. Los vínculos que unen los episodios alejan al libro de las
habituales colecciones de cuentos.
Denuncia
de la condición de las clases trabajadoras y de la situación de
privilegio de la burguesía mediante siete historias contadas con varios
elementos comunes: la época (a los dieciocho años de la guerra civil),
el lugar (que bien puede ser Barcelona y sus alrededores, aunque no
siempre se precise), el ambiente (pobreza agraviada por las riquezas),
los personajes (los acomodados y los humildes con repetición de nombres
propios), la perspectiva (autor que ofrece el testimonio.
Una
docena de personajes que llevan el mismo nombre (aunque no sería
necesario que lo llevaran porque aun no relacionándose ni pareciéndose
coinciden en edad, en situación social y en actitud ante la vida) viven
condicionados por el ambiente sociopolítico. En todo ellos fluye algún
asunto que se explica desde el pasado y que luego se prolonga en algunas
circunstancias más sin que una situación definitiva cierre la historia.
En el primer capítulo, Víctor, que ha hecho la guerra,
vive solitario en una finca donde ha ido a pasar unos días. Lleva una
vida ociosa dedicada a la caza, los paseos y las charlas y que contrasta
con la actitud esforzada de quienes lo rodean. Suele
ir acompañado de la hija de la aparcera de la finca. Tiene ésta a su
marido en la cárcel y su anciano padre deja pasar estérilmente los días.
Víctor espera una carta que cuando llega está redactada con una sola
palabra, <>, que es la respuesta de su mujer, la que
tiene dinero. Su decepción se añade a la que ya siente como fracasado en
sus intentos de explotación de la finca o de acercamiento a los
campesinos del lugar. Su desencanto lo acerca al alcohol y a algunos
signos de violencia de los que más tarde se arrepiente. En el segundo capítulo,
don Augusto y doña Magdalena están a cargo de su nieto, un niño
retraído, silencioso y triste después del accidente de automóvil de sus
padres. La voluntad de los abuelos por hacerle la vida grata fracasa
constantemente, pues solo dejan ver sus desavenencias, sus egoístas
interpretaciones de la ternura y el afecto. En el tercer capítulo
y episodio aparece otro Víctor que también hizo la guerra, de vida
acomodada ahora, que en una noche de juerga con su amigo Nacho se
encuentra accidentalmente con Ciriaco, su asistente de entonces,
limpiabotas ahora, ex combatiente de Leningrado, ex presidiario y tísico
desahuciado en estos días que intenta ocultar sus miserias. El cuarto capítulo muestra
la miserable vida en un pisito suburbial de dos ancianos, Domingo y
Amelia, antiguos empleados del campo, jardinero él, sirvienta ella, y
ahora tristemente solos. Se ocupan en una huerta de flores. Amelia es
atropellada por un coche y él queda aun más solo y anulado. Es la otra
cara de los ricachones del capítulo segundo. El quinto capítulo enfrenta a dos familias rurales por
el amor de sus hijos. Tonio representa el progreso con respecto a las
tareas del campo; el padre de Dineta, la tradición, la independencia y
el apego a los medios tradicionales. El sexto capítulo ,
lo protagonizan la pareja formada por Ciriaco, que trabaja de peón y su
mujer, Claudina, que lo hace de lavandera, ambos emigrados murcianos.
Un día Ciriaco roba unas tubierías y su propio hijo, Bernardo delata
ingenuamente su paradero y es detenido. En el séptimo y último capítulo a
Alvarito todo le va bien: sus estudios, su ocio, su iniciación
universitaria y todas sus relaciones. Las
afueras son, o bien pudieran ser, los barrios periféricos o pueblos
cercanos a Barcelona, pero también el aislamiento, la marginación
personal (soledad) y social (diferencias de clase) de los esforzados
campesinos o de los que malviven en la ciudad. Los que viven en la
abundancia de bienes se representan, según indica Nora y Sanz
Villanueva, con personajes que se llaman don Augusto (terrateniente,
hombre de negocios o médico) o doña Magdalena (mujeres de los don
Augusto), pero tiene vacías las arcas de la moralidad; los hijos de esta
burguesía se llaman Víctor y tratan de acercarse al pobre, hicieron la
guerra y viven ahora su frustración y comparten generación con los
Ciriaco, que son obreros del campo o de los oficios callejeros
ciudadanos. Los niños sufren la injusticia de los mayores, aunque hay
un futuro halagüeño (y frivolón, como en el caso de Alvarito) ante
ellos. Para Nora, los relatos convergen en <>.Para
Valls, <>. El
autor no interviene en sus opiniones; cuenta con sucinto objetivismo y
se basa en los diálogos. El lenguaje es sobrio y fluido. Se ajusta así
al ambiente para reflejar la tensión y la impresionante templanza de
unos hechos y situaciones (muchas veces costumbristas) que apuntan hacia
una amplia gama de evocaciones.