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Si bien es cierto
que los estudiantes de las diversas instituciones de nuestro país, son eje del
desarrollo y política del futuro país que estará en sus manos, también es
cierto que no solamente en las aulas se han acumulado para enseñarle a este país
año con año lo que una fecha importante representa en las conciencias jóvenes,
recordarles el temor que ha tenido la sociedad y la indiferencia que hubo en su
momento cuando el movimiento del 68 fue acallado por las políticas del entonces
presidente Gustavo Días Ordaz y el ex secretario de gobernación Luis Echeverría,
mismos movimiento que fue olvidado bajo la sombra de unas olimpiadas de la paz
en una Ciudad Universitaria manchada de sangre, en una sociedad destruida y en un
país envuelto de lagrimas de madres buscando a sus hijos perdidos, pero eso al
parecer no fue tan importante.
Si bien muchas
veces se ha repasado el suceso como hecho histórico, es momento de verlo como
un hecho social que ha manchado aun más de sangre las páginas de la
historia nacional, de un movimiento que en su momento fue un impulso de algo
que al final se acallo, se vendió y finalmente se enterró y que hoy en día se
desentierra para entrar en el deber de crecer bajo la capa del pasado y
recuperar los errores y remediarlos en el futuro.
Es momento de analizar el 68 como un hecho que ha estado
grabado en la conciencia y en el actuar de los jóvenes estudiantes a través de
muchas generaciones que han ocupado las filas de las hoy tan prestigiadas
universidades de nuestro país, de sus tradiciones y de su actuar día con día.
Sin duda alguna, muchos de los dirigentes y seguidores en su
momento seguidores del movimiento, han traicionado y vendido sus ideales a
partidos políticos baratos y manipulados de las cúpulas de poder o a los mas
codiciosos intereses políticos y empresariales de las instituciones que juraron
terminar, también es cierto que muchos lograron desarrollarse en la base de la
conciencia social, del actuar social y de las estructuras basadas en la
justicia a los que no pudieron hacer nada, porque hoy yacen en el universo de
las tumbas anónimas que dejo el 68, de los fragmentos que hoy conforman nuestra
historia y de los pensamientos de los que hoy ocupan su lugar.
Pero centrémonos en que es lo que ha cambiado desde entonces,
al parecer no ha cambiado nada, un cuerpo de granaderos totalmente brutal, un
congreso manchado de sangre aplaudiendo a políticas que han dañado y dañaran día
con día a la sociedad, representantes temerosos entre las faldas de las cúpulas
de poder, una sarta de mentiras y una clase política desbaratándose bajo el
yugo de su actuar cotidiano, eso es lo que podría definir al 68, pero entonces ¿Qué
podemos decir que ha cambiado?
Nombres es lo que han cambiado, lugares y personas, pero la
esencia sigue siendo la misma, lo cierto es que como país seguimos hundidos en
esa realidad, en esta realidad que sin lugar a dudas sigue lastimando a
nuestras clases sociales, que sigue limitando las conciencias y que sigue
haciendo ecos pequeños y prácticamente mudos de la realidad de nuestro país.
Pero entonces vayamos a acciones concretas, la represión, el
cuerpo de granaderos, el brutal actuar del gobierno, las políticas aun
deficientes, la democracia y la realidad social, son argumentos que se desmoronan
junto con la credibilidad de los actores políticos, son verdades que se repiten
una y otra vez en México y que hoy los jóvenes de instituciones públicas y
privadas de nuestro país han vuelto a retomar.
Alumnos de la UNAM, del IPN, la UAM y otras universidades e instituciones
de educación de nuestro país, se han manifestado con furor en sus palabras, con
hechos concretos, sin embargo otros bloques de personajes actuales como lo es
hoy la CNTE y algunos sindicatos han hecho eco en palabras repetidas que hoy se
recuerdan, sin duda alguna también se han hecho presentes los actores menos
populares como los grupos de choque, pero también como la represión, como el libertinaje
de las autoridades y la sordera de los dirigentes políticos que han sido títeres
y que se les ha olvidado que fue el pueblo el que los puso allí.
Eso es lo que ha pasado desde incluso antes de 1968, una
historia que se ha repetido varias veces como en 1971 y en 1999, que ha sido recuerdo
de la UNAM a través de sus diferentes luchas y huelgas, que ha sido también actuar
del Politécnico a través de sus reclamos y su sagacidad, que también ha marcado
la historia de la Normal de maestros con su sangrienta historia y de muchas más
que han sido protagonistas desde entonces del actuar común y que hoy esta ha
sido su realidad.
México sin duda alguna aun está a tiempo de cambiar su
realidad, puede cambiar desde su juventud, si somos sinceros algunos de los
profesores y catedráticos, pero también personajes y ciudadanos adultos de
nuestro país han forjado la historia con decisión y sabiduría, algunos otros
con aparente odio a la patria, enterrando las ideas que un día nos dieron
patria y libertad, pero sin embargo con un pensamiento ya existente, ya creado
y forjado bajo su esencia. Es la sociedad joven la que no ha terminado de
conformar su pensamiento, el futuro y el presente del país y que aun puede
convergir en la base de la unión y de la fuerza que representa para en base a
la necesidad de la sociedad y en apego a su lucha consecuente y en apego al
derecho conformen una condición de país que sinceramente hoy ha desaparecido.
México ha sido cuna y cumbre de muchos grandes personajes,
hombres y mujeres que dieron su vida por este país que hoy tenemos, hombres y
mujeres que lucharon encarnizadamente por la soberanía y patria, personajes
literarios, poetas, escritores, políticos, profesores, entre otras más figuras
que han llevado a nuestro país a un nivel cumbre del desarrollo y la cultura,
pero también de la lucha y de la justicia, personajes que han sido grabados en
las paginas doradas de la historia y hoy es turno de las nuevas generaciones de
crear y marcar su propia historia en esas páginas.
México puede empezar su cambio bajo convicciones, bajo esas
ideas que en el 68 se habrían de acallar, bajo las ideas de libertad que
cubrieron Tlatelolco con sangre, sobre las tumbas anónimas de jóvenes que
regalaron su vida a manos de las clases represoras representantes de las cúpulas
políticas, pero sobre todo bajo el resguardo de la lucha que comenzó y que
nunca ha terminado.