasan a ser parte del conjunto de experiencias, tradiciones, maneras de interpretación e interpelación sobre lo real, generadoras de identidad, mitologías que construyen imágenes, símbolos, lenguas sobre lo político.

En ese espacio, podríamos decir multiplicidad de lecturas sobre lo espacial, se constituye en el imaginario social un lugar oculto, cuya señal central sea la marca del secreto, el lugar de la conspiración, el reino del secreto, donde la palabra circula en las formulas de susurrar, un susurro que se pronuncia sobre lo no visible, susurro que busca interlocutores con la capacidad de ser interpretes de esas palabras, sujeto con la capacidad de descifrar las extrañas señales del poder de verdad.

La configuración de un espacio donde existen sujetos dispuestos a denunciar el detrás del susurro, constituido por lo real cotidiano y lo real del poder, actuando quizás, como el jugador oculto en el ajedrez descripto por Benjamín en sus “Tesis sobre la Filosofía de la Historia”.

El espacio de la conspiración no solo posee la posibilidad de la denuncia, sino constituye a los sujetos capaces de construir la “santa conjura”:

“Si existe una sombra amenazante, existe también una sombra amenazante, existe también una sombra para librar su combate. Sólo el complot parece en condiciones de desbaratar al complot. El secreto, la máscara, el juramento iniciatico, la comunidad de espías, la actuación oculta, en síntesis, todo lo que se denuncia y teme en el otro, vuelto contra éste se reviste de improviso de una sombría y poderosa atracción.”2

El relato conspirativo contiene en si un conjunto de de tópicos característicos: la lucha por la dominación del mundo, un imperio de tinieblas, cuya función es constituir en las sociedades una especie de sociología, siguiendo a Girardet, de la angustia.

El mal, transitando y acechando, en figuras fantasmagóricas, a los sujetos integrantes de las sociedades, el mundo de las sombras, pero que a través de poseer los mecanismos interpretativos existe la posibilidad de darle un rostro humano, de esta manera se realiza el proceso de la demostración y expulsión del misterio, exponiendo a plena luz y a la mirada de la humanidad, la acción oculta, a través de los lenguajes que construyen el acto de la denuncia, por lo cual, las sombras pueden ser enfrentadas y desafiadas.

El mito del gran complot, del mundo de la conspiración, tiene como función generar e instituir un proceso explicativo del funcionamiento del mundo, a través del cual se puede dar cuenta de la emergencia de determinados acontecimientos, un relato donde el mundo se desarrolla en función de una grilla, con pasos, etapas, medios y fines, da cuenta de las manos invisibles que mueven la rueda de la historia, de esta manera, para el mundo profano, lo cotidiano vuelve a poseer un grado de inteligibilidad.

“el mundo de las cosas tiende a restablecerse cierta forma de racionalidad o, por lo menos, de coherencia”3

En este proceso explicativo y de desvelamiento de los movimientos ocultos en la trama de la sociedad, hace su aparición la figura del “Salvador”, sujeto poseedor de una pureza de origen, y que a través de sus actos permitirá el retorno al retorno de la edad de oro, detrás del mito conspirativo, hay un Mesías esperando constituir un nuevo mundo, sin significaciones ocultas, lo real coincidente con la palabra enunciada.

Si como afirma Horacio Gonzalez, la esfera pública se nos presenta como aquella exigua proporción que se deja percibir, lo que no puede ser explicado, debe ser buscado en los espacios ocultos del poder, un lugar donde determinados sujetos son poseedores del conocimiento que se construye y se mantiene fuera de la misma, es decir, el espacio conspirativo es un constructor de un “nosotros” y un “ellos”, basado en la exclusión o inclusión en la trama de significaciones que rodean las tramas del poder, sujetos que perciben la posesión de un don que permite regir sobre las posibilidades de ejercer la dominación sobre los destinos ajenos.

Ante un mundo que contiene una complejidad de significaciones, estos sujetos son los poseedores de las claves interpretativas de las mismas, con estas llaves, en el espacio político los elementos fuera de lugar vuelven a tener un orden.4

La palabra fantasmagórica de la conspiración

Una sombra amenaza los dominios de Dinamarca, un espacio habitado por el susurrar de las palabras con varios significados, los acontecimientos contienen un amplio espacio de proyección de posibilidades, todo esta presente en presencia muda de la figura del rey muerto envuelto con su cota de malla, es sobre ese silencio fundador, en la aparición sin palabra que construyen los posibles marcos de interpretación a quienes buscan una respuesta ante el interrogante de la sombra.

Interrogación sobre los sujetos poseedores de la validez de convertirse en interlocutores validos, legitimados, para ejercer el acto de desvelamiento de la palabra muda de la presencia fantasmagórica, palabra que debe ser leída en clave de poseer los signos para develar la angustia presente en los sujetos, y nuevamente, el espacio donde esos cuerpos están tenga sentido, es una interrogación sobre lo político, sobre como se constituye las relaciones entre las subjetividades que intervienen, el acto del silencio del fantasma, es la presencia pre-formativa de los sujetos capaces de intervenir en lo publico, búsqueda del reconocimiento, pero el silencio muestra la configuración de un mundo de desiguales, solo hay sujetos capaces de ser interlocutores legitimados que pueden ser poseedores no solo del habla sino del reconocimiento de ser sujetos a los cuales se les habla.

