Elysium

Existe una clara división entre ciudadanos de primera y segunda categoría. Por una parte se encuentran aquellos que tienen los recursos y el poder para acceder a lujos y beneficios tan importantes como es la salud de primer nivel. En contrapartida, están quienes no han tenido la suerte de nacer en una familia de alta alcurnia y deben subsistir a duras penas, soportando humillaciones y la sobreexplotación de quienes están al mando.

 

. Por una parte se encuentran aquellos que tienen los recursos y el poder para acceder a lujos y beneficios tan importantes como es la salud de primer nivel. En contrapartida, están quienes no han tenido la suerte de nacer en una familia de alta alcurnia y deben subsistir a duras penas, soportando humillaciones y la sobreexplotación de quienes están al mando.
No se trata de una crónica del Chile actual ni de un ejemplo de cómo funciona la economía de libre mercado.  Es la premisa de Elysium, la última película del director sudafricano Neill Blomkamp, el mismo que hace algunos años nos sorprendió con Distrito 9, otra crítica social maquillada de fábula de ciencia ficción. Con el filme, Blomkamp comienza a patentar un estilo visual y narrativo que lo catapultan como uno de los realizadores más interesantes del género en la década.

En Elysium nos muestra una sociedad fracturada, en que los barrios altos ya no están en sectores exclusivos, sino que derechamente fuera del planeta. Se trata de una estación espacial que tiene aire limpio, seguridad a toda prueba y cápsulas de salud capaces de curar cualquier enfermedad. Pero la vida no puede ser tan perfecta, ya que los ciudadanos del paraíso deben lidiar con los transbordadores que llevan a los ilegales provenientes de la Tierra. Uno de ellos, Max, que recibió una dosis letal de radiación, lleva en su cerebro un programa que podría significar el fin del paraíso.

La propuesta visual de Blomkamp sigue siendo notable. Muestra un futuro muy parecido al nuestro, solo que más agreste y peligroso. La pobreza se retrata de manera bastante cruda, así como la bonanza de los poderosos. Es una polarización que puede sonar extrema, pero para los objetivos narrativos del director funcionan a la perfección. Si bien esta película está en clave de blockbuster (a diferencia de Distrito 9), el realizador no renuncia a su crítica social. La discriminación y en esta caso el clasismo vuelven a aparecer en un discurso que se muestra coherente en todas sus  líneas.

Elysium reúne un elenco que cumple en general, liderado por un correcto Matt Damon en el protagónico. Jodie Foster se ve algo forzada en su rol de ministra de defensa, encargada de eliminar a los indeseables ilegales. Destaca especialmente Sharlto Copley, el antagonista de la historia, en una nueva colaboración con Blomkamp.

Lo más inquietante de Elysium es su correcta lectura del estatus quo actual y su proyección en el tiempo. Ese siempre ha sido el ejercicio creativo básico de la ciencia ficción. El futuro posible no siempre es tan optimista y brillante como el de Star Trek, sino que siendo realistas, es más cercano a las perturbadoras visiones de Ridley Scott (Blade Runner), Paul Verhoeven (Robocop) y ahora Blomkamp. Propuestas creativas que resaltan que en la belleza se puede ocultar el rostro más oscuro y desagradable de la conducta humana. Y de eso, hay mucho en Elysium.

Una película recomendable no solo para los seguidores del género, que se alza junto a Pacific Rim como los máximos exponentes de la ciencia ficción en esta temporada cinematográfica. También es una buena oportunidad de dar un vistazo a un director que viene en alza y que definitivamente promete.

 

UNETE



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