El mayordomo

Sucede todos los años. Es una tradición que, nada más despegar la nueva temporada de los Oscar, surja esa película con un hambre voraz, indisimulado incluso, a galardones. Este año la protagonista de tan discutible hazaña ha sido El mayordomo (Lee Daniels, 2013), el nuevo trabajo del responsable de las fallidas El chico del periódico (2012) y la sobrevalorada Precious (2009). Pero centrémenos en la que hoy nos ocupa: el gran problema de El mayordomo es que quiere ser lo que no es. Pretende que nos creamos que es magna e inteligente cuando, en realidad, el intelecto brilla por su ausencia. Lucha por ser un espectáculo vivo y consistente, pero la realidad es que es una cinta inerte, falta de garra y de ingenio. Aspira a posicionarse en el más alto puesto de la escala de mejores películas del año, cuando su constante aroma a telefilm de sobremesa dilapida este objetivo. No, no me ha gustado El mayordomo y me da rabia, especialmente porque el personaje en el que se inspira me resulta apasionante, así como todos los acontecimientos históricos que salpican la historia. La desconocida y apasionante figura del que fue mayordomo jefe de la Casa Blanca Cecil Gaines (Forest Whitaker), testigo de excepción del acaecimiento social y político de la segunda mitad del S.XX, se merecía una película mejor, una que la haga justicia. 

 

. Es una tradición que, nada más despegar la nueva temporada de los Oscar, surja esa película con un hambre voraz, indisimulado incluso, a galardones. Este año la protagonista de tan discutible hazaña ha sido El mayordomo (Lee Daniels, 2013), el nuevo trabajo del responsable de las fallidas El chico del periódico (2012) y la sobrevalorada Precious (2009). Pero centrémenos en la que hoy nos ocupa: el gran problema de El mayordomo es que quiere ser lo que no es. Pretende que nos creamos que es magna e inteligente cuando, en realidad, el intelecto brilla por su ausencia. Lucha por ser un espectáculo vivo y consistente, pero la realidad es que es una cinta inerte, falta de garra y de ingenio. Aspira a posicionarse en el más alto puesto de la escala de mejores películas del año, cuando su constante aroma a telefilm de sobremesa dilapida este objetivo. No, no me ha gustado El mayordomo y me da rabia, especialmente porque el personaje en el que se inspira me resulta apasionante, así como todos los acontecimientos históricos que salpican la historia. La desconocida y apasionante figura del que fue mayordomo jefe de la Casa Blanca Cecil Gaines (Forest Whitaker), testigo de excepción del acaecimiento social y político de la segunda mitad del S.XX, se merecía una película mejor, una que la haga justicia. 
Para narrar estas más de 3 décadas al servicio de los presidentes de Estados Unidos la película cuenta con una importante baza: un casting de secundarios entre los que se encuentra lo más granado del firmamento hollywoodiense y a los que, en el caso de los Presidentes, la cinta se esfuerza por asemejar lo máximo posible a la realidad. Jane Fonda, Robin Williams, John Cusack, Vanessa Redgrave son sólo algunos de ellos y todos, absolutamente todos, están correctos en sus papeles. El problema no es que estén desaprovechados en medio de una película estirada y estirada hasta la saciedad (recuerden su duración: 132 minutos), es que un excelente plantel de actores no salva de la hoguera una película cuya única virtud es prácticamente ésta. Ni las mejores interpretaciones del mundo podrían dignificar una película tan hueca, pedante y convencional como ésta. Plomiza y farragosa hasta la extenuación, lo que no puedo perdonar a El mayordomo es que pretenda dar gato por liebre. Que juegue a ser Criadas y señoras (Tate Taylor, 2011) que incluya importantes ramalazos a la -citada incluso- Adivina quién viene esta noche (Stanely Kramer, 1967) cuando dista años luz de ambas. Tampoco ayudan una inevitable sensación de déjà vu, a algo que visto mil veces. 

Pero su gran fallo, lo que ningún cinéfago puede dejar pasar por alto, es su desastroso trabajo de dirección. Torpe y obtuso hasta decir basta, no es que se esperase un gran trabajo del previsible Daniels detrás de la cámara, pero tampoco un resultado que rozase la vergüenza ajena. A la composición de los planos de primero de manual, se le suma el hecho de disimular tan mal que la acción se desarrolle realmente en el interior de la Casa Blanca, gracias a unos decorados con un sabor a cartón piedra de agárrate y no te menees y unos trucos de montaje que provocan risa más que otra cosa. Una prueba: comprobar cómo está resuelto a nivel de dirección la escena en la que Gaines se acerca por primera vez a la Casa Blanca después de que ésta contratarse sus servicios para trabajar. La transición entre el plano general del lugar y todos los inmediatamente sucesivos debería ser motivo más que justificado para levantarse de la butaca y abandonar el cine. Pero ahí seguimos. Y la cosa no mejora: progresivamente va acrecentándose su espíritu aleccionador, su aroma de panfleto didáctico en perpetua búsqueda de la trascendencia, enfrascado en la agotadora e incansable tarea de ocupar algún capítulo, alguna línea aunque sea, en los libros de historia del cine. Intentos, nada más. 

No, Daniels. No basta con recurrir a infinidad de prestigiosos actores -cuyos roles pocas veces escapan de la caricatura- ni a hechos tan trascendentales en la historia como el movimiento de los derechos civiles, la guerra de Vietman o las controvertidas vidas de John F. Kennedy y Martin Luther King para ganar premios. Con todo, El mayordomo se queda en el aprobado raspado por su matrimonio protagonista -ojo a Oprah Winfrey, la esposa alcohólica del mayordomo, que sorprende con un papelón-, una fotografía por encima de la media y alguna escena vivaz como la de la última cena en el hogar familiar, realmente conseguida. El resto es una constante falta de chispa, la falta de agallas por salirse de la senda tradicional, por ofrecer algo nuevo. Un mejunje, en definitiva, difícilmente justificable que en manos de otro director hubiese sido la película del año, y no lo que finalmente es: la más estrepitosa decepción. 

UNETE



Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

  • linkedin facebook twitter
  • ©reeditor.com
  • Todos los derechos reservados
  • Avisos Legales