El Ministerio de Educación sigue avanzando a piñón fijo, sin importarle las críticas ni las sugerencias de la comunidad educativa. Además, mientras dicho Ministerio demuestra ser un sordo selectivo, su titular genera crispación allá donde acude. Hay una clara respuesta a ese rechazo: la falta de receptividad ministerial. Si cientos de enmiendas presentadas a la futura LOMCE gozan de pleno consenso social y político, no se entiende que los únicos discrepantes sean el propio ministro y sus asesores.