Es en el acto del ejercicio de la palabra del fantasma del rey, y podríamos agregar como el ejercicio del silencio, donde se encuentran las posibilidades de acceder a las claves interpretativas de los acontecimientos para de esta manera lograr expulsar la “angustia” reinante sobre Dinamarca, es la búsqueda de una figura capaz de volver a dotar de sentido a las ambigüedades del acontecer de la trama, pero la posesión de las claves interpretativas, como se dijo anteriormente, necesita del interlocutor valido para que las mismas se revelen.

Aunque la trama conspirativa esta presente desde el inicio de la obra, solo en el acto de reconocimiento de un interlocutor capaz no solo de ser portador de la verdad, sino también de un sujeto que sospecha sobre lo real.

De esta manera, Hamlet, como hijo del difunto rey, es expresión de la sospecha, es ante esta figura que se interroga sobre las ocultas tramas del poder reinante sobre el reino de Dinamarca, ante la cual el fantasma ejerce el acto de revelación, el rey solicita venganza, a través de la misma, de la narración de la muerte de su figura, descubre el entramado de ascenso al poder de su Hermano, es en este acto, de la venganza donde adquiere sentido lo real del poder, es decir, la ilegitimidad del mismo, pero a su vez, se constituye en acto de la construcción de una nueva conspiración que logre desnudar el complot central, por lo cual, es el momento donde se instaura la mascara de la acción conspirativa, Hamlet mascara y actuación de la misma, necesita develar, pero manteniendo un espacio donde la palabra sobre lo real se mantenga en un estatuo de ambigüedad, locura y representación de la acción fundadora a través de la compañía de actores, representación de la palabra que contiene múltiples significados, pero que hablan sobre lo real, y que pierden esa característica cuando es puesta en escena frente a quienes realizaron el acto conspirativo primordial.

Pero mientras se espera ese acto final, el poseedor de la verdad debe hacer que la misma sea leída e interpretada por los demás sujetos como no-verdad, la mascara construye una subjetividad no racionalizada, retirada al espacio de lo no-político, pero que a través de las palabras ambiguas construye el acto de la denuncia, si Dinamarca es una cárcel, se debe a que todos están presos del no conocimiento de la verdad del entramado de poder, de la ilusión que emana del mismo.

La puesta en escena por parte de los actores, es la constitución de un espacio mediador a travesado por un conjunto de vectores de conflictos, es la presencia de la politicidad potencial y por la conflictividad latente, un espacio transformado donde se ha emanado lo potencial de la verdad oculta, pero aun continua siendo un espacio no democrático, donde los sujetos que son portadores del mensaje, se encuentran en los bordes, no en el centro, espacio construido para generar la posibilidad de un sujeto con capacidad de habla pero que no disputa los significados de esa palabra, vienen dados desde un exterioridad, es el momento de la palabra como eco, como resonancia, pero a su vez, nos muestra lo potencial presente en la ocupación por parte las subjetividades políticas nacientes, es un espacio que representa las crisis del nacimiento de la modernidad, espacialidad donde nos enfrentamos, como afirma Rinessi, al caracterizar el “momento shakesperarano”, a la interrogación y la sospecha sobre lo político instalado en el seno de la contradictoria relación entre el orden y su disolución, entre el sistema y su contrario.5

Es la palabra fantasmagórica conteniendo en su seno, las claves de interpelación al conjunto de la comunidad política, pero que necesita la constitución de nuevos mediadores para darse a conocer, palabra conspirativa, que construye nuevos interlocutores validos para dar cuenta de la contradicción del poder, desnuda la conspiración, se disuelve el sistema sobre la cual ella era piedra fundamental de la arquitectura sobre la cual el orden se derramaba y se legitimaba, solo queda el espacio para la muerte de los contendientes, los iguales, pero el desigual, ha tomado el centro de la escena, ha sido visible, tomado la palabra prestada para construir el acto de denuncia, en los actores esta el nacimiento de una nueva subjetividad política, la cual se apropia de un bien de la otredad dominante, el don de la palabra legitima.









Bibliografía

GALLI, Carlos, Espacios políticos. La edad moderna y la edad global, Nueva Visión, Buenos Aires, 2001

GIRARDET, Raoul, Mitos y Mitologías políticas, Nueva Visión, Buenos Aires, 1999

GONZALEZ, Horacio, Filosofía de la conspiración. Marxistas, peronistas y carbonarios, Colihue, Buenos Aires, 2004

RINESI, Eduardo, Política y tragedia: Hamlet, entre Maquiavelo y Hobbes, Colihue, Buenos Aires, 2011

SHAKESPEARE, William, Hamlet, RBA, Barcelona, 2003

1Ver GALLI, Carlos, Espacios políticos. La edad moderna y la edad global, Nueva Visión, Buenos Aires, 2001



2GIRARDET, Raoul, Mitos y Mitologías políticas, Nueva Visión, Buenos Aires, 1999, p 17



3GIRAEDET, op. Cit., p 53



4Ver GONZALEZ, Horacio, Filosofía de la conspiración. Marxistas, peronistas y carbonarios, Colihue, Buenos Aires, 2004



5Ver RINESI, Eduardo, Política y tragedia: Hamlet, entre Maquiavelo y Hobbes, Colihue, Buenos Aires, 2011,

pp 240-253





Etiquetas:   Política   ·   Palabras

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