. La figura fue creada con la
finalidad de complicar la vida política de México en su máxima expresión. La
mayoría de los senadores que hemos tenido solo han sido útiles para llenar las páginas
de negocios de los periódicos y las secciones financieras de la radio. De unos
cuantos pasaron a ser un montón. Demasiados diría la prole. 128 haraganes que
dormitan en sillones ajenos de piel para que no le salgan almorranas, pues la
mayoría de ellos llega a estos niveles ya en edad de usar pañales desechables
por aquellos de las sorpresas.
Algún imbécil de la
política del pasado invento esta figura que solo le importa a los estudiosos
del tema legislativo, a los demás siento que les vale madres y por demás decir
que ni sus nombres conocen pues llegan al palacio del senado sin ser elegidos y
también después de haber perdido las elecciones. Senadores de minorías.
Hace poco sucedió un
fenómeno por demás curioso con 3 buitres senadores dirigidos por un hombre con
nombre de postín; don Diego Fernández de Cevallos, leguleyo adinerado,
“secuestrado” por negocio no por ideales, dirigiendo a dos lacayos de la oposición
en ese entonces: un tal chucho Ortega de la izquierda light y un cantinero de
apellido ingles pero muy chafa, un tal Jackson de varios colores muy socorridos.
Este trio de insensatos decide por mayoría que don Diego, adorador del dinero a
madres y de mujeres jóvenes con seguridad de centavos, que el senado requiere
de otra sede y debe dejar de pagar renta como lo hacía hasta entonces. Comprar a
web para joder.
Empieza el negocio
en lo oscurito. Crear una comisión, un fideicomiso y todo aquello que implique
confusión para que el respetable no sepa nunca de donde procede el chingadazo.
Vaya que lo dieron. Algunos senadores se dieron cuenta y en lugar de denunciar
como lo hicieron unos contados, le entraron al pastel que se estaba cocinando.
Lo primero era el terreno. Buscar un lugar discreto donde estas panderetas se
juntaran a decir sandeces y esperar órdenes del macizo en turno.
El palacio fue en
insurgentes y reforma donde había un terreno olvidado, discreto, inundado,
pésimo donde nunca una manifestación o protesta iba a truncar las sesudas
sesiones de estos cretinos por el bien de la nación y su prole. Esta gente de
arriba se colude con el propietario y viene un sobre precio al inmueble, el
cual pone de por vida a un nuevo rico en escena, gracias a la voracidad de don
Diego y sus compinches.
Viene el proyecto y
luego la obra. Se nota que contrataron a un filósofo mafufo y un economista
mechudo, pues el hotel de paso galante quedo de la Chingada, Ver. Y no solo eso,
sino que ahora súmele que jamás hubo investigación alguna de los desvíos por
tapadores que les untaron la mano o sea senadores que se fueron a los que
llegaron, las protestas de los maestros justas o no, pero que le dan en la
madre a la gente y a la ciudad. Los turistas se van con una pésima impresión de
estos actos.
Ser senador tiene
su precio y todos tienen precio. Salvo senadores distinguidos, respetables con
valores bien cimentados, incapaces de hacer negocios turbios con el dinero de
la nación. Ha habido muy pocos en la historia pero los ha habido.
Desgraciadamente la mayoría solo ve sus intereses, luego los del partido y por
default los del pueblo, que único error es haber votado por sinvergüenzas y a
veces sin votar.