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Que a nadie sorprenda que al gobierno federal poco o nada le
importe Quintana Roo, su lógica en ese sentido siempre ha sido la misma, una
población tan pequeña no tiene por qué tener privilegios que la diferencien de
las demás.
Los ejemplos están a la mano, la franquicia de compra del
visitante, el régimen de zona libre y de franja fronteriza, la diferencia en el
impuesto al valor agregado entre tantas otras, que en cada caso fueron medidas
para impulsar el desarrollo regional, pero que una a una han sido canceladas
sin que el objetivo se lograra cabalmente.
Mucho menos si su aportación electoral es tan ínfima en
comparación del contexto nacional, con todo y que los índices de crecimiento
poblacional son exponenciales, para el centro seguimos siendo el equivalente a
menos de una delegación del Distrito Federal.
Naturalmente eso cambio y radicalmente solo cuando el
Presidente Echeverría toma la determinación de crear Cancún como un polo de
desarrollo turístico, y volcó materialmente la fuerza del estado para lograrlo.
Claro que con el tiempo el apoyo oficial fue disminuyendo
para concentrarse únicamente en recoger las ganancias de su propia inversión y
mantener a Cancún, solo como una fuente de ingresos.
Si hoy en el proyecto de reforma hacendaria del gobierno
federal se pretende aumentar el impuesto al valor agregado cinco puntos a las
entidades fronterizas, esa no es una circunstancia para nada novedosa.
Habría que apuntar que de todas las aberraciones que se
incluyen en la propuesta de reforma, que por supuesto lesionan a todo el país, la
de aumentar el IVA es un golpe directo una vez más para toda la economía de
Quintana Roo.
Dese la creación del estado, que recientemente celebramos,
para el gobierno federal la entidad ha sido vista como una carga, excepto lo
apuntábamos hasta que su potencial turístico detono y se convirtió en un
magnifico filtro recaudatorio, además de la generación de divisas.
Pero eso no ha sido argumento suficiente para promover un
desarrollo integral que incluya a las demás regiones del estado, si bien se ha
mantenido una política asistencialista, el estado recibe muy poco a cambio de
lo que le aporta al país.
Porque si se considera que fue el propio gobierno federal
quien impulso decididamente la creación de Cancún, hoy pareciera que lo único
que le importa, es el número de visitantes que arriban y no la población que
habita en sus ciudades.
De eso se trata sostener el desarrollo, de mantener un
equilibrio ante un crecimiento que se sabía sucedería como consecuencia lógica
de la magnitud del proyecto.
Bajo esa lógica en cualquier proyección financiera seria, se
invierte en lo que reditúa, lamentablemente para Luis Videgaray y su equipo lo
único importante es conseguir más dinero de donde sea, aun y cuando eso ponga
en riesgo las propias fuentes de ingreso.
Homologar el impuesto al valor agregado en Quintana Roo al
diez y seis por ciento además del golpe
que por sí solo ocasiona, tendrá consecuencias funestas para nuestra economía
local, no solo para la de las zonas turísticas que de alguna manera gozan del
flujo que generan los turistas.
Las otras regiones experimentaran un aumento de precios que
impulsara altísimos niveles de pobreza, habrá desempleo y el comercio
materialmente será un asunto de simple subsistencia.
Dada la situación financiera del propio gobierno local, las
inversiones tendrán que enfocarse en los segmentos básicos, lo cual por
añadidura cancela la posibilidad de dirigirlas en infraestructura para el
desarrollo.
Porque si bien es cierto que el motor de nuestra economía es
el turismo, Quintana Roo posee un enorme
potencial de desarrollo en otras actividades que al gobierno federal nunca le
interesado explorar.
Simplemente hablando de turismo, todos localmente podríamos
coincidir en la innumerable lista de
cosas que se han dejado de hacer o que de plano, no se han querido llevar a
cabo para ya no fortalecer la actividad, sino al menos mantenerla.
Por ello no puede escapar a la memoria, que con motivo de
una visita que realizamos quienes en esa época éramos directivos de la Cámara
de Comercio de Chetumal al Presidente Salinas de Gortari, por gestión del
Gobernador Miguel Borge, para plantear más o menos lo mismo de lo que ahora
también nos afecta, el Presidente nos enviara con sus Secretarios de Hacienda y
Comercio.
El de Hacienda era Pedro Aspe, maestro y mentor de Luis
Videgaray de tal suerte que no es difícil imaginar que la percepción hacia
Quintana Roo de quien fue y de quien ahora es el encargado de las finanzas
nacionales, sea la misma.
Lo que nos lleva a recordar la inolvidable frase pronunciada
por el Ingeniero Manuel Conde en alguna de esas reuniones, “Quintana Roo no
solo está a diez mil kilómetros de
distancia del centro, lo está también del corazón del gobierno”
O la respuesta que nos diera en su momento Herminio Blanco
en ese período subsecretario de comercio internacional de la extinta Secofi que
dirigía Jaime Serra Puche. “ya vieron a su Gobernador, ya vieron al Presidente,
aprovechen que está por venir a México el Papa Juan Pablo II a ver si el si les
hace un milagro”
Tal y como apuntábamos al principio, los años pasan, los
funcionarios cambian, incluso experimentamos la alternancia en el poder, pero
las situaciones, en la consideración de sus características particulares y de
cada ocasión, siguen siendo las mismas.
Quintana Roo como decía don Manuel Conde esta a diez mil
kilómetros del corazón del gobierno federal, particularmente del de Luis
Videgaray, a quien su propuesta de reforma hacendaria y de desarrollo social
como el mismo la bautizo, lo exhibe irremediablemente como un ávido recaudador
y no como el hombre de estado que la publicidad oficial quiso establecer.
La agenda legislativa sigue su curso y seguramente gran
parte de la iniciativa tendrá modificaciones, sin embargo el rubro de la
homologación del impuesto al valor agregado, no está siendo considerado como
uno de los más importantes.
De tal suerte que de seguir así las cosas, Quintana Roo
seguirá siendo castigado, por la lejanía, la ceguera y la soberbia central.
twitter@vazquezhandall